El Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) no para. Mientras la obra terrestre del oleoducto ya superó el 62% de avance con más de 2.700 trabajadores activos sobre los 437 kilómetros de traza entre Allen y Punta Colorada, la etapa offshore del proyecto entra en su fase más compleja y, quizás, la más impactante visualmente: la construcción del ducto submarino que conectará el sistema con las monoboyas de exportación en el Golfo San Matías.
El puerto de San Antonio Este espera 721 tubos de acero —658 de ellos revestidos en hormigón—, fabricados por SIAT/Tenaris y Socotherm, que zarparon desde Dock Sud y que completarán su descarga y acopio en el puerto rionegrino. Desde allí, dos embarcaciones menores serán las encargadas de trasladarlos hasta la zona de trabajo en Punta Colorada, donde se tenderá el ducto marino.
Pero los tubos no viajan solos. En el puerto de San Antonio Este ya se encuentra también el material para el armado de un combi float: una estructura offshore de cuatro patas que operará como soporte y punto de vinculación entre el buque Seminole —el vessel encargado de la construcción del ducto a bordo— y el túnel submarino. Una pieza de ingeniería que no tiene antecedentes en la costa atlántica argentina.
Lo que se construye en el fondo del Golfo San Matías es el eslabón final de una cadena que arranca en los yacimientos no convencionales de la cuenca neuquina. El ducto submarino alimentará las monoboyas offshore de Punta Colorada, estructuras diseñadas para operar con buques petroleros tipo VLCC —Very Large Crude Carriers— capaces de cargar el crudo de Vaca Muerta con destino directo a los mercados internacionales. Para fijar esas monoboyas al lecho marino, el proyecto ya desplegó 12 anclas offshore de aproximadamente 43 toneladas cada una, unidas por cadenas de unos 400 metros de longitud: un operativo submarino sin precedentes en la historia energética argentina.

El VMOS, impulsado por un consorcio que integran YPF, Vista, Pan American Energy, Pampa Energía, Chevron, Shell, Tecpetrol y Pluspetrol, con una inversión total que ronda los 3.000 millones de dólares, está diseñado para operar inicialmente con una capacidad de 190.000 barriles diarios, escalando a 390.000 en 2027 y con un techo de 550.000 para 2028. Las primeras exportaciones están previstas para diciembre de este año.
Cada cargamento que llega a San Antonio Este, cada soldadura, cada ancla en el fondo del golfo, es un paso más hacia ese objetivo. El cronograma aprieta. La obra responde.







