Puerto Quequén es un puerto granelero. Durante décadas, su actividad giró casi exclusivamente en torno a la exportación de granos y subproductos del complejo agroindustrial bonaerense. Esta semana, algo cambió. El buque Skandi Hera amarró en el giro 10 del puerto para iniciar la carga de 700 toneladas de anclas y cadenas destinadas a la terminal offshore de Punta Colorada, en Río Negro. Es la primera operación de este puerto vinculada al Vaca Muerta Oil Sur y, según destacan en el sector, una jornada histórica para la terminal bonaerense.
La carga que embarca el Skandi Hera no es cualquier mercadería. Las anclas y cadenas que zarpan desde Quequén forman parte del sistema de amarre que utilizarán las monoboyas offshore previstas para la terminal de exportación del VMOS en la costa rionegrina. Esas estructuras son las que permitirán que grandes buques tanque operen en mar abierto para cargar el crudo de Vaca Muerta con destino a los mercados internacionales. Sin ese sistema de amarre, la terminal no puede funcionar.
Qué son las monoboyas y por qué importan
Las monoboyas offshore son puntos de amarre flotantes instalados en aguas profundas que permiten a los buques tanque de gran porte conectarse a un sistema de tuberías submarinas para cargar o descargar hidrocarburos sin necesidad de ingresar a un puerto convencional. Es la tecnología estándar para terminales de exportación de crudo a escala mundial y la que eligió el VMOS para su operación en el Golfo San Matías.

El sistema previsto para Punta Colorada incluye cadenas de hasta 400 metros de longitud y anclas de dimensiones extraordinarias, diseñadas para resistir las condiciones climáticas del Atlántico sur patagónico y sostener buques de hasta 320 metros de eslora cargados con crudo de la cuenca neuquina. La complejidad técnica de la operación que inició en Quequén da una idea de la escala de lo que viene: no se trata de equipamiento estándar sino de componentes de ingeniería pesada con alta exigencia operativa.
El VMOS en su recta final
La operación en Quequén llega en un momento en que el VMOS avanza a ritmo sostenido sobre su cronograma. El oleoducto, con una extensión de 437 kilómetros entre la cuenca neuquina y Punta Colorada, ya supera el 62% de ejecución con más de 2.700 trabajadores activos en la traza. Las primeras exportaciones están previstas para diciembre de 2026, cuando el sistema comenzará a operar con una capacidad inicial de 190.000 barriles diarios, escalando a 390.000 en 2027 y con un techo de 550.000 para 2028.
La terminal offshore es el eslabón final de esa cadena. Cuando esté operativa, sumará una segunda vía de salida exportadora al crudo de Vaca Muerta, complementando la capacidad ya existente en Puerto Rosales, en la bahía de Bahía Blanca. Para Argentina, que proyecta multiplicar sus exportaciones de crudo en los próximos años, contar con dos terminales de escala en la costa atlántica es una condición operativa indispensable.

Un puerto que amplía su perfil
Para Puerto Quequén, la operación del Skandi Hera no es solo una carga más. Es el primer paso de una diversificación que el puerto viene buscando. Las cargas de proyecto, la logística pesada y los servicios especializados para la industria energética representan una oportunidad concreta para una terminal que históricamente dependió del ritmo de las cosechas y de los precios de los commodities agrícolas.
Lo que el VMOS está haciendo, en definitiva, es exactamente lo que McKinsey describió en su informe de mayo: extender el impacto de Vaca Muerta más allá de la cuenca neuquina, integrando nuevos eslabones logísticos, portuarios e industriales a una cadena de valor que ya no termina en los yacimientos de la Patagonia sino en los mercados que consumen energía en el otro extremo del mundo.







