Horacio Marín no suele quedarse corto en sus proyecciones, pero lo que dijo ante la Bolsa de Comercio de Córdoba esta semana va más allá de cualquier declaración anterior sobre el futuro energético de la Argentina. El presidente de YPF afirmó que el desarrollo petrolero offshore en el Atlántico Sur tiene un potencial que estiman superior al de Vaca Muerta, y que si las perforaciones exploratorias confirman las hipótesis geológicas, el país podría estar ante "millones y millones de barriles de producción."
La apuesta no es abstracta. La firma de bandera nacional tiene adjudicado un bloque en el mar de Uruguay donde la italiana Eni se asoció como socia estratégica junto a Apache, y las primeras operaciones exploratorias están previstas para fines de 2027 o principios de 2028. "Si tengo que jugar una ficha, la juego y la vamos a jugar con Eni. Creo que a fines de 2027 o principios de 2028 iremos en el offshore de Uruguay y, si da bien, venimos a la Argentina", dijo Marín.
La correlación con Namibia
El fundamento geológico detrás del optimismo de Marín tiene un nombre concreto: Namibia. Los hallazgos masivos de petróleo en las costas del África occidental en los últimos años confirmaron la existencia de enormes reservas en formaciones geológicas del Atlántico Sur que comparten características con las que se encuentran frente a las costas de Uruguay y Argentina. La correlación entre ambas márgenes del océano es la hipótesis central que guía la exploración, y Eni -una de las empresas que más activamente trabajó en los bloques namibianos- es el socio que YPF eligió para probarla en el Atlántico americano.
La estrategia es ir de menos a más. Uruguay primero, con una inversión y un riesgo acotados, para validar la geología en un área donde los datos disponibles son más maduros. Si los resultados acompañan, el modelo se replica en el territorio argentino, donde los bloques offshore tienen una superficie mucho mayor y, potencialmente, un inventario de recursos que podría redefinir la posición de la Argentina en el mapa energético global.

130.000 millones de dólares en cinco años
El offshore es la apuesta de largo plazo, pero Marín también presentó en Córdoba los números que definen el presente y el horizonte inmediato de la firma que lidera. El desarrollo del negocio de petróleo y gas podría movilizar alrededor de 130.000 millones de dólares entre 2026 y 2031, un volumen que el ejecutivo puso en perspectiva con una comparación que no dejó lugar a dudas sobre la escala: el promedio anual previsto equivale a la inversión que realiza la empresa más grande del mundo distribuida en 150 países, pero concentrada en Vaca Muerta.
Neuquén seguirá siendo el epicentro de esa inversión, aunque el ritmo de expansión dependerá tanto de la construcción de infraestructura como de la evolución del precio internacional del crudo. Con 38 equipos de perforación activos, el récord de etapas de fractura de junio -2.760 solo en shale- y el VMOS en camino para conectar la cuenca con el mar, la base sobre la que se proyecta ese número está más sólida que nunca.
El empleo que viene
Las proyecciones de empleo que Marín presentó en Córdoba tienen una escala que excede a la industria petrolera en sentido estricto. Unas 40.000 personas se incorporarán a actividades directamente relacionadas con la producción de petróleo y gas, a las que se sumarán otros 50.000 puestos vinculados a la infraestructura que ese crecimiento demanda: ductos, instalaciones energéticas y desarrollos logísticos. El total proyectado hacia 2029 ronda los 90.000 nuevos empleos, una cifra que ya habíamos mencionado en esta nota anterior y que Marín volvió a ratificar.

Para sostener ese crecimiento, la compañía aceleró su plan de capacitación. El Instituto Vaca Muerta, creado con el objetivo de formar 15.000 operarios en cinco años a razón de 3.000 por año, ya tiene 545 alumnos activos y 145 egresados desde que arrancaron las clases en marzo. "Vamos a necesitar capacitar a 15.000 operarios para la industria petrolera en los próximos cinco años", reafirmó el CEO, insistiendo en que la formación no es solo una necesidad operativa sino también un factor de eficiencia.
La cultura que llevó dos años y medio
En el balance interno de la gestión, Marín mencionó algo que no suele aparecer en los informes de inversión pero que él considera tan importante como los números: el cambio cultural dentro de YPF. "En Argentina cuesta trabajar de manera colaborativa, pero en YPF lo conseguimos", afirmó, y atribuyó ese proceso a dos años y medio de trabajo sostenido sobre conceptos como la meritocracia, la excelencia operacional y lo que llama la cultura de la "milla extra". Las acciones de la compañía acumulan una revalorización superior al 200% desde el inicio de la actual administración, un dato que el mercado lee como señal de que algo cambió adentro.







