Paola Lagos no tenía experiencia en el transporte cuando decidió que quería manejar en el VMOS. Tenía experiencia en administración, un rubro completamente diferente, y una convicción que no necesitaba demasiadas palabras para explicarse: quería probar algo nuevo, algo más amplio, algo que representara un desafío real. Lo que no sabía con certeza era cómo iba a recibirla un mundo que hasta ese momento no había tenido mujeres al volante.
La respuesta llegó antes de lo que esperaba. "Me he sentido muy acompañada, bienvenida para hacer un rubro muy masculino. Somos las primeras conductoras dentro del VMOS y el recibimiento fue muy placentero", dice hoy, y la frase no suena a protocolo sino a alivio genuino. En el VMOS trabajan cientos de personas que diariamente necesitan trasladarse entre los distintos puntos de la obra más grande de la historia de Río Negro.
Un cambio que no fue fácil de tomar
Cambiar de carrera nunca es simple. Pero cambiar de administración a transporte en el contexto de un proyecto de 3.000 millones de dólares, en una zona costera que hasta hace pocos años no tenía actividad industrial de esa escala, implica una decisión que no se toma a la ligera.
Paola la tomó de todas formas. "En mi caso es una cuestión personal, un desafío. Me dedicaba a la administración anteriormente y decidí apostar a algo diferente", explica. La elección del transporte no fue al azar: vio en ese rubro una dimensión que otros no tenían, una apertura que le resultó atractiva precisamente porque nadie le había marcado el camino. "Opté por este rubro porque es mucho más amplio. Para nosotras, como mujeres, vivirlo es otra cosa”.

Esa última frase dice más de lo que parece. Vivir algo que pocas de tu género había vivido antes en ese contexto específico tiene un sabor que no es fácil de describir pero que Paola reconoce sin dudar. No es solo un trabajo nuevo. Es abrir una puerta que estaba cerrada, ocupar un espacio que el sistema había reservado para otros sin que nadie lo decidiera explícitamente.
Las capacitaciones que habilitan el acceso
Para llegar al volante del VMOS no alcanza con querer. El proyecto opera con estándares técnicos y de seguridad que requieren certificaciones específicas, y el proceso de incorporación incluye una serie de capacitaciones obligatorias que todos los trabajadores de las empresas contratadas deben completar antes de operar dentro del área.
"Para ingresar dentro de lo que sería el proyecto te capacitan, hay varias capacitaciones que se realizan para poder pertenecer al rubro, a la empresa", explica la mujer. Esas instancias de formación no son un trámite menor sino el filtro que garantiza que cada persona que opera dentro del VMOS tenga el entrenamiento necesario para hacerlo con seguridad, algo que en un proyecto offshore con equipamiento de escala internacional y decenas de operaciones simultáneas no admite improvisación.

Para Paola, ese proceso de formación fue también el espacio donde terminó de confirmar que había tomado la decisión correcta. Las capacitaciones no solo le dieron las habilitaciones técnicas necesarias sino también la confianza para pararse en un lugar nuevo sin sentir que llegaba sin herramientas.
Lo que encontró del otro lado
La sorpresa, si es que hubo una, fue positiva. "El cambio ha sido positivo, personalmente y profesionalmente ha sido bastante bueno porque es mucho más de lo que uno esperaba, sobre todo por lo que es el proyecto y el ambiente laboral", dice Paola, y en esa frase hay dos cosas distintas que vale la pena separar.
Por un lado, el proyecto en sí. El VMOS es una obra que con más del 70% de avance global apunta a su primera exportación de crudo en marzo de 2027. Una terminal marítima en Punta Colorada con seis tanques de almacenamiento, un ducto submarino en construcción en el fondo del Golfo San Matías, las monoboyas que ya llegaron a la costa rionegrina. Para alguien que llega desde la administración de una empresa de servicios, entrar como parte operativa de ese ecosistema tiene una escala que no se termina de procesar de inmediato.

Por el otro, el ambiente laboral. En un rubro históricamente masculino, donde las mujeres son todavía excepciones más que regla, el tono en el que Paola describe su recepción habla de algo que no siempre está garantizado: una cultura de trabajo que no hizo de su presencia un problema sino una novedad bien recibida. "Me sentí muy acompañada", repite.
El camino que las que vienen van a encontrar más fácil
Ella no es la única conductora, pero es una de las primeras. Eso tiene un peso que va más allá de su historia individual. Cada mujer que ocupa un espacio en un rubro donde antes no había mujeres le hace el camino un poco más ancho a las que vienen después. No porque la resistencia desaparezca de golpe, sino porque la presencia sostenida va normalizando lo que antes parecía una excepción.
En el VMOS, como en la mayoría de los proyectos energéticos de la Patagonia, la conversación sobre la incorporación de mujeres en roles operativos y técnicos está abierta y avanzando, aunque de manera desigual. Las conductoras, las operadoras de campo, las ingenieras que trabajan en los yacimientos van siendo cada vez más, aunque todavía sean menos de lo que deberían.
Paola eligió el camino más difícil cuando podría haber seguido en administración. Lo eligió por una cuestión personal, como ella misma dice, y esa honestidad sobre el origen de la decisión es también parte de la historia. No vino a demostrar nada. Vino a manejar. Y resultó ser una de las primeras en hacerlo en el proyecto más importante de la historia de Río Negro.







