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VacaMuerta.ar Historias Debidas

El después de Malvinas en el petróleo

Eva Murati por Eva Murati
15 de junio de 2025
en Historias Debidas
5 minutos de lectura
Francisco Sánchez, ex combatiente de Malvinas

Francisco Sánchez, ex combatiente de Malvinas

La vida de Francisco, ex combatiente de Malvinas, maquinista naval, mecánico de flota pesada en el rubro petrolero y actual secretario del Centro de Veteranos de Guerra Malvinas Argentinas de Neuquén, teje un relato que entrelaza la historia reciente del país con el pulso de la provincia. Su testimonio, marcado por la experiencia de la guerra, la adaptación a la vida civil y una prolífica carrera en la industria del petróleo, ofrece una perspectiva única sobre el valor, la resiliencia y la profunda conexión de los veteranos con su tierra. Desde los desafíos del combate en el Atlántico Sur hasta el desarrollo de Vaca Muerta, la historia de Francisco Andrés Sánchez ilumina el camino de una generación que forjó su destino en momentos cruciales, dejando una huella imborrable.

De San Juan a la Armada: un joven neuquino en Malvinas

Nacido en Media Agua, San Juan, en 1962, Francisco se estableció en Neuquén a los seis años, donde cursó la primaria y parte de la secundaria. Su vocación temprana lo llevó a la Marina en 1978, donde se formó como maquinista naval durante tres años. Tras cumplir su contrato a fines de 1983, regresó definitivamente a la provincia. La guerra de Malvinas lo encontró como tripulante del aviso ARA Comodoro Somellera, un buque de la Armada. El 13 de abril de 1982, su unidad zarpó para el conflicto, volviendo el 16 de junio.

ARA Comodoro Somellera

El primer puerto que tocó el aviso fue Puerto Deseado, donde instalaron un equipo de radiofaro para las operaciones con aviones que partían del continente, una tarea que compartía con el aviso ARA Alférez Sobral. A fines de abril, su buque ingresó al Teatro de Operaciones. El 1 de mayo, tras el inicio del bautismo de fuego, su unidad recibió la misión de rescatar a pilotos de aviones Canberra, que se eyectaron. El destino, sin embargo, desvió la misión: Sobral acudió al lugar del rescate y sufrió un ataque brutal por parte de helicópteros ingleses. El puente de comando del buque quedó destruido y ocho de sus tripulantes perdieron la vida en la madrugada del 3 de mayo.

A pesar de la tragedia, el aviso de Sánchez, junto a otras dos unidades similares, continuó con su misión hasta el 31 de mayo, navegando por más de 35 días con víveres para una semana. "Tuvimos sobrevuelos de helicópteros enemigos, y bueno, 65 días de guerra", relata. Su tripulación, de 55 personas, incluía a 49 marinos y seis buzos embarcados específicamente para la guerra.

La tensión en alta mar y el rol clave del maquinista

El trabajo de Francisco y sus compañeros a bordo del aviso ARA Comodoro Somellera consistía en operar con los aviones que salían del continente para el ataque, orientándolos tanto en el trayecto de ida como en el de vuelta. El equipo de radio baliza que poseían, no solo servía para la comunicación con las fuerzas propias, sino también para detectar naves enemigas. "Se detectó una comunicación de una fragata inglesa, la cual se transmitió al comando, y la Fuerza Aérea va a ese lugar y la hunde", recuerda Francisco.

La información, vital en un escenario de guerra, se compartía exclusivamente con el comando a través de códigos, manteniendo un estricto "silencio de radio" para evitar ser detectados. A sus 20 años, Francisco dimensionó la crudeza de la guerra cuando las alarmas se volvieron reales. "No lo dimensionás hasta que te toca, suena la alarma, o el toque, como se llama el toque, de puestos de combate", explica. Estos ejercicios constantes, diseñados para reducir el tiempo de respuesta, se transformaron en una realidad cuando recibieron la orden: "A partir de este momento no son más ejercicios, los próximos toques son reales", les informaron.

Un incidente particularmente tenso ocurrió cuando un avión se acercó a su posición. La tripulación, en medio de la confusión, dudaba si era un ejercicio o la realidad. Finalmente, resultó ser un avión propio que venía escapando, evadiendo por poco un fuego amigo. "Ahí nos cambió el ánimo, el espíritu, todo", confiesa. Esta experiencia los conectó con la realidad de la guerra y la pérdida de compañeros.

Su puesto de combate fue en el comedor, donde operaba teléfonos con un sistema de cableado para transmitir las órdenes del comando a la sala de máquinas. Su función, fundamental para el movimiento y operación del buque, no permitía discusión, solo acato y ejecución. "Yo escuchaba que a la cuenta de tres iba a haber fuego y yo no decía nada", relata, recordando la angustia del momento.

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El regreso y una nueva vida en Neuquén

El regreso de Malvinas estuvo marcado por el alivio del fin del conflicto, pero también por la profunda tristeza de la pérdida de compañeros. El 2 de mayo, el hundimiento del crucero General Belgrano se cobró 323 vidas, entre ellas la de Tulio Lacroix, un vecino de Neuquén y amigo de Francisco, con quien compartía barrio y escuela. La desmalvinización, un proceso doloroso, comenzó dentro de la propia fuerza, donde se acusaba a los combatientes argentinos de “haber perdido”. El mecánico finalizó su contrato en diciembre de 1983 y regresó a Neuquén, donde lo esperaban su familia y la famosa nevada del ‘82. "No nos recibió nadie, solamente la familia", rememora, destacando el apoyo incondicional de los suyos y un tiempo de introspección para procesar lo vivido.

Su pasión por la mecánica, cultivada desde chico, lo llevó a trabajar en una empresa de transporte de equipo petrolero, Transportes Bianchi, por recomendación de un amigo. Allí reparó máquinas, grúas y camiones. Luego, pasó cinco años en Macrosa Caterpillar, atendiendo equipos de petroleras como YPF y otras empresas del sector. Tras esa etapa, regresó a Bianchi como jefe de taller por otros cinco años. "Trabajé del 84 hasta el 96 como empleado, y después me hice autónomo", explica Francisco. Hoy, con 63 años y a punto de jubilarse, mantiene su taller en el Parque Industrial de Neuquén, dedicado a la reparación de maquinaria pesada vinculada al rubro petrolero y vial.

Desde 1998, Francisco participa activamente en el Centro de Veteranos de Guerra Malvinas Argentinas de Neuquén, ocupando cargos directivos y llegando a ser presidente por nueve años, y ahora secretario. Su compromiso con el centro surgió de la necesidad de contención y el conocimiento de la trágica cifra de suicidios entre los ex combatientes, casi igual al número de caídos en combate. Su historia, como la de tantos otros, es un testimonio vivo del sacrificio, la resiliencia y el espíritu inquebrantable de los héroes de Malvinas, que continúan su lucha diaria en el corazón de Neuquén y en la memoria colectiva del país.

Centro de Veteranos de Guerra Malvinas Argentinas de Neuquén
Etiquetas: Guerra de MalvinasNeuquénPetróleovaca muerta

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