“Te tengo una primicia, me llamaron de Anses para llevar el cese laboral”, fue la frase que dio inicio a la conversación con Verónica Cabrera, mamá de cuatro hijos, abuela de siete nietos y trabajadora petrolera, de las pioneras en Vaca Muerta. Un momento de mucha felicidad y satisfacción para ella, no solo por lo que significa la jubilación para una persona que le dedicó la vida al trabajo, sino por ser la primera trabajadora en producción petrolera que logró llegar hasta el final de su trayectoria en la industria.
Vero hace más de 25 años que desempeña tareas en el sector hidrocarburífero. Sin embargo, al ser un rubro en el que solo contrataban hombres para tareas específicas en el petróleo, ella fue una de las siete mujeres que comenzaron a desempeñar tareas en el área de producción. “En el 2005 comenzamos con esto, que es algo que soñó, proyectó y luchó Guillermo (Pereyra) y consiguió el ingreso de la mujer en el sector hidrocarburífero”, contó la trabajadora a VacaMuerta.ar.
“Más allá de la satisfacción de yo haber cumplido y terminado una etapa de mi vida donde hice una carrera y donde ya termina mi ciclo y entiendo que me debo retirar para vivir otras cosas y dejarle mi lugar a otras personas más jóvenes que vienen con su corazón y su cabeza llena de sueños como yo en un principio. No te das una idea, es muy muy gratificante todo lo que estoy viviendo en este momento”, dijo emocionada y sin saber bien cómo transmitir todo lo que le genera este momento.
La incorporación de las mujeres en la industria petrolera fue una lucha y un desafío no solo para ellas, sino también para sus compañeros varones. Es que las jornadas que comparten, de por lo menos 12 horas, mutaron automáticamente no solo por las necesidades de cada uno, sino porque en el fondo, se trata de un cambio de paradigma que va de la mano de históricas luchas del feminismo. Ese que busca la igualdad de oportunidades para todos y todas sin distinción de género.

“No fue tan fácil, tuvo que hacerse un trabajo muy grande en salir a conversar con compañeros, en salir a acondicionar las instalaciones. Fue difícil, convengamos que estábamos entrando a un rubro que siempre había sido manejado por hombres”, continúa Vero, oriunda de San Rafael, Mendoza; y agregó: “Cuando nosotras iniciamos, me acuerdo, comíamos abajo de un tanque en el campo y el agua congelada que llevábamos a las tres de la tarde ya estaba tibia. Íbamos Cerro Negro y volvíamos con el pelo blanco y las pestañas blancas porque no teníamos aire acondicionado. O sea, no lo teníamos nosotras y no lo tenían nuestros compañeros hombres tampoco en ese momento”.
La historia
Hace 30 años que la mujer y futura jubilada del petróleo vive en Rincón de los Sauces, llegó con sus hijos y embarazada al pueblo que hoy concentra gran parte de la actividad petrolera y que acoge a sus trabajadores. Su primer trabajo fue en TAIM, una empresa de limpieza, que prestaba servicios a petroleras. En esa instancia pudo afiliarse al Sindicato Petroleros Privados y, después de luchas e insistencias, en el 2006 AESA incorporó las primeras siete mujeres a la industria, entre las que estaba Verónica.
“A partir de nuestro ingreso se instalaron en el campo trailers y oficinas con aire acondicionado, calefacción, se mejoró la calidad de las flotas, mejoró la calidad de trabajo en muchos aspectos. Fue positivo para todos en realidad”, resaltó y agregó: “Nuestro compañeros nos enseñaron. ¿Te imaginas que entramos sin saber nada? Yo, más allá de trabajar como mucama en el campo y por ahí limpiar oficinas, ver las instalaciones de lejos, no tenía idea del funcionamiento”. En su relato, la neuquina de corazón destacó el compañerismo de sus colegas que la ayudaron y empujaron para poder progresar en el rubro. “Yo a mis compañeros siempre les voy a estar agradecida por el respeto durante todos estos años”.
Actualmente, Verónica es oficial especializada en producción en AESA: “Mi responsabilidad es hacer que el pozo produzca y, además, estoy a cargo de baterías”. Por sus responsabilidades maternas, no hace permanencia en el pozo, trabaja cinco días de noche, cinco días de día y tiene cinco días de franco.

Dentro de la industria, los y las trabajadoras rinden diferentes exámenes para subir de categoría y así poder ascender en sus puestos. En este sentido, la mujer resalta la igualdad de condiciones, tanto laborales como salariales, en la industria teniendo en cuenta que algunos rubros laborales hacen distinciones, por ejemplo, salariales según el género incluso cumpliendo las mismas funciones. El agradecimiento de ella para con el sector y la ciudad que la acogió, en un momento complejo de su vida, en el que sola tuvo que afrontar las adversidades y convertirse en el sostén de una familia.
“Para mí es un gran orgullo haber sido parte de esta historia de la mujer dentro del hidrocarburo y también con mucho orgullo haber sido parte de la historia de nuestro amado Rincón de los Sauces, que recibió a mucha gente con un bolsito en la mano y nos dio tantas oportunidades. Porque esto de la inclusión de la mujer dentro del hidrocarburo es algo que nace acá, en Rincón”, enfatizó.
Cuando Vero se separa, decide venirse de San Rafael, Mendoza a Rincón de los Sauces, sin escala. Una amiga de ella vivía en la zona y la invitó a probar suerte. En una mano, un bolso y, en la otra, sus pequeños gigantes que fueron también el impulso para buscar un estilo de vida mejor. A pesar de ser un trabajo sacrificado, en el que se trabajan mínimo 12 horas, con horarios rotativos, donde se relegan los eventos familiares y la presencia hogareña se reduce, ella afirma estar cien por ciento agradecida con lo que la industria le permitió realizar, principalmente, brindarle a sus hijos un buen estilo de vida.
“Yo no hubiese podido salir adelante sola con dos hijos (cuando llegó a la ciudad) como salí en Rincón de los Sauces. Hace más de 30 años que vivo acá y siento estas tierras como mi hogar”.
Jubilación en puerta
La pandemia por el coronavirus fue uno de los disparadores para que Vero tomara la decisión de comenzar con el trámite de la jubilación. Es que ese tiempo, que obligó a la sociedad a realizar una cuarentena y resguardarse en sus hogares, le permitió compartir con sus hijos y nietos.
“Tengo los aportes, las condiciones legales están, entonces creo que es momento de terminar este ciclo, esta etapa de mi vida y comenzar a vivir por ahí otras cosas que tuve que relegar por trabajo. Entendiendo que no es plata todo en la vida, que la plata no compra la salud, y hoy todavía cuento con salud y con ganas, me siento joven, pero para hacer otras cosas”, confesó la petrolera abriendo su corazón.
“Considero mi etapa, mi paso por el hidrocarburo ya terminado y como decía, creo que es el momento justo para dejarle a una persona más joven, con toda la ilusión y todos los sueños, dejar mi lugar a alguien más joven. Y yo ya está, ya lo básico lo tengo. La idea hoy por hoy más que nada es compartir con la familia, los hijos, los nietos, tengo 7 nietos, compartir por ahí todo lo que no pude compartir en estos años”.

Minutos antes de comunicarnos con Vero, Anses la notificó para comenzar con el trámite de jubilación, llevar la nota a Recursos Humanos de la empresa y presentar el cese laboral, después de 18 años prestando servicios.
En este contexto, la petrolera tiene la posibilidad de seguir trabajando en la industria. Sin embargo, refuerza sus intenciones de poder compartir más tiempo con su familia y su pequeña, de 13 años.
“Es un trabajo que amo, es algo por lo cual me esforcé mucho. Siento mucho orgullo de haber sido pionera en esto y de haber abierto caminos al andar. Porque, si bien cuando me dieron la oportunidad de este trabajo, mi compromiso era hacer las cosas bien para llevar el plato de comida a casa, también tenía en mi espalda la responsabilidad de hacer las cosas bien para que esa puerta que se me había abierto a mí, se le siguiera abriendo a otras mujeres” y agregó: “Ese objetivo lo logramos, porque hicimos las cosas bien y otras mujeres también están teniendo las mismas oportunidades que tuvimos en aquel momento nosotras”.








Fui geólogo de exploración en Plaza Huincul en 1974. Tenía dos colegas geologas y no se les permitía concurrir a los pozos. Solo por el día y acompañada por un geólogo varón.