Favio Giménez no es nacido y criado en Añelo, pero desde hace 30 años trabaja en la ciudad y ya es parte de la historia de una localidad que crece a un ritmo acelerado al compás del petróleo.
Desde su gomería, a la vera de la Ruta 7, Favio vio con sus ojos el desarrollo de la industria de los hidrocarburos, la llegada de miles de personas, pero también observa el atraso en algunos sectores.
En diálogo con VacaMuerta.ar, rodeado de cubiertas, tuercas y mangueras, Giménez recordó que llegó a Añelo en 1994, medio de casualidad, y no se fue más.
“Teníamos una gomería con mi viejo en Cinco Saltos y estábamos buscando otros horizontes y un amigo le dijo que pruebe suerte en Rincón de los Sauces. Mi papá llegó a Rincón un día de mucho viento y no le gustó, pero dijo que de regreso le había gustado un pueblito, que era Añelo. Vinimos a hablar con el intendente, nos dio un terreno y así empezamos. Abrimos el 29 de mayo del ‘95, hace casi 30 años ya”, recordó.
“En ese momento, Añelo eran tres cuadras, el resto era todo médanos y arena, pero ya estaba empezando a haber movimiento con los primeros yacimientos, con el nacimiento de Loma La Yegua y Pichana, que es donde estaba Total, también estaba empezando también Loma La Lata. Se estaba armando recién”, agregó.
Favio se casó, tuvo hijos, se mudaron sus hermanos a Añelo y juntos siguieron mirando al futuro y viendo cómo la industria petrolera empezaba a dar sus primeros frutos.
“Añelo es muy cíclico, los primeros años fueron de mucho trabajo, los siguientes dos fueron malos, volvió a subir y a bajar en el 2001. Fue recuperando lentamente y en 2011 cayó y en 2012 volvió a resurgir”, contó.

“Lo que más me sorprendió en estos 30 años es la llegada de gente, sobre todo en los últimos dos años, que fueron de mucho movimiento, pero no siempre se tuvo tan en cuenta el hecho de quedarse”, dijo.
Giménez explicó que la ciudad tiene unos 9 mil habitantes estables, pero por día se mueven unas 30 mil personas más. “Ahora mucha gente se está empezando a quedar en Añelo, empezaron a crecer los negocios, de hecho, en el rubro siempre hubo gomerías, pero ahora ya llegaron todas las empresas grandes”, contó.
El huevo o la gallina
El desarrollo de Vaca Muerta, especialmente en Añelo, tuvo un impacto directo en la economía local. Sin embargo, hay dos vidas: la laboral y la personal.
En ese sentido, Giménez se pregunta si es el huevo o la gallina. “¿En Añelo no hay nada porque no hay gente o no hay gente porque no hay nada?”, dijo el gomero, uno de los comerciantes más antiguos de la localidad.
“En Añelo no tenés grandes cosas, no tenés una pileta de natación municipal, recién ahora hay dos canchas de paddle, no hay cancha de fútbol sintético, hay actividades, faltan opciones educativas de todo tipo, recreativas y fundamentalmente faltan profesionales como médicos, contadores, psicólogos, etc”, añadió.

“No hay un pediatra, no hay un ginecólogo, no hay un oftalmólogo, dentista, escribano, abogados, gestores. Es un muy buen lugar para trabajar, excelente. Muchos vienen porque Añelo les da trabajo, pero las comodidades están en Neuquén, Cinco Saltos, Plottier, etc”, dijo.
Para Giménez la realidad económica debe ir acompañada del desarrollo urbano y social, y para eso es importante trabajar en conjunto entre los vecinos, las empresas, la municipalidad y la provincia. “Añelo es un excelente lugar para trabajar y lo puede ser para vivir”, concluyó.







