Rincón de los Sauces, 2006. Un aviso en el diario Río Negro pedía mujeres con registro de conducir. El requisito parecía modesto, casi doméstico. Lo que no decía era que del otro lado de esa convocatoria esperaba una de las industrias más exigentes y un mundo que todavía no estaba listo para recibirlas. Para Andrea Páez, todo empezó con una frase de su madre: "Hija, vi una chica manejando un camión". Esas palabras bastaron para que decidiera cambiar su vida. Lo que no imaginaba era que otras 10 mujeres, movidas por impulsos igual de simples y igual de poderosos, habían llegado al mismo lugar con el mismo sueño.
Pasaron 20 años y las primeras camioneras de Vaca Muerta cuentan su historia, que no es una sola sino que son 10 historias con una comienzos diferentes, un un punto de encuentro y desenlaces diversos, algunas que ya llegaron al final y otras que siguen sumando capítulo. Para muchas hay un herencia familiar, para otras hubo una necesidad laboral y para otras la oportunidad de ser parte del desarrollo local, pero a todas las unió que dos décadas después las mantiene juntas en un grupo de WhatsApp denominado "Las Camioneras".



"Buenas tardes. Estuve mirando sus publicaciones. Hay varias historias de vida. Me gustaría contarles sobre 20 mujeres que fueron las primeras en ingresar al yacimiento petrolífero en Rincón de los Sauces en el año 2006, con la empresa OPS SACI. El puesto que ocupamos fue 10 operadoras de máquinas y 10 chófer de camión (yo soy una de ellas, chófer), en la actualidad somos pocas la que siguen trabajando en el rubro. Ahora en junio cumplimos 20 años, nos encantaría que cuenten nuestra historia", ese fue el mensaje que recibió VacaMuerta.ar de Paola Orellana.
El primer contacto fue con Paola, que abrió el grupo de WhatsApp donde las 10 camioneras compartieron sus vivencias, fotos, anécdotas y algunos chistes. Orellana no tenía que ir muy lejos para encontrar su vocación. Hija de camionero, aprendió a manejar a los 12 años en la cantera, sentada al lado de su padre mientras él buscaba áridos y ripio. Cuando leyó el aviso, no dudó. Tampoco importó que viviera en Neuquén y que uno de los requisitos fuera tener domicilio en Rincón de los Sauces: puso la dirección de un tío y se presentó.
Así llegaron unas 60 mujeres a esa primera convocatoria organizada por OPS, que como parte de un programa de inclusión las buscaba para capacitarlas. Vinieron de distintos puntos de la provincia. Algunas eran de Rincón, otras viajaron y se instalaron. Todas estaban dispuestas a empezar de cero. De las 60, quedaron 20, la mitad fue destinada a operadoras de maquinaria y a otra mitad a chofer de camiones.
Cambios
Luego del anuncio en el diario y la selección llegó el momento de la verdad: el curso. Duró desde julio hasta septiembre, de lunes a sábado, en un cerro donde hoy se levanta un santuario con un Cristo. El trabajo práctico era concreto: preparar el terreno para esa imagen, bajar material, moverse por caminos que no perdonaban errores. Las diez que iban a manejar camiones y las diez destinadas a maquinaria vial se repartieron según sus habilidades.
"El miedo era la primera bajada cargada", recordó Paola y agregó que en Rincón hay pendientes muy inclinadas, curvas contra curva, que genera una dificultad que es mayor cuando el vehículo lleva la carga completa. "Nada que ver acá en la ciudad. ¿Qué cambio uso si voy cargada? ¿Y si voy descargada? Todo cambia. "Le preguntaba a mi papá por teléfono antes de arrancar qué tenía que hacer. Después de las primeras semanas, la mano se fue soltando. El campo empezó a gustar. Cuando no estaba trabajando, llegaba a casa y soñaba con el campo", dijo.
"Érase una vez una bella secretaría que decidió cambiar una lapicera y un escritorio por una butaca y un volante", contó Leticia, que se crió en Cutral Co en el seno de una familia de camioneros de la que heredó el amor por los fierros. "Sinceramente nunca imagine que iba a poder llegar a tener la oportunidad de trabajar de lo que tanto me gusta. Todo comenzó cuando un día llego a casa y mi papá me informa que una empresa petrolera iba a tomar personal femenino para capacitarlas en manejo de camiones y maquinas viales", rememoró para VacaMuerta.ar.



"Así con toda mi felicidad arme un CV con ayuda de unos amigos y lo envié inmediatamente. Fueron unos días de ansiedad y locura hasta que tuve la suerte de que me llamarán para entrevistarme", recordó. Todo lo demás es historia: ingresó al curso, consiguió trabajo y continuó el legado familiar.
"Para mi era como un sueño, no fue fácil ya que fuimos las pioneras. No es fácil ser mamá al mismo tiempo y dejar a los hijos, pero ahora mis hijos también están el rubro. Es un orgullo que sigan el legado", dijo Mónica Guizzardi.
Las primeras, pero no las únicas
Al terminar la capacitación, OPS tenía un contrato con YPF de tres años. Las 20 mujeres fueron desplegadas en distintas zonas y en diferentes tareas: movimiento de suelo, transporte de materiales, presencia constante en el campo, etc. Eran, en ese momento, las primeras mujeres que trabajaban directamente en el campo petrolero de la región. No como administrativas —eso ya existía—, sino haciendo lo mismo que los hombres: subiendo pendientes con la carga, operando máquinas pesadas, durmiendo en trailers cuando el trabajo lo requería.
La alegría del trabajo y del sueño cumplido, contrataba con al realidad de industria masculina, con la que tuvieron que aprender a convivir. Presiones laborales, comentarios inapropiados y muchas desconfianza hicieron que las camioneras forjara una personalidad firme. "Tuve que hacerme respetar. Hoy me dicen que soy muy seria, que no se animan a hablarme. Y es que fue necesario cuando empezamos", contó Orellana.



Esa coraza no es solo suya. La mayoría pasaron por esa experiencia desarrollaron algo parecido: una manera de pararse en el mundo laboral que protegía, aunque a veces también aislaba. "Un domingo, por orden del supervisor, me tocó dejar un volcador, que luego se incendió estando parado mientras yo trabajaba en un regador. Me hicieron responsable y me mandaron el telegrama después de 12 años de trabajo. Hoy tengo 50 años y estoy orgullosa y agradecida de ese trabajo con el cual mis hijas crecieron pudieron estudiar y recibirse", recordó Paéz.
El abanico se abre
Cuando venció el contrato de OPS con YPF, el grupo se dispersó. Cada una siguió su propio camino. Algunas se quedaron en el sector, otras no. La experiencia acumulada las habilitó para seguir.
Hoy, casi 20 años después, algunas siguen manejando camiones con esquema petrolero. Otras quedaron en el camino y algunas buscan volver al ruedo. "En el año 2017 se fue la empresa y quedé desempleada, busqué otras opciones, pero con muchas trabas del sindicato y preferencias entre dirigentes gremiales no logré reinsertarme. "Me gustaría volver a la butaca porque me encanta manejar camiones, siempre lo hice con mucha pasión", agregó Silvana Gatica.
Las historias se multiplica, pero el relato es el mismo: su experiencias abrió el camino para que otras mujeres lleguen a Vaca Muerta. "Hoy hay muchas más mujeres en el rubro. No solo como choferes, sino en toda la industria, pero el machismo sigue igual. Igual que antes", contó Orellana que sigue siendo parte de los campos con diagrama de 14 x 7.

Cada vez que llega a un campo nuevo, alguien la mira sorprendido. Le preguntan si es la primera mujer que ven manejar un camión. Ella sonríe, y repite lo mismo que aprendió a decir hace tiempo: "Sí, la primera que ves, pero no la primera que pasó por acá".
El grupo de WhatsApp donde se mantienen en contacto es un espacio de contención y de recuerdos. Todas mantienen la misma alegria y esperanza que las unió en un cerro de Rincón un junio de 2006, cuando aprendieron juntas a subir pendientes que nadie les había enseñado. El desafío ya es el descenso con carga, sino que el camino quede abierto para las generaciones que vienen.
Las primeras camioneras de Vaca Muerta son: Leticia Villar, Paola Orellana, Malvina Castro, Andrea Páez, Rut Oses, Claudia Gutiérrez, Carolina Carrazco, Silvana Gatica Mónica Guizardi y Mari Suárez.







