Los datos ordenan; las proyecciones ilusionan. Unos ponen cada cosa en su lugar, las otras entusiasman, atraen interesados y ponen en vidriera lo que viene. A los récords productivos y a la balanza comercial en alza se suman ahora las previsiones a futuro, y todo eso pone a Vaca Muerta en el centro de la escena. Lo que muestra el presente y lo que se espera a futuro coinciden. La pregunta que queda es si la infraestructura va a poder seguirle el ritmo a tanto optimismo
Cada tanto aparece un informe que promete "cuantificar" lo que en Neuquén ya se palpa hace años: que el shale cambió la escala de todo. Esta vez el turno es de la consultora Deloitte, que en su estudio Impacto del sector de Hidrocarburos en Argentina pone el horizonte en 2035 y una cifra detrás de cada promesa: son 0,14 puntos porcentuales el aporte adicional que el sector hidrocarburífero sumará al crecimiento anual del PIB argentino entre 2026 y 2035.
Puede sonar chico dicho así, suelto, pero hay que leerlo en el contexto correcto: es la diferencia entre una economía que crece "normal" y una que crece con un motor extra funcionando en Vaca Muerta. La consultora estima que la participación del sector en el PIB treparía del 3,4% actual al 5,5% hacia el final del período. Y ahí sí el salto empieza a sentirse.
El informe de Deloitte estimó que la cuenca generará 107.000 nuevos empleos, de manera directa e indirecta lo que pone en evidencia la dinamización de toda la cadena económica, el famoso efecto derrame sobre proveedores, logística, construcción y servicios. Cada nuevo puesto en el yacimiento, sugen varios más alrededor.
Además, las exportaciones de hidrocarburos pasarían de unos USD 11.000 millones en 2025 a USD 46.700 millones en 2035, lo que representa cuadruplicar los ingresos en una década. Si el escenario se sostiene, la energía podría transformarse en una de las principales fuentes de generación de divisas del país, incluso por encima del agro.
El informe también menciona, en coincidencia con McKinsey y la CEPH, una producción de 1,7 millones de barriles diarios hacia 2035, cifra que ubicaría a la Argentina como segundo productor de América Latina, solo detrás de Brasil si el ranking se mantiene como en la actualidad, sin contemplar saltos productivos en otros países como pueden ser los nuevos desarrollos de Venezuela y Colombia.

La letra chica de todo: la infraestructura
Ningún informe de este tipo se guarda el "pero". Acá la cuestión es la inversión: más de USD 160.000 millones en 10 años para sostener toda la cadena, con dos nombres propios en el centro de la escena: Vaca Muerta Oil Sur y las plantas de GNL. Es el punto donde el optimismo de las proyecciones se topa con la realidad de la ejecución: sin oleoductos, sin plantas de licuefacción y sin la logística que los acompaña, ninguno de los números anteriores existe. RIGI aparece, otra vez, como la pieza regulatoria que la industria señala como determinante para destrabar esa inversión. Pero los interrogantes llevan a preguntarse si existe industria nacional que pueda satisfacer algunas demandas o si va a ser necesario ir al mercado externo de caños para abastecer la demanda, y como en ese sentido las políticas de transporte y conectividad empiezan a tener otro valor.
La curva
Lo interesante es que la proyección de Deloitte no queda flotando sola: en las últimas semanas, tanto el Banco Central como el Ministerio de Economía aportaron números propios que van en la misma dirección.
El BCRA actualizó su trayectoria conjunta de energía y minería, y ahí también aparece una curva que se empina con fuerza: de unos USD 13.000 millones en 2025 a USD 19.000 millones en 2026, USD 24.000 millones en 2027, USD 28.000 millones en 2028, USD 34.000 millones en 2029 y más de USD 51.000 millones en 2030. El propio Central se cuida de aclarar que esa curva no es lineal: va a depender de cuándo entre en régimen Vaca Muerta Oil Sur, de cuándo arranquen los primeros embarques de GNL y de la velocidad a la que efectivamente crezca la producción. Con viento a favor, admite el organismo, el aporte energético podría ser todavía mayor.
Y si de tendencia se trata, el dato más contundente quizás ya sea presente y no proyección. Según el Ministerio de Economía, en julio el rubro combustibles y energía fue el que más traccionó el crecimiento exportador del país, con ventas por USD 1.506 millones y una suba interanual del 97,8%, explicada tanto por precio (+19,5%) como por cantidad (+67,6%). Adentro de ese número, el petróleo crudo solo ya vendió USD 1.020 millones, USD 603 millones más que en julio de 2025. No es un dato menor: el crudo se convirtió en el principal producto de exportación de la Argentina durante el primer semestre, superando a la harina y los pellets de soja, que un año antes lideraban el ranking.







