Hay semanas productivas, políticas y económicas. Esta fue de esas en las que todo pasa por el vil metal. Vaca Muerta ya no tiene que demostrar que produce: en la última década la cuenca no paró de crecer, mes a mes y año a año. La discusión de los próximos años es quién captura el valor y cuánto queda en Neuquén, mientras el mundo paga cada vez más caro lo que le falta: petróleo y gas.
De adentro para afuera, el escenario muestra continuidad. En el subsuelo de Neuquén, GyP abrió los sobres de la Ronda 1 de la licitación de 15 nuevas áreas, de las cuales ocho recibieron ofertas de 10 empresas. En total, las compañías comprometieron más de USD 230 millones en exploración y más de USD 180 millones en bonos, y luego deberán garantizar inversión en evacuación. La ecuación es optimista para la provincia y para el futuro de la cuenca.
En la superficie, un informe del IERAL mostró que el 35,7% de la masa salarial privada registrada de Neuquén sale de Vaca Muerta. Las petroleras pagan más de tres de cada diez pesos de sueldos y emplean solo al 16% de los trabajadores privados registrados de la provincia. Más plata y menos gente.
El sueldo bruto promedio del sector privado en Neuquén ronda los $3.800.000; el del país, $2.200.000. Entre la provincia que más paga y la que menos, la distancia es de casi tres a uno. Y no todas las provincias petroleras corren igual: Chubut, con cuenca convencional, vio caer su salario real más de 4% en un año. La Patagonia no es una, sino que corre a dos velocidades, y una es la de Vaca Muerta.
Si miramos otras actividades, la distancia es todavía mayor. Un empleado de comercio cobra hoy, por convenio, cerca de $1.300.000. La canasta que marca la línea de pobreza para una familia tipo: $1.600.000. El mínimo legal: $383.800. Es decir: hay trabajo registrado, con recibo, en el que un solo sueldo no alcanza para que una familia deje de ser pobre, incluso en Neuquén, donde está Vaca Muerta. Del otro lado, el petrolero: ingreso mediano bruto de $10.000.000, según la Fundación Contactos Energéticos; un ingeniero de perforación gana hasta $11.500.000. El ingreso mediano petrolero equivale a casi ocho veces el salario de convenio de un empleado de comercio.
En ese escenario, el gobernador Rolando Figueroa volvió a poner las cuentas sobre la mesa. De cada barril, aproximadamente el 60% queda entre costos operativos y utilidades de las empresas. Del 40% restante, que corresponde al Estado, 17 puntos se los lleva la Nación, otros 10 el conjunto del resto de las provincias y 13 Neuquén, la provincia que tiene el recurso bajo su suelo. Pero el número que Figueroa puso en primer plano no fue el 13% propio, sino el 17% ajeno: "No viene nada a la provincia de Neuquén. Ingresos 17, gastos 0", afirmó el mandatario.
Puertas afuera, la guerra en Medio Oriente, con el estrecho de Ormuz casi inoperable, mantiene los precios por las nubes. En los últimos días el Brent volvió a tocar los USD 110 y se mantiene por encima de los USD 103, un nivel que altera todas las cuentas mundiales.
Pero lo más caro no es el crudo, sino lo que sale de él. Según la Agencia Internacional de Energía (AIE), el margen del diésel en el noroeste de Europa superó los USD 100 por barril a principios de septiembre, y el diésel en EE.UU. cotizó 94% por encima de su nivel previo a la guerra, mientras que el Brent subió 45%. Acá el gasoil aumentó 32% entre enero y agosto en las estaciones YPF de Capital, y el país históricamente importa parte del que consume. Neuquén produce un crudo liviano, de bajo azufre y muy demandado, pero el tramo más jugoso hoy está más adelante en la cadena.
En ese contexto, Exxon Mobil dejó fuera de servicio su refinería de Joliet, Illinois, una de las más grandes del Medio Oeste, con capacidad para producir unos 11 millones de galones de gasolina y diésel por día, tras un apagón y una inundación. Saudi Aramco, por su parte, salió a buscar diésel en el Mediterráneo y gasolina en Europa después de la serie de ataques a sus refinerías e instalaciones energéticas.
Al mismo tiempo, a Arabia Saudita se le complica sacar su producción por el Mar Rojo. Tras un ataque con drones, el oleoducto Este-Oeste, que llena de crudo la terminal de Yanbu, la puerta saudita hacia el Mar Rojo, quedó fuera de servicio. Los números son elocuentes: el oleoducto normalmente mueve unos 4 millones de barriles diarios, el 4% del suministro mundial. El almacenamiento propio de Yanbu alcanza, como máximo, para una semana de exportaciones, y la reparación podría llevar más de cuatro semanas. La brecha es enorme.
Mientras el mundo se cierra, China se abre y volvió a comprar petróleo. Durante los meses más duros de la crisis, el gigante asiático prefirió echar mano de sus propias reservas, de más de mil millones de barriles, lo que le dio margen para no convalidar los precios más altos. Pero ahora necesita comprar: las importaciones de crudo subieron por segundo mes consecutivo en agosto hasta los 37,9 millones de toneladas, un 6,2% más que en julio, equivalentes a unos 8,9 millones de barriles diarios.
La salida para Vaca Muerta está en marcha. El exgobernador Jorge Sapag lo dejó claro: el país dispone de una ventana de oportunidad de más de una década para aprovechar su producción. "Hoy China pasó del 50 al 60% de carbón en su matriz energética, que contamina el doble que el gas y 50% más que el petróleo. No le tembló el pulso para reemplazar los hidrocarburos que no están saliendo de Medio Oriente por la guerra", dijo.
"Hoy va a haber un período de escasez y luego un período de entre 10 y 15 años hacia adelante, que es la etapa de oro, en la que hay que ingresar con gas natural licuado en barcos porque los países del mundo van a requerir mucho GNL. Después va a haber una etapa de otros 10 o 15 años de meseta del consumo, que también hay que abastecerlo", agregó Sapag.







