Hay un número que la industria petrolera argentina persigue hace varias décadas, un número redondo, casi mítico: un millón de barriles por día. Una marca que parece estar a la vuelta de la esquina, que sirve de faro y que estimula al sector a superarse día a día. Agosto nos acercó otro paso. La Argentina produjo casi 926 mil barriles diarios. Es el sexto récord del año. Seis veces en ocho meses se rompió la marca anterior.
¿Cuánto falta? Unos 75 mil barriles. Parece poco, sin embargo la cuenta muestra otra cosa. Si la meta es llegar a diciembre, hay que sumar más de 18 mil barriles por mes. En agosto se sumaron 10 mil. Es decir: la curva sube, pero para llegar a tiempo tendría que subir casi al doble de velocidad. Enero, con el VMOS en funcionamiento con los primeros 180 mil bbl/d, aparece como el horizonte más realista.
Miremos de dónde viene el empuje porque el crecimiento en Vaca Muerta no es parejo, hay comportamientos estables y hay impulso que empujan las marcas. Más del 70% del petróleo argentino ya es shale. Y Neuquén volvió a batir su propio récord: 684 mil barriles diarios, con un 90% del no convencional.
El protagonista del mes fue Bandurria Sur, de YPF, que en un solo mes creció más de un 17%, muy encima de la media del país (1%) y la cuenca (3%). Tanto, que ese bloque solo explicó todo el aumento de la producción nacional. Loma Campana, el yacimiento insignia, donde empezó todo, recuperó el ritmo después de la caída de julio.
Pero el dato más curioso no lleva la firma de YPF. El bloque más productivo de todo el shale neuquino en lo que va del año está en Bajo del Choique, el área que Pluspetrol heredó de ExxonMobil. Arrancó en noviembre con 3 mil barriles y hoy supera los 47 mil, con 6 de los 10 mejores pozos de Vaca Muerta.
¿Qué nos dice eso? Que la Cuenca Neuquina, la que explica más del 70% del crudo nacional, todavía guarda sorpresas. Que el mapa no está terminado.
Cuentas claras
En el balance no hay barriles, están los fríos números y Vaca Muerta es responsable de gran parte de los ingresos que mantienen a flote la economía neuquina, empiezan a aportar en la rionegrina y da alivio a la argentina. Hay tres cuentas que se mueven al ritmo de la torres de perforación en Añelo y Rincón de los Sauces.
La primera es la cuenta del país. La balanza comercial acumuló más de 18.200 millones de dólares de superávit entre enero y agosto, contra poco más de 5.100 millones en el mismo período del año pasado. Se triplicó.
En los primeros ocho meses, combustibles y energía exportaron más de 10.600 millones de dólares. Y hay otra clave: las cantidades exportadas subieron casi 28%, no solo los precios. No es solo que el barril vale más. Es que vendemos más barriles.
La segunda es la cuenta de la provincia. Neuquén cerró julio con un superávit cercano a los 200 mil millones de pesos. Los ingresos crecieron 18% real; los gastos, menos de 8%. Por cada barril, la provincia se queda con el 12% en regalías. Y en el primer semestre, las regalías explicaron más del 40% de los ingresos. Esa diferencia, dice el Gobierno, se transforma en rutas, escuelas y hospitales.
La tercera cuenta es la que no cierra del total. Neuquén recibe unos 120 mil millones de pesos de coparticipación. Su peso en el PBI nacional casi triplica lo que le reconoce la ley. La provincia que empuja el superávit comercial del país es la que menos recibe del reparto federal, en proporción a lo que aporta.
¿Es justo? ¿Es sostenible? El millón de barriles va a llegar. Tal vez en diciembre, tal vez unos meses después. La pregunta que vale la pena hacernos no es cuándo. Es otra. Cuando lleguemos al millón, ¿qué habremos construido con lo que ese millón nos dejó? Muchos hablan de que el mundo nos mirará de otra manera, habrá que esperar que esas miradas vengan acompañadas.







