El oleoducto que promete reescribir la balanza comercial argentina ya no es una promesa en el papel: es acero tendido rumbo al Atlántico. El Vaca Muerta Oil Sur (VMOS) ingresó a la última etapa de su construcción y, según confirmó el secretario de Coordinación de Energía y Minería, Daniel González, el proyecto exhibe un 73% de avance.
"La obra va a permitir a partir de enero empezar a cargar los barcos más grandes de crudo", dijo el funcionario en declaraciones radiales y agregó que es la manera de sacarle a Vaca Muerta el techo que la infraestructura le venía poniendo a su propia producción.
González puso el proyecto en términos de divisas, que es el idioma que mejor entiende la city y el que más le importa a la macro de Javier Milei: cuando el ducto esté operativo a pleno, calculó, Argentina podría estar exportando entre 14.000 y 15.000 millones de dólares anuales en petróleo.
Además, el funcionario destacó la relación entre el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) y el financiamiento de la obra. Su argumento: el proyecto ya estaba identificado antes del régimen, pero no se concretaba porque los bancos pedían garantías que el país no ofrecía. Cuando el financiamiento quedó condicionado a la adhesión al RIGI, la ecuación cambió: "sin RIGI no hay cheque", sintetizó.
Es la lectura que el Gobierno viene sosteniendo desde que el régimen se puso en marcha: no crea proyectos de la nada, pero destraba los que ya estaban latentes, cambiándoles el ritmo de maduración.
Lo que viene detrás del caño
El funcionario conectó además el avance del VMOS con la expansión de áreas productivas, en particular Rincón de Aranda, el proyecto de Pampa Energía que terminó siendo más grande de lo planeado inicialmente gracias al marco del RIGI.
La apuesta de fondo, según el discurso oficial, es que energía y minería lleguen a aportar una balanza comercial de 50.000 millones de dólares, superando al agro como motor exportador. El compromiso de inversión bajo el régimen ya ronda, según estos datos, los 150.000 millones de dólares, con la obligación de que las empresas desembolsen el 40% del mínimo comprometido en los primeros dos años.
El 73% de avance del VMOS funciona, en ese relato, como termómetro: si el cronograma se sostiene, en enero el ducto empieza a cargar los buques de mayor porte y Vaca Muerta deja de ser una promesa geológica para convertirse, de una vez, en un número en la balanza comercial.







