El miércoles, la Legislatura de Neuquén aprobó la ley que ratifica el acuerdo entre la provincia e YPF para el desarrollo del GNL. El jueves, el Ministerio de Economía publicó en el Boletín Oficial la resolución que aprueba el ingreso del Gasoducto San Matías al RIGI —la primera iniciativa de esa naturaleza con origen en Neuquén—. Y en ese mismo contexto, el precio del barril de petróleo Brent volvió a los niveles de febrero, antes del conflicto en Medio Oriente, borrando de un plumazo más de 20 dólares de ganancia circunstancial y rompiendo la barrera de los 72 dólares.
Tres hechos en 48 horas que, juntos, describen con precisión la Vaca Muerta que viene: más grande, más compleja, más expuesta al mundo y, por eso mismo, más vulnerable a él.
La ley GNL no es un acuerdo cualquiera. Establece estabilidad fiscal por 30 años para cinco concesiones no convencionales de YPF, regalías variables indexadas al precio asiático del GNL —el índice JKM—, y un bono de infraestructura de USD 175 millones para comunidades locales. Es el esquema que la provincia necesitaba para anclar el proyecto en la dimensión institucional.
Sin esa arquitectura legal, la cadena de valor del GNL, desde el pozo hasta el buque, no tiene cimientos. La oposición cuestionó la rebaja del 34% en las regalías y la falta de cláusulas de empleo local. Son preguntas legítimas que el tiempo deberá responder. Enfrente, quienes sostiene el proyecto destacaron el impacto que las nuevas oportunidades tienen en la provincia. También el tiempo será juez.
El Gasoducto San Matías, por su parte, es la pieza que faltaba en el tablero de exportación. Son 480 kilómetros de caño de 27 MMm³/d de capacidad, USD 1.300 millones de inversión y una fecha de inicio de construcción que, según la resolución firmada por el ministro de Economía, Luis Caputo, es ahora: el 30 de junio, cuando termina el primer semestre y empieza el famoso segundo. El proyecto conecta Tratayén con San Antonio Oeste y completa, al menos en papel, la ruta del gas neuquino hasta las terminales de licuefacción del Golfo San Matías. Si los plazos se cumplen, en mayo de 2028 el gas empezaría a fluir.

Pero mientras se firmaban resoluciones y se celebraban votos en la Legislatura, el mercado internacional enviaba una señal que nadie puede ignorar. El Brent, que llegó a cotizar por encima de los 120 dólares durante el pico de la guerra en Medio Oriente, y que dio buenos dividendos en la zona de los 90 - 100 USD cayó más de 20 dólares en un mes y hoy ronda los 72 USD. Para Vaca Muerta, ese número no es neutro.
Un análisis de Aleph Energy sobre el breakeven de un pozo tipo del cuarto trimestre de 2025, rama horizontal de 3.000 metros, 50 fracturas, producción inicial de 1.028 bbl/d, establece que, con RIGI y sin infraestructura compartida, el umbral de rentabilidad se ubica en 48 USD/bbl. Con RIGI e infraestructura incluida, sube a 57 USD/bbl. Sin RIGI en ningún escenario, el techo es 61 USD/bbl. En los 72 dólares actuales, los proyectos integrados con RIGI siguen siendo viables, pero el margen se estrecha. En escenarios de mayor presión, mayor carga de infraestructura, sin beneficios fiscales, la ecuación empieza a tensarse.
Además, mientras todo esto ocurre a la vez, Neuquén marcó récord de producción de gas con 115 MMm³/d y volvió a subir la vara de petróleo con más de 630 barriles diarios, los récords se acumulan sin solución de continuidad.
La nueva Vaca Muerta no se mide solo en barriles producidos ni en pozos perforados. Se mide en la capacidad de sostener inversiones de escala global en un entorno de precios que no controla, con una arquitectura institucional que apenas termina de armarse y con un contexto macroeconómico local que, entre superdólares globales y vencimientos de deuda, no siempre acompaña.
Por eso lo de esta semana importa. No porque resuelva todo, sino porque define el tablero sobre el que se jugará la próxima década. Tres actos. Dos días. Una sola pregunta: ¿alcanza con lo que se construyó esta semana para sostener lo que viene?







