El proyecto Vaca Muerta Oil Sur entró en su fase más difícil. Después de meses de avances en tierra -oleoducto, tanques, infraestructura en Punta Colorada- el VMOS llegó al punto donde la obra se complica de verdad: el fondo del Golfo San Matías. Esta semana quedó completa la descarga de más de 700 caños revestidos en el Puerto San Antonio Este, los mismos que en pocas semanas un buque especializado va a tender bajo el mar para unir la costa rionegrina con las monoboyas de exportación.
No son caños convencionales. Los tubos tienen 38 pulgadas de diámetro y llevan un revestimiento de hormigón de alta densidad aplicado en la planta de Socotherm, en Escobar, antes de ser embarcados en Dock Sud y trasladados por el Atlántico hasta Río Negro. Ese recubrimiento cumple una función técnica específica: darle peso, estabilidad y protección mecánica al ducto una vez que quede posado sobre el lecho marino. De los 721 tubos que viajaron a bordo del buque MV Athanasia, 658 llegaron ya revestidos. El predio donde se acopian -diez hectáreas dentro del complejo de Patagonia Norte- demanda una inversión millonaria y está en pleno acondicionamiento, con un plazo de ejecución de cinco meses y 60 puestos de trabajo directos generados.
El eslabón que nadie ve
La atención mediática sobre el VMOS suele concentrarse en las monoboyas y en los futuros superpetroleros que van a operar frente a las costas rionegrinas. Pero el ducto submarino es la pieza que conecta todo. Sin esa cañería, el crudo que llegue desde Vaca Muerta a través del oleoducto terrestre no tiene forma de alcanzar los puntos de carga mar adentro. Son más de ocho kilómetros bajo el agua que van a recorrer los barriles antes de subir a los buques VLCC (Very Large Crude Carrier), las embarcaciones de transporte más grandes del mundo.

En paralelo a la llegada de los caños, frente a las costas de Punta Colorada ya descansa en el fondo del Golfo San Matías el equipamiento de fondeo de las monoboyas: las cadenas y anclas que las van a fijar en posición, instaladas en una operación que requirió dos embarcaciones especializadas. El Skandi Hera, capaz de posicionar anclas de 43 toneladas y tensar cadenas de hasta 400 metros, y el Skandi Patagonia, que opera en aguas argentinas de forma casi ininterrumpida desde el año 2000.
El gigante que viene
Con los caños en tierra y el fondeo de las monoboyas completado, el siguiente paso tiene nombre y fecha aproximada: el Seminole, un buque italiano especializado en tendido de tuberías submarinas, está previsto que llegue al Golfo San Matías hacia fines de julio. La embarcación pertenece a Micoperi, una de las compañías históricas de la industria offshore europea, y tiene décadas de experiencia en proyectos energéticos en el Mediterráneo, África y Medio Oriente.
El Seminole es una planta industrial flotante de casi 136 metros de eslora y más de 30 de manga, con capacidad para alojar hasta 250 personas entre tripulación, técnicos y especialistas, helipuerto propio y una grúa principal con capacidad de izaje superior a las 700 toneladas.

Su especialidad es el sistema S-Lay: los caños se alinean y sueldan a bordo formando una línea continua que desciende al fondo marino a través de una estructura metálica llamada stinger, diseñada para controlar la curvatura del ducto durante la instalación. A medida que el buque avanza sobre la traza prevista, la cañería queda apoyada sobre el lecho marino hasta completar el recorrido completo. Es una operación que exige precisión milimétrica, condiciones ambientales favorables y coordinación constante entre múltiples embarcaciones de apoyo.
Lo que viene después
El VMOS es la obra de infraestructura hidrocarburífera más grande de la Argentina en las últimas décadas. Con una inversión estimada en 3.000 millones de dólares, contempla un oleoducto de 437 kilómetros entre Allen y Punta Colorada, seis tanques de almacenamiento con capacidad cercana a los 720.000 metros cúbicos y la terminal offshore que se está construyendo ahora mismo bajo el Golfo San Matías. El consorcio lo integran YPF, Pan American Energy, Vista, Pampa Energía, Chevron Argentina, Pluspetrol y Shell Argentina, y la puesta en marcha está prevista para el primer trimestre de 2027, con una capacidad inicial de 190.000 barriles diarios que podría escalar hasta 550.000 en la fase de expansión.







