Lo que ayer era una declaración se convirtió hoy en una operación en curso. A las 17 horas de Argentina de este martes, Estados Unidos reanudó formalmente el bloqueo naval contra los buques que ingresan y salen de puertos iraníes, tal como había anticipado el Comando Central (CENTCOM) en un comunicado difundido horas antes. En simultáneo, las fuerzas estadounidenses ejecutaron nuevos ataques contra capacidades militares iraníes en las inmediaciones del estrecho de Ormuz, mientras desplegaban misiles Patriot en Kuwait para proteger al país de una serie de ataques de represalia iraníes.
El bloqueo no es nuevo. Estados Unidos ya lo había aplicado durante aproximadamente dos meses entre abril y junio, en una operación que se extendió desde el Golfo Pérsico hasta el océano Índico. Lo que es nuevo es el contexto en que vuelve: el acuerdo de 14 puntos firmado en Islamabad el mes pasado, que había abierto una ventana de relativa calma, quedó formalmente muerto. El viceministro de Relaciones Exteriores iraní, Kazem Gharibabadi, fue categórico: Irán ya no tiene "ninguna obligación" de cumplir ese memorando. "Actualmente no existe ninguna obligación derivada del acuerdo de Islamabad que siga siendo válida y esté en vigor, ni para Estados Unidos ni para la República Islámica de Irán", afirmó en declaraciones a la emisora estatal iraní.
El peaje que duró un día
Trump había anunciado el cobro de una tasa del 20% sobre la carga que transite el estrecho como compensación por la seguridad que Estados Unidos brindaría en la zona. Menos de 24 horas después, el presidente modificó esa postura. Según informó CNN, serán los países del Golfo Pérsico quienes compensarán ese esfuerzo, no mediante un peaje sobre la carga sino a través de acuerdos comerciales y de inversión en territorio estadounidense. El mecanismo cambió, la lógica de fondo es la misma: Washington quiere que alguien pague por custodiar Ormuz.

La marcha atrás sobre el peaje no cambia el escenario operativo. El bloqueo está activo, los ataques continúan y el CENTCOM describió el entorno como "dinámico", una forma diplomática de decir que la situación puede escalar en cualquier momento. Las reservas disponibles de misiles Patriot en la región son más limitadas de lo que eran al inicio del conflicto, un detalle que los analistas militares vienen señalando como un factor de vulnerabilidad para los aliados estadounidenses en el Golfo.
Lo que el barril dice
El petróleo cerró este martes con su mayor alza diaria desde el inicio del conflicto. El Brent subió un 9,59% hasta los 83,80 dólares, y el WTI trepó un 9,42% hasta 78,14. Esos números reflejan lo que los mercados entienden con claridad: cada vez que Ormuz se complica, el precio del crudo sube, y cada vez que el precio del crudo sube, la ecuación de Vaca Muerta mejora.
El break-even de un pozo nuevo en la Cuenca Neuquina ronda los 40 dólares el barril. Con el Brent por encima de los 83, el margen es más que suficiente para justificar la aceleración de la actividad que la cuenca viene mostrando. Junio cerró con 2.760 etapas de fractura shale, récord histórico, y la producción nacional avanza hacia el millón de barriles diarios. La crisis en Ormuz no genera esa tendencia, pero la refuerza.

Irán no cede y la región se tensa
La respuesta militar iraní a la reanudación del bloqueo no se limitó a las declaraciones diplomáticas. La Guardia Revolucionaria lanzó ataques contra bases estadounidenses en la región, y Arabia Saudita reportó haber interceptado misiles hutíes en la mayor escalada en Yemen desde 2022, en lo que parece ser una extensión del conflicto hacia múltiples frentes simultáneos. El conflicto que empezó centrado en el estrecho se va derramando hacia el resto del Golfo.
Para los mercados energéticos, la pregunta ya no es si la crisis va a impactar en el precio del crudo sino por cuánto tiempo y hasta dónde. Para Vaca Muerta, que lleva meses acumulando récords de actividad e inversión, la respuesta importa pero no define el negocio. El estrecho puede cerrarse o abrirse. La roca sigue ahí.







