Neuquén formalizó algo que lleva tiempo cocinándose: cobrarle a la industria hidrocarburífera no convencional por el agua que usa, y premiar a quien la reutilice. A través, del Decreto 792/2026 el Gobierno Provincial fijó un canon por metro cúbico de agua captada para perforaciones de exploración y explotación, los usos U.2.2 y U.2.4 del Código de Agua, el monto es variable ajustado con el precio del crudo.
Esta medida no es solo un ajuste técnico de tarifas. Es una señal política de que el recurso hídrico pasó de ser un insumo invisible a una variable estratégica del modelo de desarrollo de Vaca Muerta.
El decreto ratifica la Disposición 260/2026 de la Subsecretaría de Recursos Hídricos, que fijó un canon por metro cúbico de agua captada para perforaciones de exploración y explotación no convencional que se indexa al precio del combustible Oil Grado 3 de YPF en Neuquén capital. De esta manera se vincula el consumo directamente al ciclo de la propia industria. Sube cuando el negocio va bien; cuando el barril cae, el canon también afloja. Una fórmula que intenta equilibrar señal económica con previsibilidad para los operadores.
Pero la novedad más relevante del decreto no está en el canon, sino en lo que viene después. El texto instruye a la Subsecretaría de Recursos Hídricos a diseñar un régimen de condiciones diferenciales para las empresas que, además de operar, incorporen esquemas de aprovechamiento complementario del agua captada: proyectos agropecuarios, forestales, industriales, ambientales o de interés social. Así, quien haga algo más con el agua que extrajo, pagará menos —o recibirá algún tipo de beneficio aún a definir.
Los números son elocuentes, según datos de la Secretaría de Energía de Neuquén, Vaca Muerta consume actualmente unos 4,5 millones de metros cúbicos de agua por mes —54 millones por año—, el equivalente al suministro anual de 108 mil hogares. Y si el ritmo de actividad continúa creciendo sin que aumente significativamente el reúso, ese volumen podría duplicarse en los próximos años. Los ríos Neuquén y Limay son hoy las fuentes principales. No son infinitos.

La industria ya sabe esto. La tendencia tecnológica viene empujando desde hace años hacia modelos que combinan agua fresca con reúso parcial del flowback, y la proyección apunta a operaciones que funcionen casi exclusivamente con agua de producción recirculada. El decreto no inventa esa tendencia: la reconoce y le pone precio al que se quede atrás.
Para la provincia, la movida tiene una lógica doble. Por un lado, es una herramienta de gestión ambiental genuina: reducir la presión sobre los recursos hídricos superficiales y subterráneos en un contexto de creciente demanda. Por el otro, es una fuente de ingresos adicional en un momento en que Neuquén está revisando hacia arriba prácticamente todos los instrumentos de captura de renta hidrocarburífera —regalías, cánones, bonos—. El agua entra en esa lista.
Lo que el decreto no resuelve todavía es la arquitectura concreta de los incentivos. El texto le encarga a la Subsecretaría de Recursos Hídricos elaborar los criterios de elegibilidad, los porcentajes mínimos de afectación del recurso y los mecanismos de verificación y control. Eso es trabajo por hacer. Y ahí estará la diferencia entre una política pública que cambia conductas y una declaración de buenas intenciones.
El próximo salto de competitividad en Vaca Muerta, dice la infografía que circula entre operadores y funcionarios, no estará en perforar más rápido ni en fracturar más etapas. Estará en producir más energía usando cada vez menos agua fresca. El gobierno neuquino acaba de decidir que esa transición no va a ocurrir sola.







