Entre el 2 y el 11 de julio, YPF bombeó sin parar durante 203 horas consecutivas en Bandurria, uno de sus bloques clave en Vaca Muerta. Más de ocho días y once horas de fractura hidráulica ininterrumpida, monitoreada de manera completamente remota desde el Real Time Integrated Center (RTIC) de la compañía, con cero incidentes y sin detener la operación en ningún momento. Horacio Marín lo anunció en su perfil de LinkedIn con una frase que resume el espíritu del logro: "Nos acerca aún más a los estándares del Permian".
El récord no es solo una marca operativa. Es la demostración práctica de que la fractura autónoma y remota funciona a escala real en Vaca Muerta. Operar 203 horas sin intervención humana directa en campo implica que los sistemas de control, los algoritmos de monitoreo y los equipos de soporte a distancia son capaces de sostener una operación de esa magnitud sin que nadie esté físicamente parado frente al equipo tomando decisiones en tiempo real. Es el estándar al que apunta la industria global y que el Permian viene desarrollando con años de ventaja.
El contexto del récord
Este récord, llegó en el mes en que YPF cerró el mejor semestre de fractura de su historia dentro de la cuenca: entre enero y junio, la compañía realizó 7.065 etapas, casi el 47% de las 14.958 etapas totales que registró la cuenca en ese período. La firma opera en ocho bloques de petróleo y gas dentro de la formación, con Loma Campana como el más activo del semestre con 1.846 etapas, seguido por Lajas Este con 1.594, La Caverna con 1.525 y La Amarga Chica con 1.237.

Ese volumen de actividad la ubica en una categoría propia dentro del shale argentino. La segunda operadora del semestre, Pluspetrol, realizó 1.797 etapas, menos de la cuarta parte de lo que hizo la estatal. Vista Energy quedó tercera con 1.545, seguida por Pampa Energía con 986 y Pan American Energy con 962.
Lo que significa la operación remota
La fractura hidráulica tradicional requiere la presencia de equipos y personal en el pozo durante toda la operación. Cada decisión sobre presión, caudal de bombeo o respuesta ante una anomalía se toma con ingenieros y técnicos en campo. El modelo que YPF probó en Bandurria invierte esa lógica: el RTIC, ubicado fuera del yacimiento, centraliza el monitoreo y el control de la operación, y los sistemas responden de manera autónoma a las variables que van surgiendo durante el bombeo.
Las ventajas son múltiples. Menos personal expuesto a condiciones de campo, mayor velocidad de respuesta ante desvíos, posibilidad de aplicar criterios de optimización en tiempo real y, sobre todo, la capacidad de sostener operaciones continuas sin las rotaciones y los tiempos muertos que implica el trabajo presencial. En el Permian, esta modalidad ya es parte del estándar operativo de las principales empresas. En Vaca Muerta, el récord de Bandurria marca el punto de partida de esa transición.
Junio cerró con 2.760 etapas de fractura shale, el mejor mes de la historia de la cuenca. Julio arrancó con 203 horas de bombeo continuo sin parar. La curva de eficiencia de la cuenca neuquina no muestra señales de aplanarse.







