Que Vaca Muerta genera dólares ya no está en discusión. Lo que sí genera debate entre los economistas es para qué se usan esos dólares, cuántos son genuinamente de exportación y qué pasa cuando el flujo cambie de dirección. Esas preguntas fueron el eje de un intercambio entre Guillermo Hang, ex director del Banco Central de la República Argentina, y Eduardo Setti, ex secretario de Finanzas, en el programa Ronda de Economistas que conduce +Perfil.
Hang fue el más crítico del enfoque actual. Su argumento no niega el aporte del sector energético sino que señala lo que falta. "Es toda la política económica muy cortoplacista vinculada a que entre dólares para que no suba el tipo de cambio y la estructura productiva argentina se resiente", dijo el economista, y fue claro sobre su postura: el petróleo y la minería están funcionando como proveedores de divisas y eso es positivo, pero la oportunidad de usar esos recursos para generar encadenamientos industriales, empleo calificado y conocimiento se está dejando pasar. La discusión, según Hang, debería ir más allá de la necesidad inmediata de estabilizar el tipo de cambio y avanzar hacia una estrategia de desarrollo que integre a la energía con el resto de la economía.
Los dólares que no son exportaciones
Setti introdujo un matiz que cambia la foto. Para el ex secretario de Finanzas, una parte importante de las divisas que hoy ingresan al sistema no proviene de exportaciones genuinas sino del endeudamiento empresarial. "La Argentina de hoy y la compra de divisas viene de dólares genuinos en una pequeña porción y gran parte de lo que hay hoy en las reservas vino de dólares de deuda", señaló.
El mecanismo que describe es el siguiente: el Estado tomó deuda para acumular reservas y luego se repitió un proceso similar a través del financiamiento que obtuvieron las empresas, especialmente las del sector energético, mediante la emisión de Obligaciones Negociables. Esos instrumentos les permiten a las compañías acceder a dólares en los mercados internacionales, pero generan compromisos que deberán ser afrontados en el futuro y en la misma moneda.
La diferencia que hace el proyecto
Setti reconoció que el contexto actual tiene una diferencia relevante respecto de otras épocas de endeudamiento empresarial: en el sector energético de hoy sobran proyectos con proyección para décadas. Pero eso no elimina el riesgo que señaló con precisión. "Esos flujos van y vienen. Hay momentos donde las condiciones están dadas para tomar deuda en el exterior y hay momentos donde no se puede tomar, y eso se da vuelta y solo es salida", advirtió.
La implicancia es directa. Si el flujo de dólares financieros se revirtiera, la presión sobre el tipo de cambio podría ser significativa. El ingreso de divisas que hoy estabiliza al mercado cambiario no depende solo de lo que Vaca Muerta produce sino también de lo que las empresas consiguen en los mercados de capitales internacionales, y esa segunda fuente es por definición más volátil que la primera.
La deuda que también se paga en dólares
Hang coincidió en señalar ese punto de atención. Las empresas que toman deuda en dólares hoy van a tener que pagarla en dólares mañana, y ese flujo de salida hay que contemplarlo en cualquier análisis de la situación cambiaria. También recordó su experiencia en el Banco Central durante 2020 y 2021, cuando existía brecha cambiaria y las empresas debían afrontar vencimientos de deuda externa. En ese contexto, algunas compañías optaron por cancelar sus obligaciones usando el tipo de cambio oficial, lo que mejoraba su situación patrimonial pero implicaba una salida de reservas para el BCRA. La alternativa tampoco era dejar que las empresas cayeran en default, porque eso generaba un problema crediticio que terminaba recayendo sobre el propio gobierno.
Un debate que vacamuerta.ar viene siguiendo
El intercambio entre Hang y Setti en RDEco llega en un momento en que el debate sobre qué hace la Argentina con el boom de Vaca Muerta ocupa cada vez más espacio en los análisis económicos. La advertencia del FMI sobre el síndrome holandés, el planteo del presidente de la CEPH Carlos Ormachea sobre que el sector no puede transformar al país solo, y el cuestionamiento del gobernador Figueroa sobre el 17% que el gobierno nacional se lleva sin retribuir a la provincia que produce son piezas del mismo rompecabezas que Hang y Setti abordan desde el ángulo macroeconómico.
La lectura de fondo que comparten, más allá de sus diferencias, es que el boom de Vaca Muerta no administra solo. Que haya dólares es bueno. Para qué se usan y cómo se gestiona lo que se debe en el futuro es la pregunta que el análisis no puede postergar.







