La detención de Nicolás Maduro marca el inicio de una nueva etapa en la política energética de América, desde Canadá hasta Argentina, y los primeros anuncios llegaron poco más de 48 horas después de que el líder socialista fuera detenido y trasladado a una prisión en New York. Para empezar, Donald Trump quien anunció que Venezuela entregará petróleo a Estados Unidos y él será quién los administrará, para más adelante queda un plan integral más amplio para reconstruir la industria.
El país sudamericano cuenta con la reservas más grandes de crudo del mundo y supo ser una potencia petrolera, pero la falta de inversión y la corrupción destruyeron el sector hidrocarburífero, que tenía un producto pesado, con alta densidad y contenido de azufre, difícil de refinar, pero abundante.
Este martes, en un comunicado a través de las redes sociales, el mandatario estadounidense dijo que Venezuela le entregará entre 30 y 50 millones de barriles de petróleo de alta calidad a Estados Unidos. “Este petróleo se venderá a su precio de mercado y yo, como Presidente de los Estados Unidos, controlaré ese dinero para garantizar que se utilice en beneficio del pueblo venezolano y de Estados Unidos“, afirmó.
Además, Trump indicó que el secretario de Energía, Chris Wright, fue instruido para implementar el plan de inmediato, que contempla el traslado del petróleo en buques de almacenamiento directamente a puertos estadounidenses.

Tras la operación militar que derivó en la captura del ahora expresidente, el mandatario estadounidense puso el foco en la recuperación de los activos hidrocarburíferos venezolanos y aseguró en su primera, y hasta ahora única, conferencia de prensa en la Casa Blanca, que la industria petrolera del país caribeño surgió gracias al capital y conocimiento de Estados Unidos, antes de sufrir procesos de expropiación.
Trump anticipó una intervención directa de su administración para garantizar una "transición segura". El plan contempla el desembarco de petroleras norteamericanas, las cuales invertirán miles de millones de dólares para reactivar instalaciones que hoy presentan un estado de deterioro avanzado. Este despliegue busca revertir la caída de una producción que hoy se ubica lejos de sus picos históricos.
El trasfondo histórico: concesiones y soberanía
La industria petrolera venezolana despegó en la década de 1920 mediante un sistema de concesiones. Empresas como Standard Oil (de la familia Rockefeller) lideraron la explotación en la zona del Lago de Maracaibo. Aquel esquema inicial permitió el crecimiento del sector bajo condiciones favorables para las firmas extranjeras, aunque siempre bajo la titularidad estatal del recurso.
A lo largo del siglo XX, el marco legal sumó regulaciones:
- Ley de Hidrocarburos (1943): estableció el principio de participación estatal del 50% en los beneficios y elevó las regalías.
- Nacionalización (1975): Carlos Andrés Pérez creó PDVSA, compensó a las operadoras internacionales y transformó su rol en prestadoras de servicios.
- Era Chávez (1999-2013): el Estado retomó el control mayoritario de los proyectos. Firmas como Chevron aceptaron las nuevas condiciones, mientras que ExxonMobil y ConocoPhillips abandonaron el país y recurrieron a tribunales internacionales.
Realidad productiva y deudas pendientes
Venezuela enfrenta en la actualidad un escenario de parálisis financiera. El país entró en cesación de pagos en 2017 y arrastra una deuda estimada en u$s 150.000 millones, que incluye compromisos tanto del Estado como de PDVSA. La producción, que supo alcanzar los 3,7 millones de barriles diarios, oscila actualmente en torno a los 800 mil.
Si bien el discurso de Washington vincula el desplome a la gestión de Maduro y la corrupción interna, el exmandatario señaló siempre a las sanciones económicas como la causa principal del quiebre operativo. Por su parte, historiadores y expertos citados por medios internacionales aclaran que, si bien el aporte técnico de EE. UU. resultó fundamental, el petróleo pertenece legalmente a Venezuela desde el inicio de la actividad y la mano de obra local sostuvo la operación de los yacimientos durante décadas.
El futuro judicial y energético
Mientras Maduro y Flores aguardan el avance de los cargos por narcotráfico en Nueva York, la disputa por el crudo vuelve al centro de la agenda. El gobierno de Estados Unidos mantiene un "bloqueo total" sobre buques sancionados y exige la devolución de recursos vinculados a la energía.
Para el sector hidrocarburífero regional, y especialmente para el ecosistema de Vaca Muerta, la posible reactivación de Venezuela bajo control estadounidense representa un cambio de paradigma en la oferta global de crudo pesado y en el flujo de inversiones directas hacia Sudamérica.
El precio, una variable de ajuste
El precio del barril de petróleo es la gran incógnita de la intervención de Estados Unidos en Venezuela. En un contexto con valores a la baja, tras un 2025 con una caída del 20% en sus dos cotizaciones, el futuro no parece tener noticias favorables para la industria. Se espera que si el crudo venezolano vuelve al mercado, haya una mayor oferta por lo que el precio caería un poco más, pero el impacto no será en el corto plazo.
En las primeras horas de operaciones, hubo una leve baja. El valor a futuro del barril Brent cedió 23 centavos, o un 0,4%, a 60,52 dólares, y el West Texas Intermediate en Estados Unidos restaban 21 centavos, o un 0,4%, a 57,11 dólares. Sin embargo, rápidamente ambos valores volvieron a resurgir y se ubican en 62,1 dólares y 58,18 dólares, respectivamente.







