Neuquén sigue reescribiendo la historia petrolera argentina. Los datos de cierre de mayo confirman lo que el sector viene anticipando desde hace meses: el shale ya no es una porción del negocio, es el negocio. Y la magnitud de la brecha con el convencional empieza a ser difícil de dimensionar con las categorías que usábamos hace apenas cinco años.
Los números tiene leves variaciones, según la medición, pero coinciden en un punto: el quinto mes de 2026 fue el mejor de la historia petrolera argentina. Según la consultora OPC, la producción nacional de petróleo llegó a 890.063 barriles diarios en junio. El IAPG, con su propia metodología, la ubica en 887.227. El Gobierno, a través de la Secretaría de Energía, reporta 903.000 bbl/d. Las tres fuentes coinciden en el orden de magnitud, con una dispersión menor al 2%, lo que da un piso razonablemente sólido para el análisis: la Argentina está produciendo, en el arranque del segundo semestre, cerca de 900.000 barriles de crudo por día.
De ese total, el no convencional, el shale de Vaca Muerta, aporta 626.170 barriles diarios. La cuenta que importa es la comparación con lo que queda: el convencional, la producción de las cuencas maduras que sostuvo al país durante décadas, quedó relegado a un rol cada vez más secundario. La brecha entre ambos segmentos es del 141%: el no convencional produce hoy más del doble que el convencional. Fueron 626 mil barriles diarios no convencionales y 263 mil convencionales a nivel país.
Es un dato que merece detenerse un segundo. Hace diez años, cuando YPF perforaba los primeros pozos piloto en Loma Campana, nadie en el sector hubiera apostado a esta velocidad de reemplazo. El convencional no desapareció, sigue sosteniendo cuencas como el Golfo San Jorge y buena parte del negocio en Río Negro, que ya empezó su migración, pero perdió la centralidad que tuvo desde los tiempos de YPF estatal.
El país creció un 19,49% en un año, comparando mayo de 2026 contra 2025, el no convencional lo hizo un 37,5% en ese periodo y Vaca Muerta un 30,95%. YPF saltó un 3,77%, pero aumentó un 31,8% su producción no convencional. Los datos no mienten.
Vaca Muerta explica casi 8 de cada 10 barriles
El otro dato de la foto de junio es todavía más contundente. La formación de Vaca Muerta aportó 692.981 barriles diarios, el 78% de la producción nacional total. Dicho de otro modo: casi ocho de cada diez barriles que se extraen en la Argentina hoy salen de un radio que no llega a cubrir el mapa de Neuquén. El 90% de la cuenca Neuquina es no convencional.
Esa concentración geográfica de la producción energética del país en una sola provincia no tiene antecedentes en la historia del petróleo argentino. Ni el Golfo San Jorge en su mejor momento, ni Salta con sus yacimientos convencionales, llegaron nunca a semejante peso relativo sobre el total nacional.

El envión no es casual: viene de la mano del récord de etapas de fractura que se viene reportando mes a mes, de la maduración de proyectos bajo el paraguas del RIGI —desde el VMOS hasta el Gasoducto Perito Moreno— y de una curva de aprendizaje que las operadoras (YPF a la cabeza, con Vista, Pluspetrol y Shell empujando fuerte) consolidaron en los últimos dos años. El acuerdo YPF-provincia sobre regalías y estabilidad fiscal, además, le dio previsibilidad a las inversiones justo en el momento en que el precio del crudo empezó a mostrar la volatilidad que trajo el nuevo escenario geopolítico.
El contraste no debería leerse solo en clave de éxito. Una brecha del 141% también es un llamado de atención sobre el futuro de las cuencas convencionales, con implicancias directas para el empleo y el entramado de proveedores que se armó alrededor de esa actividad durante generaciones. La transición ya está en marcha; la pregunta que le queda pendiente al sector es qué tan ordenada puede ser.
Con el segundo semestre recién arrancando y la curva de producción sin señales de meseta, todo indica que esta brecha va a seguir ampliándose antes de estabilizarse.







