Durante años, la industria del petróleo y el gas midió sus emisiones de metano igual que un hotel, una cementera o un shopping calculan su huella de carbono: con una fórmula. Se cuenta la cantidad de válvulas, tanques, compresores y demás equipos de una instalación, se le asigna a cada uno un porcentaje estándar de pérdida y se multiplica por el volumen de gas o petróleo que circula. El resultado es un número prolijo, aceptado internacionalmente y respaldado por las buenas prácticas del sector. El problema, hasta hoy, es que nadie fue a comprobarlo.
En Vaca Muerta eso empezó a cambiar. Nuevas reglas y nuevas tecnologías, llevó a que las operadoras busquen mediciones reales en sus yacimientos y plantas, y los resultados confirman lo que los especialistas sospechaban: las estimaciones tienen un margen de error alto, para un lado y para el otro, a veces los datos son sorpresivamente mejores, otras peores.
El caso de las antorchas es el más ilustrativo. Por defecto, la industria asume que un flare quema el 98% del gas que recibe y que el 2% restante se escapa a la atmósfera como metano sin combustionar. En 2025, una campaña sobre 16 antorchas de la cuenca arrojó una eficiencia promedio del 98,8%. La diferencia no es menor, en lugar de escaparse el 2%, lo hace el 1,2%, las emisiones reales de esas antorchas son un 40% más bajas de lo que las operadoras venían declarando. La medición se hizo con tecnología certificada en la Unión Europea, una herramienta que hace cinco años no existía en ninguna parte del mundo y que hoy ofrecen apenas un puñado de compañías en el continente. El futuro está llegando.

El camino inverso también existe. En una planta de procesamiento de Vaca Muerta, un relevamiento interno de pérdidas fugitivas y venteos operativos detectó un volumen determinado de emisiones, que al medir la instalación completa desde el aire, con un dron equipado con sensores, dio un resultado preocupante: exactamente el doble.
La diferencia tenía explicación: un venteo vinculado a tareas de mantenimiento que no figuraba en las declaraciones y que la propia operadora desconocía. Fuentes del sector aclaran que las empresas no trabajan a ciegas, sino con los métodos que fija la normativa. Pero esos métodos tienen un grado de incertidumbre que solo se reduce yendo al campo. No se trata de un error o mala praxis, sino de falta de precisión, que es lo que la industria está empezando a cambiar.
Otra buena noticia de las mediciones en la cuenca es que, según los relevamientos aéreos, en distintas regiones productoras del mundo Vaca Muerta tiene una intensidad de emisiones (el metano emitido por unidad de hidrocarburo producido) más baja que el Permian de Estados Unidos y que la mayoría de las operaciones onshore del planeta.
La explicación está en su desarrollo. El shale neuquino es relativamente nuevo, apenas 15 años desde el inicio, y las instalaciones nuevas performan mejor, con menores pérdidas que las más viejas. Cuando Estados Unidos lanzó su revolución no convencional, a mediados de la década de 2000, el control de emisiones no estaba en la agenda de nadie. Vaca Muerta arrancó con ese conocimiento ya incorporado.
Viento a favor
El gas que no se evacua, se quema. En esa afirmación hay algo de verdad, pero bastante de imprecisión y está dada por la diferencia entre ventear y quemar. El venteo libera metano puro, un gas con un poder de calentamiento muy superior al del dióxido de carbono. La quema en antorcha, en cambio, convierte casi todo ese metano en dióxido de carbono, que si bien no es inocua, tiene un impacto climático mucho menor.

Ninguna de las dos prácticas es gratuita. Los venteos deben medirse con caudalímetros y declararse ante la provincia, y la quema figura en las declaraciones juradas como "venteo caliente". La provincia cruza esa información con lecturas satelitales que detectan si una antorcha está encendida o apagada. Y como el gas es un recurso provincial, quemarlo o ventearlo sin justificación implica no pagar regalías por el producto, ya que no se vendió; y por lo tanto exponerse a multas que, en casos recientes, alcanzaron cifras millonarias en dólares.
La regulación neuquina: precisión antes que metas
La regulación de Neuquén no tiene un objetivo punitivo, sino que está orientada en primera instancia al conocimiento, a la recolección de datos y precisiones, que permitan conocer el estado de situación y a partir de allí mejorar. Una de las principales cualidades es haber construido de manera gradual y en diálogo con las operadoras sus estándares y regulaciones.
El esquema tiene tres pasos. Primero, la provincia pidió a las empresas una declaración inicial para fijar una línea de base. Después, estableció un procedimiento común para que todas declaren con los mismos criterios, y la primera presentación bajo ese procedimiento, correspondiente a 2025, venció a fin de mes. Por último, definió cinco niveles de reporte, que van desde un cálculo básico hasta una medición de máxima precisión con conciliaciones (verificaciones) aéreas. Para 2030, los grandes productores deberán alcanzar el nivel cuatro y los de menor producción, el nivel tres. El modelo toma como referencia la normativa europea.

Las reglas todavía no están establecidas y su definición depende de estándares internacionales. La Unión Europea, principal referencia y potencial mercado, aún no estableció sus valores de referencias de intensidad, por lo que la exigencia pasa por declarar cada vez mejor y por sostener campañas periódicas de detección y reparación de fugas.
Una de los interrogantes más comunes en el sector es cuánto medir. Medir todo no es posible ni necesario. Con una metodología que combine distintos tipos de mediciones representativas, los especialistas estiman que se puede cubrir en campo más de la mitad del volumen total de emisiones, suficiente para bajar drásticamente la incertidumbre.
Medir, medir y medir
Una de las empresas que empujan el cambio de las estimaciones a la medición real es MES, Make Energy Sustainable. La firma trabaja con productoras de Vaca Muerta con el objetivo de garantizar un desarrollo más sustentable, con dos focos: la medición de emisiones de metano y el monitoreo remoto con inteligencia artificial.
La empresa nació de una demanda concreta. Su fundador, Francisco Diaz Telli, ingeniero industrial con especialidad en mecánica recibido en Francia, comenzó su carrera en la industria petrolera y empezó a trabajar en emisiones a principios de la década. En el contacto con las operadoras apareció siempre el mismo reclamo: necesitaban más. "Querían meterse dentro de las plantas, medir la combustión y revisar cada equipo. Ante la falta de un proveedor que ofreciera el paquete completo, comenzamos a armarlo", contó a VacaMuerta.ar.

Hoy MES ofrece una tecnología específica para cada problema. Desde la medición de la eficiencia de quema de los flares, la detección de pérdidas fugitivas dentro de las plantas, la evaluación de la eficiencia de combustión de los compresores, hasta herramientas para relevar ductos y monitorear instalaciones de forma permanente.
"La pieza más ambiciosa es un desarrollo propio: un sistema de medición con dron que releva una instalación completa y permite certificar el nivel cinco, el de máxima precisión, que contempla la normativa provincial. El hardware es estándar del mercado. Lo que se desarrolló para Vaca Muerta es el software y el esquema operativo", agregó Diaz Telli y agregó que la tecnología compite con otras siete en el mundo, todas del hemisferio norte, con desarrollos en Canadá, Estados Unidos, Dinamarca, Noruega y Francia.
Esas compañías operan con el sensor, el personal calificado y el procesamiento de datos en otro país, un modelo costoso para una operación en la Patagonia. La alternativa local ya se aplicó con éxito en la cuenca, aunque solo con operadoras proactivas, porque la normativa todavía no exige ese nivel de certificación.
MES trabaja con diferentes operadoras locales y desarrollos adaptables para cada objetivo y con estándares internacionales. Díaz Telli está convencido de que “las mejores decisiones se toman con los mejores datos, y por lo tanto, entender con claridad lo que sucede en la operación es imperioso para tener una operación segura y eficiente” por eso, su próximo paso es crecer con el monitoreo remoto con videoanalítica. Un especie de panóptico, que con una cámara en el medio del yacimiento y algoritmos de inteligencia artificial puede detectar todo tipo de situaciones. Desde condiciones operativas en un pozo, puntos de acceso a la planta, control de personal, de cargas, etc, con una plataforma para armar flujos de procesamiento ágiles y nuevos módulos dependiendo del caso que corresponda.







