La historia laboral de Cristina se construyó en los márgenes del sistema formal: primero como niñera, después en el comercio, siempre en negro. Sin aportes, sin obra social, sin la posibilidad concreta de jubilarse algún día. Ese horizonte, que para muchos es un trámite burocrático, para ella era un sueño postergado que el mercado laboral de Sierra Grande no le ofrecía la manera de alcanzar.
Hace tres meses llegó al VMOS y con eso llegaron también, por primera vez, las dos cosas que siempre le faltaron: un trabajo registrado y un oficio que no sabía que iba a gustarle.
Vigas, planchas y discos numerados
El trabajo que hace Cristina dentro del proyecto no es cualquier tarea. Forma parte del equipo que monta los domos de los tanques de almacenamiento de petróleo que se construyen en la terminal de Punta Colorada, la estructura que recibirá el crudo que llegará desde Vaca Muerta a través de 437 kilómetros de oleoducto. Esos domos son techos geodésicos de aluminio que pesan decenas de toneladas y que se arman con una precisión que no admite improvisación.

"Cada viga tiene su número, cada plancha tiene su número, igual que los discos que llevan los platos. Todo eso va unido con pernos y tornillos", explica con la naturalidad de quien ya incorporó ese vocabulario a su manera de hablar del trabajo. Tres meses atrás no sabía lo que era una viga de techo industrial ni cómo se leía la numeración de una plancha de aluminio. Hoy lo hace con una precisión que convence.
La curva de aprendizaje fue empinada pero no la abrumó. "Es algo nuevo, me interesa, me gusta lo que hago", dice, y en esa frase hay algo más que satisfacción laboral: hay alguien que encontró un lugar donde encajar después de años en trabajos que no dejaban huella.
La maestranza y la vuelta al techo
En un momento, la empresa la asignó al área de maestranza, el trabajo de limpieza y mantenimiento general de las instalaciones. Cristina lo hizo, pero cuando tuvo la oportunidad de volver al montaje de techos, volvió.

Esa elección dice algo sobre ella. No eligió el camino más fácil ni el más conocido. Eligió el que le resultaba más interesante, aunque fuera más exigente. El domo de un tanque de 82 metros de diámetro y 35 metros de altura no se arma solo, y las personas que lo hacen necesitan concentración, precisión y capacidad de trabajo en altura.
Lo que el VMOS le da que el comercio nunca pudo
La razón profunda por la que esta mujer quiso entrar al proyecto no fue el sueldo ni el prestigio. Fue algo más concreto y más urgente: quería un trabajo en blanco. "Siempre fui empleada de comercio, siempre fui en negro. Quería un trabajo en blanco para tener aportes y poder jubilarme algún día", explica, y en esa frase está toda la vida de alguien que trabajó durante años sin que ese trabajo quedara registrado en ningún lado.

La informalidad laboral en el comercio minorista de ciudades pequeñas como Sierra Grande es un problema estructural que el boom de Vaca Muerta no resuelve de manera automática. Pero la Ley 80/20 que el gobernador Alberto Weretilneck impulsó en Río Negro, que obliga a las empresas que operan en proyectos estratégicos a contratar al menos el 80% de su personal entre residentes rionegrinos, abrió una ventana para que personas como Cristina pudieran acceder a empleos formales que el mercado local no generaba.
El impacto que eso tiene en su vida cotidiana no es abstracto. "Estoy feliz porque aparte de ayudarme a mí, puedo ayudar a mi familia", dice. Un trabajo en blanco no es solo un recibo de sueldo. Es cobertura de salud, es aporte jubilatorio, es la posibilidad de planificar un futuro que antes no tenía horizonte.
Sierra Grande y el VMOS
Cristina es la cuarta persona de Sierra Grande que aparece en esta serie de historias del VMOS. Antes de ella llegaron Fernanda Giordana, ingeniera en Biotecnología que hoy gestiona el medio ambiente en la terminal de Punta Colorada; Nahiara Antonio, técnica química que trabaja como operadora de campo; y Martín Gómez, que antes estaba en atención al público y será parte del equipo que llene el primer tanque de petróleo exportable.
Cuatro historias distintas, cuatro trayectorias previas diferentes, el mismo punto de llegada: una obra a pocos kilómetros de sus casas que les ofrece lo que Sierra Grande nunca había podido darles.







