El precio del barril de petróleo se mantiene en una tensa calma a la espera de que Estados Unidos e Irán acuerden la reapertura del estrecho de Ormuz, por donde circula el 25% de los hidrocarburos del mundo y que funciona como el camino obligado para sacar la producción de Medio Oriente a Asia.
Desde el viernes pasado, las cotizaciones del crudo entraron en un espiral descendente que la llevaron a perforar los 80 dólares, luego de superar la semana pasada los USD 100. El alza se debió a los ataques entre Washington y Teherán, mientras que el retroceso a las negociaciones de paz.
Este jueves, el barril Brent, de referencia mundial, se vende en el mercado de futuros de octubre a 80 dólares, mientras que el WTI norteamericano lo hace apenas por encima de los 75 dólares. En ambos casos, la estabilidad se debe a la posibilidad de la reapertura del estrecho de Ormuz.

La situación
El estrecho de Ormuz volvió a ocupar un lugar central en la agenda energética internacional debido a las tensiones geopolíticas en Medio Oriente y su impacto sobre el mercado del petróleo. Ubicado entre Irán y Omán, este corredor marítimo conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico. Por allí transita alrededor del 20% del petróleo que se comercializa en el mundo por vía marítima, además de importantes volúmenes de gas natural licuado (GNL), lo que lo convierte en uno de los puntos más sensibles del sistema energético global.
La relevancia del estrecho radica en que es la principal vía de salida para la producción de grandes exportadores de hidrocarburos como Arabia Saudita, Irak, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Qatar e Irán. Cualquier interrupción del tránsito marítimo puede generar demoras en el suministro y una rápida reacción en los precios internacionales del crudo.
En los últimos meses, las tensiones entre Irán, Estados Unidos e Israel derivaron en una fuerte reducción del tráfico de buques por la zona, impulsando la volatilidad del mercado petrolero. Aunque continúan las negociaciones para restablecer la navegación con normalidad, la situación sigue siendo observada de cerca por gobiernos, productores y operadores energéticos de todo el mundo.
Para la industria energética, el estrecho de Ormuz representa uno de los principales "cuellos de botella" del comercio global de hidrocarburos. Cada episodio de inestabilidad en la región suele traducirse en mayores costos logísticos, incrementos en los seguros marítimos y presión alcista sobre el precio del barril, con efectos que pueden extenderse a la inflación y a los costos de la energía a nivel mundial.







