La baja de la nafta que muchos esperaban no va a llegar, al menos por ahora. Horacio Marín fue directo en declaraciones a Radio Rivadavia: "Todavía no llegamos al valor de equilibrio para bajar el precio de las naftas" y agregó que, con los precios actuales del barril, "se dilata más". La razón es el rebote del crudo internacional que trajo la reanudación del conflicto en el estrecho de Ormuz, que volvió a alejar a la industria del punto de equilibrio que se venía persiguiendo desde hace meses.
Para entender por qué la nafta no baja cuando el mercado lo esperaba, hay que entender el mecanismo que las refinadoras implementaron durante los meses más calientes de la guerra en Medio Oriente. Cuando el Brent se disparó hacia los 110 dólares o más, la industria refinadora decidió no trasladar la totalidad de ese aumento a los surtidores. Absorbió una parte del costo para evitar que un traslado directo golpeara con más fuerza sobre la inflación. Ese colchón se conoce como buffer de precios. "Decidimos hacer un buffer de precios donde no subimos todo lo que había que subir y cuando bajaba compensábamos", explicó el propio Marín.
La lógica del buffer y su costo
El buffer funciona en las dos direcciones. Cuando el barril sube fuerte, las refinadoras contienen parte del aumento. Pero cuando el barril baja, no trasladan esa baja de manera inmediata: usan ese margen para recuperar lo que absorbieron durante la fase alcista. Es un mecanismo de amortiguación intertemporal que protege al consumidor de los picos más altos pero también posterga el beneficio de las bajas.
Durante las semanas en que el alto el fuego entre Estados Unidos e Irán generó expectativas de normalización, el Brent llegó a caer por debajo de los 70 dólares, incluso por debajo de los valores previos al inicio de las hostilidades. En ese momento muchos analistas anticiparon una corrección en las pizarras locales. Pero como los aumentos durante el pico del conflicto habían quedado retrasados frente al costo real de reposición, ese período de precios bajos fue absorbido por las refinadoras para equilibrar sus cuentas, no para bajar el surtidor.
Cuando el conflicto se reavivó y el Brent volvió a trepar hacia los 85 dólares, la ventana de oportunidad se cerró. Los márgenes que se habían recuperado de forma gradual durante la breve tregua quedaron otra vez comprometidos. El equilibrio que habilitaría una baja se volvió a alejar.
El millón de barriles y la mirada larga
Más allá de la coyuntura de los combustibles, Marín aprovechó la misma entrevista para ratificar dos proyecciones que marcan el horizonte de YPF. La primera es que hacia fin de año la Argentina podría alcanzar el millón de barriles de petróleo diarios, una marca que hasta hace pocos años parecía fuera de alcance. La segunda es que ese volumen de producción está pensado para convertirse en exportaciones entre 2031 y 2032, cuando la infraestructura de evacuación y las terminales de GNL estén plenamente operativas.
En ese marco, Marín volvió a posicionar a Vaca Muerta como un activo de primer nivel en el mapa energético global, con un argumento que combina calidad y geopolítica: "Somos un lugar apetecible porque Vaca Muerta es una roca de calidad superior a las americanas y somos un lugar de suministro seguro". En un contexto donde Ormuz concentra la tensión del comercio energético mundial, la condición de suministro seguro que ofrece la Patagonia vale cada vez más.







