Los anuncios van y vienen, serpentean por la columna vertebral de una Vaca Muerta que cambió los engranajes de la economía doméstica. Es eso lo que ha pasado: en un par de años, y como ocurrió hace décadas atrás, la energía vuelve a ofrecerle una oportunidad a la vapuleada economía argentina, en una suerte de mutación de paradigma donde las provincias hermanas Neuquén y Río Negro se hacen eje central.
Esta transformación, que tiene mucho de presente pero más de futuro, se produce por la inyección “anímica” que provoca los últimos dos años de producción en la roca más importante del país.
No sólo por eso, está claro. También porque la industria, y particularmente las empresas que operan en Vaca Muerta, se volvieron lo suficientemente eficientes como para competir con lo mejor del mundo en este “deporte” del Oil&Gas. Para el caso, el 2023 fue bisagra en términos de números y producción, y el 2024 cerrará con un superávit comercial superior a los 5.000 millones de dólares sólo por cuenta y orden de la cuenca neuquina.
Todos escenarios exitosos que ocurrieron en un contexto de batallas electoralistas, fragilidad macroeconómica, desequilibrios financieros, riesgo país y desconfianza generalizada en nuestra bendita Argentina, con la salida de un gobierno peronista-progresista y la irrupción de la primera experiencia en la historia mundial de la primera experiencia anarcocapitalista.
Javier Milei, economista y outsider, aterrizó en el sillón de Rivadavia con la motosierra, una fuerza política escuálida y con medidas que afloran calificativos (según el gusto del consumidor) como “históricas” o “brutales”. Equilibró la balanza financiera, logró bajar la inflación y lanzó un paquete de leyes que fueron un canto de sirenas para muchos empresarios (RIGI, como punta de lanza, y flexibilizaciones laborales).
¿Logró confianza en el sector para traccionar los miles de millones de dólares que se necesitan invertir para poner a caminar la Vaca a paso acelerado, a un ritmo que definitivamente coloque a este territorio en la benemérita lista de países petroleros?
“Hay cierta algarabía en la industria, pero más en las empresas locales y de servicios que en las grandes. Las compañías productoras y las locales buscan acomodarse de la mejor manera para lo que viene en Vaca Muerta, pero eso no quiere decir que exista confianza y vengan a enterrar, de buenas a primeras, miles de millones de dólares en el upstream”, explica a este escriba un ex funcionario de primer nivel de la secretaría de Energía nacional.
Quizá la médula espinal del problema económico argentino, a grandes trazos, lo dejó al descubierto de manera quirúrgica la prestigiosa economista Marina Dal Poggetto, durante una entrevista de la semana a una radio porteña. “Argentina es un país cíclico, donde se alternan períodos de apertura de la economía con cierres y cepos. Entonces, todos los empresarios, de afuera y también los de acá, tienen hace décadas una sola forma de ver las cosas: cuando la economía está cerrada, no les queda otra que reinvertir todo el flujo de fondos que tuvieron y cuando se abre, ven la oportunidad y se las toman (sacan sus capitales del país). Claramente la clave para terminar con todo esto y crecer es mediante un esquema macroeconómico que genere confianza y te alargue el escenario de inversiones. Por ahora, seguimos en la discusión de si alguna vez va a pasar o no”.
En un país que desde la última dictadura militar se volvió “bimonetario”, como le encanta repetir a CFK, ¿se logrará romper alguna vez con ese obstáculo estructural que padece la economía nacional? ¿Hay posibilidades que el crecimiento sea sostenido en el tiempo, y no una suerte de escenario espasmódico que se produce de vez en cuando?
Todos los días, en una suerte de carrera informativa, la industria genera noticias positivas para el país. Las consultoras, con y sin “pedigree” en este ambiente técnico y específico, construyen análisis, informes y estadísticas que no hacen más que abonar el vergel que significa hoy el sector energético en general. Los “brotes verdes” que están, y los que llegarán. Una nueva Pampa Húmeda que se está gestando, se dice y repite, con epicentro en la ya no tan postergada Añelo, y con nuevos satélites rionegrinos.
Durante la última semana, los medios de todo el país festejaron la alianza de Shell con YPF en el mega proyecto de licuefacción del gas de Vaca Muerta, que llegará a las costas de Punta Colorada; exaltaron la conformación de una nueva sociedad entre 7 empresas de primer nivel para transformar en realidad el proyecto Vaca Muerta Sur; realzaron que Pluspetrol le puso el moño a la compra de los activos de ExxonMobil en el potente Bajo del Choique; y no fueron pocos los que sacaron bombos y platillos para hacer proyección a futuros y estimar que, de acá a menos de 5 años, Vaca Muerta generará un superávit comercial similar al del campo, de unos 30.000 millones de dólares.

Es cierto que, caminando por senderos esperanzadores, los números proyectados de hoy al futuro podrían estar cercanos a ese panorama que para cualquier gobernante sonaría a celestial, en un país que sufre como pocos cuando la escasez de dólares arrecia.
Eso si nada cambia. Y el si nada cambia tiene que ver con mantener las tasas de crecimiento y producción, esperando para que en marzo próximo se inaugura el gran proyecto de Oldelval (el caño “Duplicar Plus”, que pasará de 56.000 metros cúbicos a 86.000 metros cúbicos de petróleo), y suponiendo que de acá a un par de años el sueño más deseado por el gobernador rionegrino Alberto Weretilneck (al menos en la etapa de los buques flotando en el mar) se hará realidad en las costas de Punta Colorada con el gas licuado.
El primer gran salto de la industria lo dio el petróleo desde el año pasado y el segundo gran salto llegará con el gas. La realidad es que sólo ocurrirá si este país se vuelve definitivamente confiable, porque las empresas internacionales sólo entienden de reglas universales a la hora de los grandes financiamientos
Eso si el barril de petróleo a nivel local sigue costando valores similares a lo que cotiza fronteras afuera, y si en el mundo no ocurre nada que quiebre ese estado de cosas. Eso si las compañías no sólo continúan invirtiendo en Vaca Muerta, si no que hacen crecer el desembolso en un porcentaje que permita conectar más y más pozos en las entrañas neuquinas. Todo eso si se terminan los oleoductos comprometidos, se construyen “puentes” firmes de exportación con los países de la región (Neuquén inició nuevas conversaciones con Chile para llevar nuevamente gas, para el caso) y se mejora la infraestructura que permite conectar el epicentro del no convencional, dado que las rutas están literalmente destruidas.
El esfuerzo de los últimos años ha sido (salvo por la experiencia YPF y su tracción inigualable en nuestro país) de los privados, quienes reconfiguraron la industria, la volvieron más eficiente y competitiva. “Hoy se refinan 500.000 barriles días, y con las nuevas obras el salto será exponencial. El primer gran salto de la industria lo dio el petróleo desde el año pasado y en el mejor de los casos, el segundo gran salto llegará con el gas, pero estimo que será desde la próxima década. Ahora, la realidad es que sólo ocurrirá si este país se vuelve definitivamente confiable, porque las empresas internacionales sólo entienden de reglas universales a la hora de los grandes financiamientos. Se manejan con las mismas reglas en Estados Unidos y en Shanghai. Y son muchas las que ya no soportan las ‘excepcionalidades’ de los argentinos”.
Cuando dice ‘excepcionalidades’, el funcionario neuquino que dialoga con el editorialista pone énfasis en la palabra, la acentúa en una frase a la que intenta darle relieve. Habla, sin decirlo, del control de capitales, de la defensa a ultranza que ha hecho del cepo un gobierno anarcocapitalista que llegó con la promesa de borrarlo del mapa, pero que se terminó enamorando de ese cerrojo que actuó de látigo para domar y mantener controlada la bestia inflacionaria, pero que generó también contracción en diferentes sectores de la economía.
El cepo es un arma de doble filo: permitió bajar la inflación que corría a dos dígitos, hasta un nivel de entre el 2 y el 3%, y también que las empresas (impedidas de sacar dólares en más del 20%) dispongan el flujo de caja para realizar inversiones en infraestructura. Ahora bien, hace décadas que no se registra el ingreso de una compañía de esas que juegan en las grandes ligas planetarias al mundillo de la energía, lo que hace pensar que faltan condiciones, y que con programas como el RIGI o medidas como el blanqueo de capitales, no alcanza. “Para el salto definitivo, para transformarte de un país que exporta petróleo, a un país petrolero, para que Vaca Muerta despegue definitivamente, es necesario verdadero financiamiento extranjero, y eso no ocurrirá mientras existan obstáculos tan importantes como el cepo”, reconoce vía telefónica el ex funcionario nacional que ahora tiene vínculos muy cercanos con los gobiernos de por aquí.
Con todas las condiciones dadas, con los actores de diferentes niveles del Oil&Gas sabiendo que Vaca Muerta es “una oportunidad única”, con el sector alineado y competitivo, el gran interrogante pasa por saber qué hará la política, qué respuestas encontrará para construir un campo fértil y de crecimiento permanente logrando un sensato equilibrio entre la macro y la microeconomía, construyendo seguridad jurídica y gobernabilidad, hallando las coordenadas para salir del atolladero del control de capital sin fuga de capitales, y manteniendo domada a la bestia inflacionaria.







