La que pasó fue una gran semana para el Alberto rionegrino, porque consiguió éxitos en la audiencia pública que se desarrolló en San Antonio Este (por el proyecto de GNL que ilusiona con inversiones de 50.000 millones de dólares), se diferenció de Nación al anunciar que ingresará en la Legislatura un proyecto de “Ficha Limpia” (cosa que por ahora no hizo) y recibió la grata noticia de que ya hay definiciones en la construcción de los dos tramos del Vaca Muerta Oleoducto Sur (lo haría la UTE Techint Ingeniería y Construcción y Sacde), que desandará el camino de Allen a la costa atlántica rionegrina, con dos estaciones de bombeo (en Allen y Chelforó). Como bonus track, obtuvo un crédito de varios millones de dólares del Banco de Desarrollo de América Latina y el Caribe, para obras consideradas estratégicas.
Con una matriz provincial históricamente definida por la producción primaria (agrícola, ganadera, pesquera), con alguna dosis importante de turismo, desde hace muchos años que Weretilneck tiene una fijación: ser el artífice de un big bang en el orden de desarrollo económico de Río Negro, transformar y ampliar la estructura productiva, redefinir el ADN de una provincia que siempre fue a la cola en un país al que le cuesta ser realmente federal.
Pocos seres existen en el mundillo de la política con tanto pragmatismo como el Brujo, apodo que obtuvo porque, por esas cosas del destino, sus potenciales rivales siempre terminan cayendo en alguna “desgracia”. Afiliado al Frente Grande pero parido políticamente en un partido vecinalista de Cipolletti que formó el extinto Rudy Salto, Weretilneck ocupó algunos cargos en la municipalidad cipoleña, fue determinante en Gobierno y Servicios Públicos durante las gestiones de Julio Arriaga (fallecido), ganó las elecciones y asumió en 2003. Reelecto jefe comunal en la ciudad que lo adoptó, en 2011 armó fórmula con el peronista Carlos Soria, tándem con el que pegaron el batacazo para terminar con casi tres décadas de hegemonía radical.
El homicidio del Gringo a manos de su esposa, Susana Freidoz, en ese Año Nuevo fatídico lo empujó al sillón que tanto deseaba en silencio, y desde ahí su cintura política comenzó a tomar relieve. La habilidad propia para la estrategia hizo que pudiese no sólo sobrevivir en un ámbito hostil, sin cuadros y funcionarios propios, sino que además se fortaleció, construyó poder a partir de un fuerte pacto con el inefable Miguel Pichetto (que hoy mantiene), y se convirtió en el hombre más poderoso del territorio.
Siempre miró hacia Neuquén Weretilneck, pergeñando su propio partido, modelando su MPN rionegrino en una cabeza que jamás descansa. Los 4 años de Arabela Carrera en la gobernación (a la que eligió entre gallos y medianoche después de perder la batalla legal para reformar la Constitución en busca de una re-re que no se produjo) le permitieron conocer al detalle la rosca legislativa grande, bien adentro y de manera directa desde una bancada en el Senado donde jugó generalmente las fichas para el oficialismo progresista, aliado de Cristina Kirchner y algo alejado de un Mauricio Macri con quien hizo migas en los primeros años de gobierno, pero con el que quebró relación justamente por un proyecto energético: la quinta planta nuclear, que estaba planificada construirse en Sierra Grande, una de las localidades más relegadas de la provincia, que fue minera y cayó en desgracia con la salida de los capitales chinos.
Las costas rionegrinas son deseadas desde siempre, y no sólo por la calidez de sus aguas y la belleza y amplitud de sus playas. Los proyectos en todo lo vinculado a energía es lo que verdaderamente siempre importó. Al menos al gobernador. Como ahora con los imponentes proyectos de GNL que logró a pura muñeca en un puñado de meses, Weretilneck también estaba convencido hace años atrás que la planta nuclear era un enorme desafío, escenario de negocios y progreso para la provincia.
Tanto es así, que apoyó a viva voz la iniciativa de Macri y Juan José Aranguren -otrora ministro de Energía-, viajó a China en mayo de 2017 con la comitiva argentina, presenció la firma del contrato general para la construcción de las centrales nucleares entre los presidentes de las empresas NASA y CNNC y luego visitó con el entonces subsecretario de Energía Nuclear, Julián Gadano, la ciudad de Fuquing donde CNNC levantaba una central nuclear de III Generación (+) similar a la que se pensaba para Sierra Grande.

Todo cambió unos meses más tarde, porque en las legislativas de mediano término los rionegrinos le dieron la espalda -muchos empujados por el NO a lo nuclear-, su partido quedó en tercer lugar y Weretilneck, en un giro inesperado y estratégico, decidió dar vuelta la página y cancelar el proyecto chino. A las semanas, la Legislatura (con amplia mayoría oficial) aprobó la ley que hasta hoy prohíbe la instalación de una central nuclear en el territorio provincial, y con eso terminó de sepultar la relación con Macri, que tuvo que darle explicaciones al presidente Xi Jinping por la rotura del preacuerdo ya firmado.
Weretilneck “es una de mis grandes desilusiones. Aposté por ayudarle a poner a Río Negro en el mundo, de realmente construir un Estado al servicio de la gente y hoy ha demostrado que es parte de la vieja política, aliado del kirchnerismo”, espetó allá por enero de 2023 un Macri en plena campaña electoral, que aún no se daba por vencido y soñaba con postularse. Lo hizo en el aeropuerto de Bariloche, visiblemente ofuscado. La bronca aún le duraba a Macri 6 años después, y sus deseos no se cumplieron porque Weretilneck volvió a surgir de las cenizas.
Hizo un pacto con gobernador patagónicos para “pelear” por los derechos sureños y pactó alianza de sangre con Rolando Figueroa
Sin demasiado apego por las ideologías y los límites históricos-partidistas, en las últimas elecciones el mandatario hizo un gran acuerdo con peronistas, radicales, vecinalistas para vencer a Aníbal Tortoriello, delfín de Macri. Apoyó con fuerza la candidatura de Sergio Massa, a quien le dio una enorme y jugado recibimiento proselitista en Cipolletti. Se despegó y criticó durante los primeros meses del año a Javier Milei por los recortes y la motosierra, hizo un pacto con gobernador patagónicos para “pelear” por los derechos sureños y pactó alianza de sangre con Rolando Figueroa, por las hidroeléctricas y las maravillosas potencialidades de Vaca Muerta.
De nuevo en el poder, no tuvo problemas en darle la espalda al senador kirchnerista Martín Doñate, quien lo ayudó (y mucho) para el triunfo electoral. Tampoco pruritos para primerear a Axel Kicillof, con quien hizo campaña a favor de Massa, para ser el primer mandatario en subirse al caballo del RIGI y obtener un premio con el que siempre soñó: lograr exportar gas y petróleo desde las costas rionegrinas, aliándose ahora sí (aunque algo distante) con un mileismo que cambió le votos a la ley Bases por ese megaproyecto energético (además de liberarle fondo necesarios que a otras provincias no).
Así, con astucia, estrategia y una enorme dosis de pragmatismo, Weretilneck subió definitivamente a Río Negro al tren bala Vaca Muerta, algo que venía proyectando hace mucho tiempo.
“Alberto desde un primer momento tuvo claro la importancia de Energía para la provincia. Su acuerdo con el ‘Gringo’ Soria fue sacar (el área de) Hidrocarburos de la órbita del ministerio de producción y crear la Secretaría de Estado de Energía e instalarla en Cipolletti. Jorge Borrelli (ex YPF) fue el primer secretario, y luego lo sucedió Guillermo Gesualdo. Siempre buscó jerarquizar ese organismo, tanto en energía eléctrica como en minería e hidrocarburos”, explica un hombre que estuvo largo tiempo trabajando en cercanías Weretilneck, y que ahora pasó al ámbito de lo privado.

Cuenta también que a principios de siglo ya se miraba hacia Punta Colorada, costa inhóspita que hoy está en boca de todo el sector. “Hace años se analizó la posibilidad, junto con YPF, de instalar en Sierra Grande dos monoboyas para exportar crudo. Era el hoy conocido proyecto Vaca Muerta Sur, que en esa época recién estaba en fase de análisis. También se comenzaba a estudiar la posibilidad de llegar a la formación Vaca Muerta en Río Negro, que se concretó con los permisos exploratorios a Phoenix, áreas Confluencia Norte y Confluencia Sur”.
A esto último se suma que la secretaría de Energía rionegrina, que tiene rango de ministerio y está comandada por Andrea Confini (pareja de Weretilneck), ya recibió una propuesta por el área exploratorio Cinco Saltos Norte, por parte de la compañía Capex. Todos argumentos que le permiten al gobernador empezar a barajar la posibilidad de cambiar el esquema de regalías, algo que también le ofrecería la chance de premios y castigos a gobiernos locales. En este último caso patalea la intendenta de Catriel, Daniela Salzotto, peronista del riñón de María Emilia Soria, la hija del Gringo que tiene lógicas aspiraciones al sillón que su padre usó pocos días.
Por problemas de salud y prescripción médica (tuvo un evento cardíaco hace algunos meses), Weretilneck viaja poco y nada a Viedma e instaló la “botonera” del Ejecutivo provincial en el coqueto edificio cipoleño de la secretaría de Energía, encallado sobre la ruta Nacional 22. Simbolismo puro para la época que corre, desde allí el Alberto rionegrino construye la estrategia de una provincia que dejó de centrar su desarrollo exclusivamente en la pera y la manzana.







