La lógica es simple pero los números detrás son enormes. Un pozo con una rama horizontal de 5.000 metros puede incorporar más de 80 etapas de fractura hidráulica. Uno de 2.000 metros admite cerca de 40. El doble de metros no significa el doble de inversión, pero sí puede significar el doble de producción por locación, compartiendo la misma infraestructura de superficie: la misma cabeza de pozo, la misma conexión de ductos, el mismo tramo vertical de más de 3.000 metros que en Vaca Muerta hay que perforar antes de alcanzar la formación productiva.
La compañía implementó un plan para perforar pozos horizontales cada vez más largos en la Cuenca Neuquina y activó para eso un acuerdo de tres años con Baker Hughes que contempla la provisión de sistemas de navegación direccional y brocas especialmente diseñadas para perforaciones de alta complejidad. Con esa tecnología, YPF busca acelerar los tiempos de trabajo y reducir el costo por metro perforado.
La lógica del pozo largo
El tramo vertical de una perforación en Vaca Muerta supera los 3.000 metros antes de llegar a la formación productiva. Ese tramo no produce nada: es el costo de entrada que hay que pagar antes de empezar a trabajar en la roca. Al extender la rama horizontal, ese costo se distribuye sobre una mayor cantidad de metros productivos, lo que baja el costo unitario por barril equivalente a lo largo de la vida del pozo.
La infraestructura de superficie funciona de la misma manera. Una locación, una conexión de ductos, una cabeza de pozo: todo eso tiene un costo fijo que no varía según la longitud de la rama horizontal. Si esa rama pasa de 2.000 a 5.000 metros, el costo fijo de superficie se distribuye sobre más del doble de producción potencial.
Ese razonamiento no es nuevo en la industria global. En el Permian, los pozos XL y XXL son el estándar desde hace años y forman parte central de la reducción de costos que llevó al yacimiento texano a ser el más competitivo del mundo. En Vaca Muerta, la curva de aprendizaje avanzó rápido: la velocidad de perforación subió más del 60% en los últimos años y los costos bajaron más del 30% en dólares, pero la brecha con el Permian todavía existe y los pozos más largos son uno de los frentes donde se puede seguir cerrando.
El récord que marca el techo posible
YPF ya tiene una referencia concreta de hasta dónde puede llegar. En el bloque La Amarga Chica, la compañía perforó el pozo más largo de la historia de Vaca Muerta: 8.868 metros de profundidad total, con una rama horizontal de 5.823 metros. Ese número no es solo una marca para el libro de récords sino una validación técnica de que la geología y la tecnología disponible permiten operar a esa escala en la cuenca neuquina.
El acuerdo con Baker Hughes está diseñado para que ese tipo de perforaciones deje de ser una excepción y se convierta en parte del estándar operativo de la empresa. Los sistemas de navegación direccional que proveerá la empresa estadounidense permiten mantener la trayectoria del pozo dentro de la ventana productiva de la formación con mayor precisión, lo que reduce las desviaciones y mejora el rendimiento por metro perforado.
El contexto de la apuesta
La decisión de ir por pozos más largos llega en el mejor momento posible para la cuenca. Vaca Muerta cerró julio con récord histórico de etapas de fractura y la producción nacional de petróleo avanza hacia el millón de barriles diarios. Con el VMOS en la recta final de construcción y los proyectos de GNL en desarrollo, la demanda de producción incremental va a seguir creciendo en los próximos años.
En ese escenario, cada mejora en la eficiencia operativa tiene un impacto que se multiplica. Un pozo que produce más con la misma infraestructura de superficie libera capacidad para perforar en otras locaciones, reduce el costo por barril exportado y mejora la competitividad de Vaca Muerta frente a otras cuencas en la disputa global por el capital de inversión. YPF lo sabe y por eso va por los pozos XXL.







