Un reciente informe del World Economic Forum (WEF) y Accenture pone de relieve la paradoja que atraviesa América Latina: posee condiciones naturales inigualables, pero su transición energética avanza a un ritmo lento. Mientras el promedio mundial de progreso en esta materia alcanzó el 6,2% en la última década, la región apenas registró una mejora del 1,2%.
En este escenario, el gas natural de Vaca Muerta surge como el activo estratégico capaz de revertir la tendencia y posicionar a la Argentina como un actor central en el mapa global.
El desafío de la inversión y la infraestructura
A pesar de que América Latina lidera la generación hidroeléctrica y se consolida como la segunda región más avanzada en renovables, las limitaciones estructurales frenan su potencial. La falta de financiamiento y los marcos regulatorios fragmentados actúan como barreras.
Para cumplir las metas climáticas de 2030, la región necesita duplicar sus esfuerzos actuales. Los números reflejan la magnitud del reto:
- Inversión actual: se proyectan u$s70.000 millones para 2025.
- Meta 2030: la inversión anual debe escalar hasta los u$s150.000 millones.
- Captación de capital: en 2024, la región atrajo solo el 5% de la inversión privada global en energía limpia.

El rol estratégico del gas argentino
El informe destaca que el gas natural funciona como una pieza fundamental del rompecabezas energético. Su rol como combustible de transición cobra valor ante la demanda global de energía confiable y de menores emisiones.
Nicolás Ruiz Moreno, referente de Accenture Argentina, identifica que los cuellos de botella en infraestructura y la baja innovación limitan el crecimiento. Sin embargo, la estrategia argentina reciente marca un rumbo distinto. Mediante el Plan Gas.Ar y la construcción del Gasoducto Perito Francisco Pascasio Moreno, el país comenzó a resolver restricciones históricas de evacuación de producción desde la Cuenca Neuquina.
De la dependencia a la exportación global
La hoja de ruta para Vaca Muerta contempla ahora una fase de expansión internacional:
- Terminales de GNL: proyectos para licuar el gas y enviarlo a mercados transoceánicos.
- Integración regional: uso de gasoductos transfronterizos para abastecer a países vecinos.
- Seguridad Energética: reemplazo de combustibles líquidos caros por producción local estable.
"La expansión del gas natural en la Argentina no representa solo una respuesta coyuntural, sino un caso de estudio sobre cómo convertir un recurso abundante en una plataforma de desarrollo industrial y proyección internacional", detalla el análisis del WEF.
Más allá de los fierros: consenso y empleo
El estudio subraya que el éxito argentino no depende únicamente de la "infraestructura dura". También destaca tres pilares de gestión que sirven de modelo para otros países:
- Diálogo multisectorial: construcción de consensos entre el sector público, empresas (con YPF a la cabeza) y la sociedad.
- Reconversión laboral: programas de capacitación técnica para las nuevas demandas de la industria.
- Diversificación regional: fomento del desarrollo económico en las zonas de influencia de los proyectos.
Con estos elementos, Argentina busca transformar su riqueza geológica en un motor de divisas y estabilidad, liderando una transición energética que, aunque lenta a nivel regional, encuentra en el subsuelo neuquino su mayor impulso.







