Vaca Muerta no es el destino directo del Súper RIGI. La actualización del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones que el Poder Ejecutivo impulsa en el Congreso apunta a otra escala y a otro tipo de industrias: litio, hidrógeno, baterías, gas natural licuado, tecnología avanzada, transición energética. Proyectos de al menos USD 1.000 millones, nuevos para Argentina, que compiten por capital global.
Sin embargo, Neuquén y Río Negro no quedan ajenos a este nuevo programa de incentivos gracias a la producción de gas y petróleo. "El objetivo puede ser aprovecharlo para la industrialización de ese recurso en industrias que sean nuevas para Argentina, que podrían generarse no solo con las obras sino en la gestión de los proyectos", explicó a VacaMuerta.ar el economista Gonzalo Echegaray.
"Estas son inversiones en las cuales competimos con el resto del mundo, por lo que es necesario una ventaja impositiva. En su mayoría podrían ser inversores internacionales que miran inversiones en todos los países, entonces competís por ese capital. La estabilidad que propone el súper RIGI es el gran déficit que viene a resolver una normativa de este estilo, la pregunta debe ser si el proyecto viene sin súper RIGI. Uno pensaría que darle ventaja impositiva y fiscal es una pérdida, se trabaja sobre el supuesto de que sin esos beneficios no vendrían", agregó.
El recurso que haría elegibles a Neuquén y Río Negro dentro del universo Súper RIGI no es el petróleo sino el gas. Más específicamente, la posibilidad de industrializarlo en territorio patagónico a través de proyectos que hoy Argentina directamente no tiene: plantas de licuefacción de GNL, polos de producción de hidrógeno azul o verde, industrias petroquímicas de nueva generación.
Son inversiones que, en otras latitudes, se miden en miles de millones de dólares y que generan empleo no solo durante la construcción sino durante décadas de operación. Ese es el diferencial que el Súper RIGI busca capturar.

El argumento central detrás del régimen es sencillo: este tipo de inversores no miran solo Argentina. Miran Qatar, Australia, Mozambique, Estados Unidos. Evalúan marcos regulatorios, presión fiscal, estabilidad jurídica y retorno a largo plazo. En ese contexto, las ventajas impositivas no son un regalo al capital extranjero: son el precio de entrada a una competencia que, sin esas condiciones, Argentina pierde de antemano.
La lógica es binaria. O viene el proyecto con el Súper RIGI, o no viene. Si no viene, no hay recaudación, no hay empleo, no hay divisas. La pérdida fiscal que implica una alícuota de Ganancias del 15% —frente al 25% del RIGI estándar— o la exención de derechos de exportación desde el día uno, se relativizan frente al escenario de la inversión que nunca llegaría.
El déficit histórico que viene a resolver
El gran problema que el Súper RIGI intenta atacar es la inestabilidad. Argentina tiene un historial de cambios de reglas a mitad de partido que ahuyenta precisamente el tipo de capital paciente que requieren estos proyectos: inversiones que tardan años en construirse y décadas en amortizarse.
La estabilidad fiscal por 30 años que propone el régimen es, en ese sentido, el núcleo del instrumento. No alcanza con tasas bajas hoy si el inversor no tiene certeza de que esas tasas seguirán siendo bajas cuando el proyecto esté en plena producción, en 2035 o en 2040.
“El sacrificio fiscal es ínfimo frente al impacto económico que puede generar”, dijo el gobernador Rolando Figueroa al referirse al esquema que analiza el Congreso nacional y estimo ingresos por alrededor de US$1.600 millones en regalías durante los próximos cuatro años, además de unos US$300 millones destinados a municipios.
¿Qué podría cambiar en Neuquén y Río Negro?
“El desafío es aprovechar esta nueva etapa para vincular el desarrollo energético con la industria del conocimiento y nuevas inversiones”, agregó Figueroa. Si el Súper RIGI se aprueba y efectivamente atrae proyectos de industrialización del gas en la región, el impacto potencial es significativo en varios planos:
Generación de empleo calificado. Las plantas de GNL o los polos de hidrógeno no demandan solo operarios; requieren ingenieros, técnicos especializados, personal de mantenimiento altamente capacitado. Es el tipo de empleo que todavía escasea en la estructura productiva neuquina.
Diversificación económica. Neuquén depende fuertemente de las regalías petroleras y del empleo público. La llegada de industrias nuevas, con lógica exportadora, reduciría esa dependencia estructural
Infraestructura. Proyectos de esta magnitud impulsan obras de conectividad, energía y logística que tienen derrame sobre el resto de la economía regional.
Ingreso de divisas. A diferencia del petróleo, cuya exportación ya está en marcha, la industrialización del gas en GNL o hidrógeno implicaría nuevas corrientes de divisas que hoy no existen.
Las preguntas que quedan abiertas
El Súper RIGI no está aprobado. Y aunque lo estuviera, la adhesión de las provincias no es automática. Neuquén deberá decidir si suma al régimen y bajo qué condiciones.
También queda por definir qué proyectos concretos están en condiciones de materializarse en el corto y mediano plazo. La infraestructura de transporte de gas, los puertos de aguas profundas, la disponibilidad de energía y agua son cuellos de botella reales que ningún régimen impositivo resuelve por sí solo.
La pregunta del título —¿vienen?— no tiene respuesta todavía. Pero el Súper RIGI, si se aprueba, podría ser la primera vez en mucho tiempo que Argentina le ofrezca a ese capital global una razón concreta para pensarlo.
Los beneficios del RIGI:
- Ganancias: Alícuota fija del 15% y régimen de amortización acelerada.
- Dividendos: Tributarán al 7%, reduciéndose al 3,5% tras cuatro años de adhesión.
- IVA: Se introducen Certificados de Crédito Fiscal transferibles para cancelar el impuesto facturado por proveedores en las inversiones.
- Aduana: Exención total de derechos de importación para bienes de capital y de derechos de exportación para los productos del proyecto.
- El régimen permite la libre disponibilidad progresiva de divisas por exportaciones: 20% al primer año, 40% al segundo y 100% al tercer año.
- No habrá obligación de liquidar divisas por aportes de capital o financiamientos externos.







