En una chacra de Cinco Saltos, donde el paisaje patagónico se mezcla con la calma que solo los años de trabajo duro pueden traer, Eloy Ponce disfruta su jubilación después de 45 años en la industria petrolera. Con 68 años, este hombre curtido por el trabajo y los desafíos de la vida reflexiona sobre su paso por uno de los sectores más exigentes y sacrificados del país. "El petróleo me dejó mucho, pero también me quitó mucho", dice. Una frase que resuena como un eco de las duras experiencias que vivió a lo largo de su carrera.
Con 20 años y sin formación académica, el hombre comenzó a trabajar en el sector hidrocarburífero. De a poco y aprendiendo de sus compañeros, llegó a ser jefe de operaciones y estar al frente de capacitaciones para sus compañeros. "Eran momentos duros, pero con el tiempo te das cuenta de lo que representó para el país. Si bien me dejó muchas satisfacciones, no reniego de nada, tampoco lo extraño", como a VacaMuerta.ar, mientras recuerda cómo comenzó en el sector y las implicancias que tuvo en su vida.
Haciendo una comparación, con el pasar de los años, Eloy destaca los avances en materia de seguridad en la dinámica laboral, no solamente la relacionada a la vestimenta o al mejoramiento de las herramientas y máquinas para trabajar, sino a la capacitación humana. Décadas atrás, incluso él, no se dimensionaba la importancia de formar a los trabajadores. Solo había que cumplir con la tarea designada. Sin embargo, conociendo el rubro decidió comenzar a formarse y compartir ese conocimiento a través de capacitaciones. Enseñar y tratar de graficar los riesgos que implican trabajar en la industria más allá de lo técnico.
Uno de los capítulos más difíciles de su trayectoria llegó con un accidente en el trabajo. "Fue con una grúa. Antes, no había departamentos de mantenimiento como hoy. Si algo se rompía, lo arreglábamos nosotros. Trabajando en la máquina, la pesa del gancho de la grúa se descolgó y me golpeó en la cabeza", relató Eloy, rememorando aquel momento que cambió su vida.
¿Cómo fue ese accidente y qué consecuencias tuvo?
- Fue un golpe fuerte. Al principio no me di cuenta de la gravedad. Al día siguiente manejando, me desmayé. La tecnología en la medicina de esos años no era como la de hoy, así que solo me hicieron un electroencefalograma y descubrieron que tenía un sangrado en el cerebro, pero no vieron el daño en el nervio óptico ni en el oído. Con los años, ese problema fue empeorando, y cuando me lo descubrieron ya era tarde, el nervio óptico ya estaba muerto. Si hoy existiera un trasplante de nervio óptico, me ofrecería como conejillo de Indias.
El precio de un trabajo demandante
La vida de Eloy no fue solo trabajo en el petróleo, también fue sacrificio personal. "El trabajo te aparta mucho de la familia. Este año cumplimos 50 años de casados con mi esposa, pero es un matrimonio que hay que recomponer todos los días", dijo, con una mezcla de amor y reflexión. A pesar de las dificultades, su familia siempre fue su mayor apoyo. Tiene tres hijos (uno de ellos fallecido), seis nietos, y una esposa con la que compartió no solo los momentos felices, sino también los difíciles.

"Es un trabajo de todos los días. No hay 15 por 15. Hay que recomponer todo el tiempo, pero siempre se puede. Lo importante es que uno tiene que estar claro en lo que hace y saber que lo que está haciendo no es solo por uno, sino por toda la familia", agregó.
La mirada crítica sobre la industria y el futuro de Vaca Muerta
Sobre las expectativas de crecimiento que rodean a Vaca Muerta, una de las mayores reservas de petróleo no convencional del mundo, el hombre comentó: "Las expectativas son eso, son expectativas y son importantes las que hay. Si las compañías siguen trabajando con la ingeniería adecuada, con el compromiso que necesitan, puede haber un buen futuro. Los pozos bien trabajados pueden durar hasta 25 años, pero un pozo mal trabajado pierde presión enseguida".

¿Qué opinas sobre el futuro de Vaca Muerta y la industria petrolera en Argentina?
- Estoy convencido de que el futuro depende de las inversiones. Las compañías que operan en Vaca Muerta tienen que seguir apostando a la técnica, a la seguridad, y también a la capacitación. Es una pena que muchas compañías de servicio no inviertan lo suficiente en esto (capacitaciones).
Lo que pasa es que bueno, también tenemos la contra de que muchos chicos empiezan a trabajar en el petróleo porque se gana bien, pero normalmente se desvían bastante, no digo todos, pero un gran porcentaje tiene problemas, nosotros hemos tenido problemas en el mismo campo. El problema es la droga, pero bueno, ese es otro tema.
Las expectativas están altas, pero si se sigue este camino, puede haber un futuro muy bueno. Hay que seguir invirtiendo, porque ahí está la clave.
Un legado de sacrificio y amistad
La trayectoria de Eloy Ponce es una de sacrificios, éxitos y también de lecciones aprendidas. Su paso por la industria del petróleo no solo le dejó un legado profesional, sino también una red de amigos de todo el mundo, con quienes mantiene contacto. "Conocí mucha gente, tengo amigos en Francia, Portugal, Italia, Estados Unidos...", agregó.
Hoy, en su chacra en Cinco Saltos, Eloy disfruta de la paz de la vida rural, siempre acompañado de su familia, y con la gratitud de saber que, a pesar de todo, ha tenido una vida llena de experiencias que no cambiaría por nada.







