Escribir un prompt, esperar la respuesta y volver a empezar. Esa parece ser la lógica simple y más común de la Inteligencia Artificial en la actualidad, pero este avance tecnológico, que lleva los algoritmo al nivel de aprender de la experiencia, ajustarse y realizar tareas específicas, es una de las revoluciones más grandes de los últimos tiempos, motivando cambios profundos en todas las esferas de la vida humana, incluso en el trabajo y la industria.
Neuquén no es ajena a lo que sucede y Vaca Muerta mucho menos. Por esta semana el ecosistema tecnológico de la región y de la cuenca de hidrocarburos más productiva del país se darán cita en la IA Week, un evento organizado por la Sociedad Argentina de Inteligencia Artificial (SAIA), y que reunirá a los principales referentes del sector con el objetivo de trazar el mapa de posibilidades que ofrece la IA, especialmente para la industria del petróleo y gas.
El encuentro se realizará del 14 al 16 de mayo en Polo Tecnológico de la Ciudad de Neuquén y tendrá penales con expositores especializados, experiencias interactivas y un espacio para networking.
Alexander Ditzend, presidente de la SAIA, explicó a VacaMuerta.ar que la idea es concentrar en Neuquén a los mejores speakers del país para contar hacia dónde va la cosa y generar un espacio de networking. "Hay empresas que están explotando con todo lo que genera la industria del petróleo, y existe una necesidad tremenda de eficientizar procesos con inteligencia artificial", agregó.
De la oficina al pozo: las aplicaciones concretas
Para Ditzend, la inteligencia artificial ya está transformando la industria hidrocarburífera en varios frentes. El punto de entrada más accesible es la automatización de procesos administrativos: el manejo masivo de documentos, el intercambio de información y la carga manual de datos que hoy insume a decenas de colaboradores.

Pero el alcance va mucho más lejos. "Los modelos que interpretan imágenes hoy son más potentes en su capacidad de detección que el mejor de los humanos", explicó a VacaMuerta.ar. En ese sentido, agregó que si se aplica al monitoreo visual de procesos en el pozo es una revolución. A eso se suman las optimizaciones logísticas en tiempo real: algoritmos que calculan la ruta óptima para que un camión abastezca múltiples pozos con diferentes requerimientos de carga.
Y en el horizonte de los próximos años, Ditzend anticipa la llegada de la IA física al territorio: robots soldando caños, transportando materiales y tomando muestras en tiempo real. "El que hoy operaba la soldadora puede convertirse en quien supervisa una cuadrilla de robots soldando en simultáneo", graficó el experto.
A pesar del potencial, el uso real de la IA dentro de las organizaciones es todavía muy bajo. Según Ditzend, la inteligencia artificial se aplica en la actualidad principalmente a nivel individual: un empleado administrativo que usa ChatGPT como asistente personal, por iniciativa propia, sin un respaldo institucional. El salto hacia una implementación corporativa es un desafío de otra magnitud.
"A nivel organizacional hay que tener normas de seguridad, procedimientos, contratos con proveedores de IA, políticas sobre dónde se alojan los datos. Todo eso es mucho más lento y burocrático", describió y añadió que a eso se suma una carencia crítica: los perfiles que lideren proyectos integradores de inteligencia artificial.
Según su visión, no se trata de formar nuevos técnicos desde cero, sino de convertir a profesionales con trayectoria interna en lo que en el sector se llaman champions: personas que ya manejan equipos, conocen la cultura de la empresa y pueden ponerse al hombro un programa de innovación con IA. "Lo mejor es cuando hay alguien internamente que empuja todo", resumió.
La guerra de los modelos
En las últimas semanas, Claude, el modelo de Anthropic, ganó protagonismo frente a ChatGPT, de Open IA. Ditzend puso en perspectiva el debate. "Anthropic se hizo muy famosa al negarle un pedido al Pentágono, y en esa semana Claude superó por primera vez a ChatGPT como app número uno en la App Store de EE.UU. Eso habla más de cómo funcionan las redes que de los modelos en sí", explicó.
"En los benchmarks técnicos, Anthropic y OpenAI van prácticamente cabeza a cabeza. Y la competencia se complejiza aún más con la irrupción de DeepSeek, el modelo chino que, con el 60% del costo de sus rivales, los supera en algunas categorías. Ya no hay un líder claro como en 2023. Los chinos generan mucha preocupación en Estados Unidos", afirmó.

Para el usuario promedio, la diferencia entre modelos suele ser más perceptiva que real: qué tan bien se ajusta el modelo a la forma natural e imprecisa en que las personas formulan sus preguntas. "Si obtenés un resultado satisfactorio sin necesidad de escribir un prompt de 400 líneas, tenés la sensación de que ese modelo es más inteligente. No siempre es así", aclaró.
Argentina: datos en manos ajenas
Uno de los temas que Ditzend plantea con más urgencia es el de la soberanía digital. Hoy, las empresas argentinas que quieren incorporar IA a sus procesos críticos deben enviar sus datos a servidores ubicados en San Pablo, México o Estados Unidos. Para organizaciones que durante años invirtieron en alojar su información en Argentina y protegerla bajo ley local, eso representa un riesgo jurisdiccional inaceptable.
"¿Qué pasa si necesito que mi sistema de IA haga una propuesta comercial y para eso le tengo que dar mis números de facturación? Le estoy mandando información sensible a un servicio que no sé desde dónde opera", planteó.
La solución que propone es el desarrollo de data centers locales que alojen y sirvan modelos de IA desde Argentina. Ditzend reveló que él mismo redactó una propuesta para un programa de beneficios para la instalación de centros de datos en la provincia de Neuquén, donde el gobierno provincial ya trabaja en iniciativas de este tipo.
Para Ditzend, Argentina no necesita competirle a Estados Unidos ni a China en el desarrollo de IA general. La apuesta estratégica es otra: especializarse en sectores donde el país ya tiene ventaja comparativa, como la industria petrolera, y exportar desde ahí inteligencia artificial aplicada.
"¿Podemos construir modelos propios basados en la industria petrolera y exportar ese conocimiento como servicio a Arabia Saudita, por ejemplo? Con eso nos alcanza. No necesitamos ser líderes en todas las industrias", afirmó.
Esa es, en definitiva, la misión que se propone la SAIA: construir un ecosistema nacional de IA que posicione al país del lado de los ganadores en la reconfiguración de la economía global. "Si la sociedad entiende, usa, genera empresas y exporta servicios de inteligencia artificial, Argentina va a estar muy bien", concluyó.







