A 10.000 kilómetros de Kansas City, donde la Selección Argentina hará base durante el Mundial 2026, en medio de la estepa neuquina, hay hombres y mujeres que van a vivir esta Copa del Mundo como casi todo lo demás, pero con casco y mameluco. Los turnos en Vaca Muerta no se detienen. Los pozos no esperan. Eso no quiere decir que la fiebre mundialista no llegue hasta los campamentos del shale: llega, y con fuerza. Solo que acá tiene su propio ritmo, su propia geografía y, claro, sus propias reglas.
Mientras 11 argentinos salen a la cancha a defender la bandera nacional en una cancha de fútbol, miles de operarios hacen lo propio en los yacimientos de hidrocarburos. Sin tribuna, sin camiseta albiceleste, sin Messi, pero con la certeza de que el pozo no para porque el árbitro pite.
No son pocos. El sector de producción de gas y petróleo emplea a más de 71.000 personas y la gran mayoría de esa masa laboral orbita alrededor de la Cuenca Neuquina. Gente que vive el día a día de la industria más dinámica del país y que este junio va a seguir el Mundial desde un lugar que no figura en ningún mapa turístico: un campamento a 80 kilómetros de Añelo, una sala de descanso en medio del desierto, una pantalla prendida entre turno y turno.
"Ha pasado en mundiales pasados que habilitan salas para el personal donde se ven los partidos. Ahora la tecnología permite que quien quiera verlo tiene el celular y antenas de internet satelital que facilitan las cosas. Igualmente hay instalaciones en las que que no pueden estar con dispositivos", contó un protagonista de la industria a VacaMuerta.ar.
La cancha en el campo
El mundo no se detiene por el Mundial, pero la vida tiene otro ritmo, y las empresas que operan en la cuenca no son ajenas a esa dinámica. En el corazón de Vaca Muerta, la Selección también tendrá hinchada. Las operadoras armaron dispositivos para garantizar la transmisión de los partidos en los campamentos: pantallas en salas comunes, señal asegurada, y la lógica de siempre: donde las operaciones lo permiten, los trabajadores se juntan a mirar. No en las instancias críticas, no donde el proceso no da margen, pero sí en todo el espacio que la industria puede ceder sin resignar seguridad ni producción.
Para las firmas la cita también es un momento de encuentro y celebración. Algunas armaron un prode para vivir la competencia desde adentro, otras entregaron cotillón y decoraron oficinas e instalaciones. El verde petróleo oscuro, se transformará por unos días en celeste y blanco.

El fixture ayuda, aunque no siempre. Argentina debuta el martes 16 de junio a las 22 contra Argelia en Kansas City. El segundo partido es el 22 de junio a las 14 ante Austria en Arlington, pleno mediodía argentino, donde muchos hinchas estarán en su lugar y horario de trabajo. El tercero, contra Jordania, es el sábado 27 de junio a las 23, ya con la clasificación probablemente definida y el ánimo a pleno. Tres partidos, tres escenarios distintos. En la cuenca, cada uno va a tener su solución artesanal.
En Vaca Muerta la misma energía que mueve turbinas y taladros estas semanas también mueve quinielas internas, apuestas entre compañeros de turno y conversaciones que, por una vez, no giran alrededor del precio del barril.
La diferencia con el resto del país no es el fervor —ese es el mismo de siempre— sino el escenario. Mientras en Neuquén capital los bares del centro se llenan y las pantallas gigantes convocan a los vecinos, adentro del yacimiento la experiencia es otra: más íntima, más horizontal, más ruidosa de lo que la distancia haría suponer. Acá no hay plazas, no hay corsos, no hay bocinazos. Pero si Argentina gana, el festejo llega igual, aunque sea a los gritos en una sala de 40 metros cuadrados, con un café en la mano y el overol puesto.








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