Añelo es, según el último censo nacional, la ciudad que más creció en el país. En pocos años duplicó su población permanente, pasando de 6.000 a 12.000 habitantes, y si el ritmo de expansión de Vaca Muerta se sostiene, podría superar los 30.000 residentes estables en los próximos cuatro años. A esos 12.000 se suman diariamente alrededor de 8.000 trabajadores de la industria que pernoctan bajo distintos regímenes y 20.000 vehículos que entran y salen de la localidad. En total, el intendente Fernando Banderet calcula que la ciudad moviliza más de 60.000 personas por día. El problema es que toda esa gente se mueve por una ciudad que fue diseñada para 4.000.
Ese desfase entre la escala del boom y la capacidad instalada es la tensión permanente que Banderet administra desde que asumió. No es una crisis puntual sino una condición estructural: Vaca Muerta creció más rápido que cualquier política de Estado pudo anticipar, y Añelo acumula el costo de esa velocidad en cada servicio que falta, cada cuadra sin asfalto y cada alquiler que se fue al cielo.
Lo que no alcanza
El déficit habitacional es el más visible. El municipio entregó 687 lotes a vecinos de la localidad desde que arrancó la gestión actual, pero el mandatario estima que todavía hacen falta unas 2.500 soluciones para responder a la demanda existente. La oferta privada existe pero a precios que excluyen a buena parte de la población: un alquiler básico arranca en un millón de pesos mensuales, una cifra que está muy por encima de lo que puede pagar un empleado público o un trabajador del comercio local.
El gas fue otro de los grandes rezagos. El intendente describe que al asumir encontró barrios enteros que se calefaccionaban con leña y garrafa, sin acceso a la red. Una nueva planta reductora y la extensión de redes permitieron llegar a sectores que durante años estuvieron fuera del sistema. El agua, la electricidad y el saneamiento tienen historias similares: infraestructura que fue quedando chica a medida que la población crecía sin que la inversión acompañara al mismo ritmo.

En educación, las vacantes están al límite. El municipio avanza con la construcción de una escuela técnica de 5.000 metros cuadrados, tiene previsto inaugurar un jardín de infantes y ya tiene licitadas una primaria y una secundaria. La capacidad hospitalaria y policial también se amplió mediante acuerdos entre el Estado y empresas privadas. En seguridad, el intendente señala que la tasa del delito bajó del 36% al 14%, aunque sin precisar el período de comparación.
El asfalto que llegó tarde
En infraestructura vial, el avance es concreto pero tardío. Añelo pasó de tener 12 cuadras pavimentadas a más de 70, y el municipio proyecta asfaltar otras 50. Hay más de 160.000 metros cuadrados en construcción y más de 500 expedientes vinculados a proyectos de inversión y desarrollo. Cadenas comerciales, servicios médicos, gimnasios, hoteles y empresas interesadas en instalarse en los parques industriales forman parte de un ecosistema que se está armando sobre la marcha.
El derrame que genera Vaca Muerta sobre Añelo también tiene una dimensión que excede a Neuquén. Banderet lo llama un "derrame federal": la arena de fractura llega desde Entre Ríos, los servicios metalmecánicos desde Santa Fe y Córdoba, las construcciones prefabricadas desde Buenos Aires. La localidad es el punto de convergencia de una cadena de valor que se extiende por buena parte del país.
Quién llega y qué encuentra
Las primeras olas migratorias vinieron del norte: Salta, Jujuy, Tucumán, Santiago del Estero, Formosa. Después se sumó gente de Mendoza y Buenos Aires. Más recientemente llegaron familias de Santa Cruz y Tierra del Fuego, provincias donde la actividad convencional viene en declive. Todos buscan trabajo en la industria que paga más que cualquier otro sector del mercado argentino.
Pero Banderet advierte que el acceso al empleo petrolero no es automático. "Entrar en la actividad petrolera requiere un montón de habilidades", señaló, y los números de los salarios ilustran la brecha. El sector público paga entre 1,5 y 2 millones de pesos por mes. El comercio ronda los 2 millones. La construcción civil llega a 2 millones por quincena. Y la industria petrolera arranca en 2,5 millones por quincena. La distancia entre lo que gana un empleado municipal y lo que gana un operador de yacimiento explica buena parte de las tensiones sociales que el boom genera dentro de la misma ciudad.







