El VMOS no se construye solo desde arriba. Mientras el buque Seminole instala el ducto submarino con la técnica S-lay, depositando tramos de cañería de 38 pulgadas sobre el lecho del Golfo San Matías, hay un equipo que trabaja debajo: buzos que descienden en canastas a profundidades de entre 7 y 50 metros, operan herramientas en un entorno donde cada maniobra requiere coordinación permanente con la superficie, y garantizan que la tubería quede en la posición exacta que la ingeniería previó.
La empresa a cargo de ese soporte subacuático es Raul A. Negro y Cia. S.A., una compañía argentina de salvamento marítimo con experiencia en operaciones offshore. Trabaja bajo contrato de HOC Contratistas S.A., la empresa responsable del tramo marítimo del oleoducto, y despliega sus equipos en dos frentes simultáneos: desde el Combifloat C7 y desde las embarcaciones de apoyo dinámico que operan sobre la traza del ducto.
Fue en exclusiva con Argenports, el portal especializado en puertos y logística marítima, donde Carlos Luis Paz, Salvage Master y presidente de la compañía, describió en detalle cómo se desarrolla esa operación y qué implica trabajar en el fondo del Golfo San Matías en la obra energética más importante de la historia argentina.
Dos frentes, dos tareas distintas
Desde el Combifloat C7, el pontón de la firma Concret Nor que ya está posicionado frente a Punta Colorada, los buzos brindan apoyo a la perforación del túnel de acometida. Eso implica eslingan las barras de perforación, asistir en el cambio de herramientas e inspeccionar el punto de salida del túnel bajo el agua. Es el trabajo que permite que la cañería emerja bajo el mar a unos 700 metros de la orilla sin necesidad de abrir una zanja en la playa.

Desde las embarcaciones de apoyo con posicionamiento dinámico, el equipo realiza tareas sobre la tubería a medida que el Seminole avanza. Los buzos inspeccionan el ducto cuando toca el fondo marino, conectan y operan las válvulas de inundación que permiten controlar el flujo de agua dentro de la cañería durante la instalación, realizan las pruebas hidráulicas de cada tramo y corren los intelligent pigs, unos dispositivos que recorren el interior del ducto para verificar su integridad antes de que entre en operación. También desensamblan cabezas de tiro, realizan bridados y grampean el cable de fibra óptica que controlará los sensores y los PLEMs, las estructuras de distribución ubicadas en el fondo donde termina el ducto.
Canasta, cascos y Starlink
Cada inmersión sigue un protocolo estricto. Los buzos descienden en parejas dentro de una canasta metálica, un LAR (Launch and Recovery System), hasta profundidades máximas de 50 metros usando aire comprimido. Desde ahí ejecutan las tareas asignadas con herramientas hidráulicas o manuales, siempre bajo la dirección del supervisor de turno que monitorea la operación desde el control de buceo en superficie.
La comunicación es permanente. Los cascos integran un sistema de video que transmite en tiempo real lo que el buzo ve bajo el agua, tanto al supervisor a bordo como a las oficinas de la empresa en tierra vía Starlink. "La comunicación es permanente entre el control de buceo donde supervisor de turno y superintendente dan las órdenes y controlan a través del sistema de video integrado en los cascos de los buzos", explicó Paz a Argenports. Cuando el buzo sube, la descompresión empieza en el agua y continúa en una cámara hiperbárica en superficie, un paso indispensable para evitar el síndrome de descompresión.
El equipo completo suma 30 personas entre supervisores, técnicos y buzos en el agua, más ocho personas de soporte en tierra. El Combifloat opera solo en horario diurno, de 7 a 19, y el personal duerme en Playas Doradas. Las embarcaciones de apoyo funcionan con dos turnos de buceo.
Ballenas a 50 metros
El Golfo San Matías es un santuario de ballenas y los buzos lo saben bien. "Suelen andar cerca y se pueden observar algunas toninas, albatros y aves marinas", describió Paz. Es un dato que parece anecdótico pero que tiene peso en la planificación de la obra: los protocolos ambientales que Río Negro exige para el VMOS incluyen condiciones específicas para las operaciones en períodos de mayor presencia de fauna marina.
La maniobra más compleja ejecutada hasta ahora fue el desarme de una cabeza de abandono y el cierre de la tubería con una brida ciega, un trabajo que exige precisión extrema con una cañería que, por sus dimensiones, hace que todo pese el doble de lo que pesan los mismos componentes en tierra. "Todo es muy pesado en esta línea de 38 pulgadas", resumió Paz.
Cuando el tendido del ducto termine, quedarán las interconexiones entre los distintos tramos del sistema y la instalación de los PLEMs, tarea a cargo de Mohn Drilling Argentina. Entonces el trabajo de los buzos habrá concluido y el sistema offshore del VMOS estará listo para conectarse con las monoboyas y recibir el primer petróleo que Vaca Muerta enviará al mundo.







