El sector energético argentino sumó otro mes positivo. En junio, la balanza comercial de energía registró un superávit de 611 millones de dólares, con exportaciones que alcanzaron los 1.406 millones e importaciones que totalizaron 794 millones. Los datos surgen de un informe del economista Nadin Argañaraz, y se inscriben en una tendencia que lleva varios meses consolidándose.
El número de junio no es el más llamativo del año (otros meses acumularon saldos más abultados), pero su lectura en contexto es elocuente. El sector energético cerró el primer semestre con un superávit histórico de casi 7.000 millones de dólares, el mayor registrado para ese período desde que existen estadísticas, con exportaciones que crecieron un 52% interanual y una participación en el total de ventas externas del país que trepó al 15%. Junio se suma a esa cadena y confirma que el resultado no fue un pico sino una tendencia.
Cantidad, no precio
El informe desagrega el resultado acumulado del año en dos efectos y la conclusión es clara: el crecimiento es genuino. El efecto cantidad, es decir el mayor volumen físico de energía exportada, aportó un saldo positivo de 1.656 millones de dólares en el acumulado. El efecto precio sumó otros 552 millones. En total, la mejora interanual del sector en lo que va del año alcanza los 2.207 millones de dólares.
Esa proporción importa porque le da solidez al resultado. Un superávit traccionado principalmente por precios es volátil: puede evaporarse con la misma rapidez con que aparece si los mercados internacionales cambian de dirección. Uno que responde en su mayor parte a volúmenes físicos exportados refleja una transformación productiva real que no depende de coyunturas externas. Vaca Muerta produce más y esa producción llega a los mercados internacionales en cantidades crecientes.
En el lado de las importaciones, la foto también es favorable. El alza en los precios internacionales generó un costo adicional de 361 millones de dólares, pero fue parcialmente compensado por un ahorro de 295 millones derivado de una menor cantidad de energía importada. Argentina necesita cada vez menos energía del exterior para abastecer su consumo interno, un cambio estructural que hace apenas una década parecía lejano: el país llegó a gastar más de 12.000 millones de dólares anuales en importaciones de combustibles y energía para cubrir la brecha entre su producción y su demanda.
El contexto que potencia los números
Junio fue también el mes en que Vaca Muerta cerró su mejor marca histórica de fractura: 2.760 etapas shale en un solo mes, un 40% más que en junio de 2025. Ese ritmo de actividad se traduce directamente en producción, y la producción se traduce en exportaciones. La cadena que va del pozo al superávit comercial opera con una coherencia que los números del sector vienen confirmando mes a mes.
A eso se suma el efecto del conflicto en el estrecho de Ormuz, que desde abril viene generando volatilidad en los precios internacionales del crudo y el GNL. Con el Brent oscilando por encima de los 80 dólares en los momentos de mayor tensión, el efecto precio que recoge el informe de Argañaraz tiene al menos en parte ese origen. La Argentina exporta crudo liviano y de alta calidad que las refinerías del mundo valoran por su rendimiento, y cualquier tensión geopolítica que eleve el precio del barril mejora el resultado de la balanza sin que el país tenga que hacer nada adicional.
La infraestructura que multiplicaría esos resultados todavía está en construcción. El VMOS, que conectará Vaca Muerta con el Atlántico, tiene prevista su puesta en marcha para fines de 2026, y los proyectos de GNL que exportarían gas licuado desde la costa rionegrina operan en un horizonte de entre 2029 y 2031. Cuando esa infraestructura esté operativa, los superávits que hoy registra el sector energético serán otra vez historia comparada con lo que viene.







