El rugido de la soldadura está por silenciarse. El Vaca Muerta Oil Sur (VMOS), el oleoducto más grande en la historia argentina, entra en su etapa final de construcción. En las próximas semanas, quedará terminada la soldadura del ducto principal y, para marzo del año entrante, la obra civil completa. Con una inversión descomunal de $1.000 millones de dólares, $600 millones en obras civiles y $400 millones en materiales como caños de 36 pulgadas y válvulas, este proyecto de YPF y sus socios no solo rompe récords, sino que redefine la logística petrolera del país.
La puesta en marcha del VMOS, que conectará la producción de crudo de la cuenca neuquina con la terminal portuaria de Punta Colorada en Río Negro, se prevé para los últimos meses de 2026. Este ducto permitirá evacuar en una primera fase unos 190.000 barriles diarios, con una proyección de crecimiento hasta 550.000 barriles por día, y con un diseño que admite futuras ampliaciones hasta los 700.000 barriles. El impacto es directo: transformar a Argentina en un exportador neto de petróleo a gran escala, abriendo el camino a mercados como Estados Unidos, Europa y Asia.
La ola que viene
Para los empresarios del sector, el VMOS es apenas la primera línea de un ambicioso mapa de infraestructura. La agenda se llena de proyectos que buscan multiplicar la capacidad de transporte y las exportaciones de hidrocarburos, tanto gas como petróleo. Es que la producción de Vaca Muerta, especialmente el gas, exige más capacidad de evacuación.
El próximo gran paso en gas es la ampliación del Gasoducto Perito Moreno (GPM), la megaobra que hoy opera y mantiene Transportadora de Gas del Sur (TGS). Esta iniciativa privada contempla la construcción de tres nuevas plantas compresoras y 20 kilómetros de loops (tramos paralelos que aumentan la capacidad de flujo). La inversión estimada en este proyecto, clave para el consumo interno y la sustitución de importaciones, ronda los $700 millones de dólares, aunque otras fuentes elevan la cifra a casi $800 millones.

La ampliación sumará 14 millones de metros cúbicos diarios a la capacidad actual del ducto de 21 millones que va desde Tratayén hasta Salliqueló. Esto representa más de la mitad de la capacidad inicial del ducto. El objetivo es inyectar gas incremental de Vaca Muerta en el sistema troncal y evitar las costosas importaciones de GNL durante el invierno. Los trabajos de TGS podrían comenzar en noviembre, casi de inmediato al cierre de la etapa final de soldadura del VMOS.
El eje estratégico del GNL: Southern Energy
En paralelo, toma velocidad el proyecto de Gas Natural Licuado (GNL) de Southern Energy S.A. (SESA), un consorcio respaldado por importantes jugadores de la industria. El gasoducto exclusivo para este proyecto tendrá 36 pulgadas de diámetro y una impresionante capacidad de 28 millones de metros cúbicos diarios de gas. Su inicio está previsto para los primeros meses de 2026, lo que requiere una coordinación quirúrgica con la obra de TGS.
¿La razón? El gas que abastece actualmente al Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) desde el Sur, a través del Gasoducto San Martín, deberá ser "recompuesto" o compensado en Salliqueló con el nuevo gas que traiga el Gasoducto Perito Moreno ampliado. Sin una coordinación perfecta, el riesgo de desabastecimiento en la zona más poblada del país es real. En su fase inicial, el buque licuefactor Hilli Episeyo utilizará gas del sur, hasta que la producción de Vaca Muerta y la nueva infraestructura permitan alimentarlo por completo. Este proyecto no solo apunta a sustituir el gas importado, sino a posicionar a Argentina como un exportador de GNL por primera vez en su historia con contratos a largo plazo, consolidando un horizonte de 30 años de exportaciones con el aval del Régimen de Incentivo a las Grandes Inversiones (RIGI).

La "Ola Petroquímica"
El horizonte de la infraestructura no termina ahí. Más adelante, se vislumbra el proyecto de Gasoducto YPF, ENI y Shell, que podría convertirse en el ducto de gas más grande del país y uno de los mayores del mundo. Con un diámetro de 48 pulgadas, su capacidad de transporte se ubicaría entre 75 y 100 millones de metros cúbicos diarios, un volumen equivalente a la producción total actual de la provincia de Neuquén.
Esta obra monumental trae aparejados dos proyectos complementarios que definen la estrategia de alto valor agregado de Vaca Muerta, impulsada por la visión del CEO de YPF, Horacio Marín:
- Vaca Muerta Liquids (VML): un poliducto clave para el negocio del gas "rico". El VML se proyecta como un ducto hacia Bahía Blanca, acompañado de plantas de fraccionamiento que procesarán los líquidos que trae el gas. El objetivo es separar y exportar los NGL's (Natural Gas Liquids), que incluyen etano, propano, butano y gasolina natural. Estos líquidos cotizan hasta cuatro veces más que el gas natural, lo que dispara la rentabilidad del sector. El proyecto, con inversiones superiores a los $2.000 millones de dólares, busca crear una "autopista" de líquidos que maximice el valor del gas.
- VMOS II: un segundo oleoducto de crudo con capacidad similar a la de su gemelo original, unos 110.000 barriles diarios. El foco de esta segunda línea de transporte apunta al crudo que se extrae de los pozos de wet gas de YPF, una mezcla de gas y petróleo que, al separarse, genera un volumen de crudo adicional que necesita ser evacuado. Esta estrategia busca mejorar la rentabilidad de las áreas de gas y consolidar el corredor energético Neuquén-Bahía Blanca como un polo exportador.
Estos proyectos consolidarán un eje de infraestructura troncal entre la cuenca neuquina y la costa atlántica de Río Negro y Bahía Blanca, asegurando la salida del petróleo y el gas para el consumo interno y, sobre todo, para la exportación.
De Vaca Muerta a la Minería
Mientras los ingenieros y operarios terminan de poner a punto el VMOS y planifican los futuros ductos, las grandes constructoras que lideraron estas obras ya miran hacia un nuevo horizonte productivo.
La expectativa en el sector de la ingeniería pesada es que, una vez concluidos estos megaproyectos de gas y petróleo, lo que podría ocurrir hacia fines de la década, el país ya no necesitará grandes obras de transporte de hidrocarburos por un buen tiempo. La capacidad instalada será suficiente para sostener la producción proyectada de Vaca Muerta.
¿El próximo gran foco? La minería.
El interés se centra en los proyectos de minerales críticos para la transición energética global: litio y cobre.

- El Rincón del Litio, en Salta, y otros grandes emprendimientos cupríferos en el Noroeste, son los objetivos.
- Las proyecciones de inversión en esta área son colosales, estimadas en más de $15.000 millones de dólares.
Lo fascinante es el rol de la infraestructura: en este tipo de proyectos mineros, hasta el 30% del CAPEX (gasto de capital) se destina a infraestructura como caminos, puentes, líneas eléctricas de alta tensión, y las gigantescas plantas de procesamiento y piletas de evaporación. Es decir, el know-how y la capacidad logística que desarrollaron las constructoras en Vaca Muerta, se transforman en una ventaja competitiva directa para la expansión minera.
"Ese es el mercado que apuntamos del 2028 en adelante", afirman las empresas de ingeniería.
Con la finalización del VMOS, la inminente ola de nuevos gasoductos, el desarrollo del GNL y la expansión del negocio de los líquidos, la industria energética argentina se encamina a una década de obras monumentales. Vaca Muerta es el motor, pero el impacto se siente en todo el interior productivo, consolidando un corredor energético que mira, con confianza y ambición, hacia el mercado global. La era de la construcción de infraestructura pesada apenas comienza a escribir sus capítulos más ambiciosos.







