La economía argentina de 2025 tiene un héroe inesperado (o, quizás, largamente esperado): su balanza comercial energética. Según un informe de la consultora especializada Economía y Energía, el superávit generado por la exportación de combustibles y energía alcanzó los US$5.368 millones entre enero y septiembre, lo que representó un abrumador 89% del superávit comercial total de la economía, que apenas rozó los US$6.030 millones.
La cifra es, cuanto menos, impactante. En términos prácticos, significa que sin el flujo de dólares provenientes del sector energético, la balanza comercial de bienes del país se hubiese deslizado peligrosamente hacia el déficit, poniendo una presión adicional sobre las reservas y el mercado cambiario local.
Una hazaña de doble impacto
El récord energético no fue una casualidad, sino la suma de una estrategia de aumento de la producción, fuertemente ligada a los desarrollos en Vaca Muerta, y una dinámica comercial inteligente. La performance se explica por dos movimientos clave:
- Fuerte suba de exportaciones: las ventas externas de combustibles y energía crecieron un robusto 13% interanual.
- Drástica caída de importaciones: las compras de energía al exterior se desplomaron un notable 21%. Esto demuestra una mayor sustitución de importaciones gracias al incremento de la producción nacional de hidrocarburos.
El resultado es un saldo positivo en el sector de combustibles y energía que se disparó un 45% interanual en el período de nueve meses, demostrando una resiliencia y un peso específico dentro de la economía que es cada vez más difícil de ignorar.
El contexto: superávit total a la baja
La gesta del sector energético cobra aún más valor si se analiza el panorama general del comercio exterior. A pesar del gran aporte de la energía, el superávit comercial acumulado total de US$6.030 millones fue un 60% inferior al registrado en el mismo período de 2024.
Mientras que las exportaciones totales de Argentina en general crecieron un 7,5% y las importaciones aumentaron un 30,6% (un signo de mayor actividad económica, pero también de fuga de divisas por compras al exterior), el sector energético se consolidó como el motor de la recaudación de dólares.
Dato clave: el crudo fue el principal impulsor de este desempeño. Sus exportaciones en valor crecieron un 21,2% interanual gracias, fundamentalmente, a un robusto aumento del 41% en las cantidades colocadas en el exterior, lo cual compensó la baja en los precios internacionales del petróleo.
Septiembre: la tendencia se mantiene
La dinámica se mantuvo firme hasta el final del tercer trimestre. En septiembre, el superávit comercial total de Argentina fue de US$921 millones, un 6% menos que en el mismo mes del año anterior. Sin embargo, el saldo energético se ubicó en US$775 millones, lo que significó el 84% del superávit comercial total de ese mes.
Este resultado positivo se logró gracias a un incremento interanual del 25% en las exportaciones de energía, mientras que las importaciones del sector solo crecieron un 4%, reafirmando la tendencia a la baja en la dependencia energética externa.
El rol de los productos primarios
A nivel general, las exportaciones de septiembre se incrementaron un 17% interanual, y aquí entra en juego otro factor de peso: el motor de estas ventas externas fueron los productos primarios, con un aumento del 43% interanual. Este crecimiento, si bien es alentador, fue impulsado tanto por la recuperación de los precios internacionales como por la eliminación transitoria de las retenciones a las exportaciones, una medida que incentivó un aumento en los volúmenes despachados.
El rally del sector energético, con Vaca Muerta como su principal estandarte, se proyecta no solo como una solución coyuntural para las reservas, sino como un pilar estructural a futuro. De hecho, la finalización de obras clave como el oleoducto Vaca Muerta Sur augura un salto exportador en los próximos años, redefiniendo el mapa del comercio exterior argentino y su capacidad para generar las divisas necesarias para estabilizar su economía.







