En los próximos cuatro años, bajo la administración de Donald Trump, quien asumirá en enero del 2025, el mercado global del Gas Natural Licuado (GNL) podría enfrentar un período de expansión acelerada impulsada por políticas energéticas favorables a la industria. Según la consultora noruega Rystad Energy, las reformas propuestas por el presidente electo de EE. UU., podrían llevar a una transformación del panorama energético mundial. En particular, las políticas de Trump en favor de la desregulación y la concesión más ágil de permisos para la infraestructura de GNL contribuirán a fortalecer la oferta global, lo que podría reactivar la demanda a largo plazo, aunque no sin riesgos para el mercado.
Una de las claves del plan de Trump es la aceleración de los permisos para proyectos de GNL que actualmente se encuentran estancados, la eliminación de las restricciones regulatorias implementadas bajo la administración Biden, y un aumento en los arrendamientos de tierras federales para la producción de gas. Esto permitiría que la capacidad de exportación de GNL de Estados Unidos se duplique en los próximos años, pasando de 11,3 mil millones de pies cúbicos por día (Bcfd) en 2023 a 22,4 Bcfd en 2030, lo que incluiría proyectos importantes como Texas LNG y Calcasieu Pass (CP2), que avanzarían a pesar de las presiones ambientales.
La aceleración de esta expansión de la infraestructura de GNL es crucial para consolidar el papel de Estados Unidos como líder en el mercado global, donde la demanda proyectada de GNL alcanzará casi 600 millones de toneladas (Mt) en 2030. A pesar de ello, la consultora Rystad Energy advierte que, de no gestionarse adecuadamente, un aumento inoportuno de la oferta podría generar una sobreoferta que afecte los precios a mediano plazo, provocando una presión a la baja en el mercado.
El GNL de EE. UU. como herramienta geopolítica
El ascenso de Estados Unidos como principal exportador de GNL también tiene implicaciones significativas en el ámbito geopolítico. La administración del republicano podría utilizar las exportaciones de GNL como una herramienta en las negociaciones comerciales con Europa, Rusia y otras economías clave. Europa, que todavía busca alternativas confiables al suministro de gas por tuberías desde Rusia, se beneficiaría enormemente de un GNL estadounidense más accesible y competitivo. En este contexto, el comercio de GNL entre China y Estados Unidos podría verse afectado por las políticas arancelarias del presidente electo, lo que afectaría tanto los costos de infraestructura como las dinámicas comerciales entre ambos países.
Un antecedente importante de esta situación son los aranceles impuestos por Trump en 2018, que aumentaron los precios del acero y, por ende, los costos de los proyectos de gas natural licuado. Si se repitiera una estrategia similar, los costos de capital para los proyectos de GNL en EE.UU. podrían dispararse, generando un impacto negativo en las exportaciones y desacelerando el ritmo de contratación con compradores clave como China. En 2019, una guerra comercial similar interrumpió las exportaciones entre ambos países, lo que subraya la vulnerabilidad del sector a las políticas comerciales.
El riesgo de un exceso de oferta y su impacto en los precios
Si bien las políticas de Trump podrían consolidar la independencia energética del país norteamericano y reforzar su dominio en el mercado del GNL, los expertos subrayan que el mercado global de GNL es extremadamente sensible a los cambios en la oferta y la demanda. La posibilidad de que se desarrollen simultáneamente proyectos nuevos en Estados Unidos plantea el riesgo de una sobresaturación del mercado, lo que podría generar una caída de los precios y poner en desventaja a los productores estadounidenses frente a competidores como Qatar y Australia, quienes también dominan el sector.
No obstante, si la expansión de la oferta estadounidense se ejecuta estratégicamente, un suministro constante y confiable podría abrir nuevas oportunidades en mercados sensibles al precio, particularmente en Asia, que busca alternativas competitivas al gas natural más caro.
Para Europa, las políticas de expansión del GNL de Trump representan una oportunidad significativa para diversificar sus fuentes de energía. En un momento en que la Unión Europea busca reducir su dependencia del gas ruso, un mayor suministro de GNL desde Norteamérica podría convertirse en una herramienta clave para garantizar la seguridad energética. Además, la UE ha comenzado a utilizar las compras de gas natural licuado estadounidense como una palanca en las negociaciones comerciales para evitar posibles aranceles bajo la administración Trump, lo que podría permitir a Europa asegurar un suministro estable mientras fortalece sus relaciones transatlánticas.

De esta manera, Estados Unidos no solo consolidaría su liderazgo como exportador de GNL, sino que también contribuiría al establecimiento de nuevas alianzas comerciales y energéticas con Europa, cruciales para el futuro del mercado global.
En definitiva, aunque las políticas energéticas de Donald Trump prometen un futuro de gran expansión para el GNL estadounidense, la clave estará en gestionar adecuadamente la oferta para evitar un exceso que pueda perjudicar los precios y las relaciones comerciales. Sin embargo, si se ejecuta de manera eficiente, esta expansión podría desbloquear nuevas oportunidades tanto para el mercado global como para las relaciones geopolíticas y comerciales de EE. UU. con sus principales socios.







