El cambio de gobierno en Estados Unidos, con la victoria de Donald Trump podría generar importantes cambios en la economía global, con implicaciones significativas para la industria petrolera, a partir de la imposición de nuevas tarifas que llevaría a una desaceleración en el crecimiento económico del país y el mundo, reduciendo la demanda global de petróleo en hasta 500.000 barriles diarios (bpd) en 2025.
Simon Flowers, analista jefe de WoodMac, señaló que el regreso de Trump a la Casa Blanca marcaría un giro radical en temas clave como aranceles, política climática y relaciones internacionales, con retrocesos en los compromisos de carbono cero, mayor producción de hidrocarburos y costos adicionales en las tarifas para las empresas.
Estas medidas podría generar una reducción en la demanda, que podría llevar a una disminución de los precios del petróleo de entre 5 y 7 dólares por barril, sin contemplar conflictos geopolíticos como un aumento de las tensiones entre Israel e Irán. Los beneficiarios de las medidas trumpistas serían las refinadores estadounidenses, que gozaría de una mayor protección arancelaria.

Sin embargo, el panorama podría cambiar drásticamente si Israel ataca la infraestructura nuclear y petrolera de Irán. En tal escenario, los precios del petróleo podrían subir bruscamente hasta que se activen las capacidades productivas disponibles, que actualmente rondan los 6 millones de bpd.
El regreso de Trump
El regreso de Trump podría traer consigo una combinación de riesgos y oportunidades para el sector petrolero. Mientras que las tarifas amenazan con frenar la demanda mundial de petróleo y aumentar los costos operativos, la política pro-energética de Washington podría fortalecer la posición de los productores estadounidenses, especialmente en un mercado global cada vez más volátil.
El futuro de la industria dependerá de cómo se equilibren estos factores y de la capacidad de los actores internacionales, como la OPEP, para responder a los desafíos emergentes.

El candidato republicano tiene una idea liberal en materia económica, impulsando desregulaciones. En su mandato, entre 2016 y 2020, implementó una serie de políticas pro-hidrocarburos que favorecieron la producción interna de petróleo, mezclado con desregulación ambiental. Se espera que mantenga esta política, quite presión impositiva, sobre todo en materia ambiental, e incentive inversiones internacionales.







