Argentina exporta petróleo como nunca antes en su historia y al mismo tiempo los argentinos cargan cada vez menos nafta. Las dos cosas son ciertas, ocurren en simultáneo y tienen explicaciones que se entrelazan: el precio del barril, el estado de la economía, el mecanismo de amortiguación que aplican las refinadoras y una demanda interna que no termina de despegar.
En el primer semestre de 2026, la producción local de crudo promedió casi 900.000 barriles diarios, con el mes de junio acercándose a los 915.000 y crecimientos por encima del 15% anual. De ese volumen, unos 570.000 barriles diarios se procesan en las refinerías del país. El resto sale principalmente hacia Estados Unidos y Chile. Las exportaciones de petróleo promediaron 309.000 barriles diarios en el semestre, un 25% más que en el mismo período del año anterior, y generaron ingresos por 4.693 millones de dólares, con un salto interanual del 48% explicado tanto por el mayor volumen como por los precios internacionales elevados que dejó el conflicto en Medio Oriente, según datos de la consultora Economía & Energía.
El surtidor que no baja
Mientras el crudo fluye hacia los mercados externos, el consumidor local mira los precios en la estación de servicio y decide cargar menos. Las ventas de nafta súper cayeron un 2% en lo que va del año. Las de nafta premium subieron 2,3% en el semestre pero cerraron junio con una baja de 1,2%. La excepción es el gasoil, que creció un 4,3% anual en el primer semestre, traccionado por la buena campaña agrícola.
Para Juan José Carbajales, ex subsecretario de Hidrocarburos y titular de la consultora Paspartú, el diagnóstico es directo: la caída en la venta de nafta "se debe, antes que nada, a la situación económica de los consumidores". Lo que agrega una nota de alerta es que la merma ya no se limita a los grados básicos. "No solo se reduce el consumo de nafta súper y gasoil grado 2, sino que se empieza a evidenciar también una merma en los grados premium", señala, lo que indica que el ajuste alcanza a segmentos que hasta hace poco se mantenían al margen.
El segundo factor que identifica Carbajales es lo que llama un efecto doble. La percepción generalizada de que el combustible "siempre sube y nunca baja" desincentiva el consumo, y esa percepción no es irracional: el mecanismo de buffer que aplica YPF impide que una caída del precio internacional del crudo se traslade de manera automática al surtidor. La lógica es que cuando el barril subió fuerte durante el conflicto en Ormuz, las refinadoras absorbieron parte de ese aumento para no golpear de lleno al consumidor. Ahora, cuando el crudo baja, usan ese margen para recuperar lo que no subieron antes de trasladar cualquier beneficio.
Los números que surgen de un informe del ex secretario de Energía Daniel Montamat lo confirman: los precios de la nafta están entre un 7% y un 8% por debajo de la paridad de importación, y los del gasoil hasta un 14%. Con el petróleo rondando los 90 dólares el barril, una baja en el surtidor se aleja. La referencia que maneja el sector es que el crudo tendría que mantenerse de manera sostenida por debajo de los 85 dólares para que esa corrección empiece a trasladarse. Cuando el Brent tocó los 70 dólares a principios de julio, la estimación interna era que llevaría dos meses compensar los atrasos acumulados.
La ecuación que no es estática
La caída del consumo interno no representa un problema para la producción porque la relación entre ambas variables funciona de manera dinámica. Menos demanda interna libera más barriles para exportar, pero la producción no depende del consumo local sino de la capacidad de perforación y de los ductos disponibles para evacuar el crudo. Mientras Vaca Muerta sigue perforando y la infraestructura se expande, los volúmenes exportables crecen independientemente de lo que pase en las estaciones de servicio del país.
Montamat coincide en que el aumento del precio internacional del petróleo impulsó la producción y las exportaciones argentinas, y que la elasticidad de la demanda al precio explica el menor consumo interno. Las tres condiciones que las petroleras reclamaban hace años para destrabar el potencial de Vaca Muerta, liberación de precios, acceso a los dólares y menor intervención estatal, se cumplieron en distintos grados desde 2024. El resultado en el frente exportador es exactamente el que la industria prometía.
Lo que el mercado interno muestra es que el beneficio del boom energético todavía no llegó al conductor que carga nafta.







