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VacaMuerta.ar Historias Debidas

Generar conciencia también es perforar

Lorena Millalonco llegó desde Río Gallegos con una licenciatura, una mochila de mandatos y la certeza de que su trabajo depende del trabajo del otro.

Eva Murati por Eva Murati
3 de julio de 2026
en Historias Debidas
7 minutos de lectura

Hay historias que no empiezan en el yacimiento pero terminan ahí. La de Lorena Millalonco arranca en Río Gallegos, en una familia chica y sólida: su mamá Susana, su padrastro Marcos, y un chip instalado desde chica que decía que había que ir a la universidad. No era una opción ni una sugerencia, era el plan trazado desde antes de que ella pudiera elegir. Su mamá no había podido hacerlo, su tío sí, y esa diferencia silenciosa entre los dos hermanos marcó la dirección de todo lo que vino después.

Creció en Santa Cruz en un momento en que la educación pública atravesaba una crisis profunda, con aulas cerradas y calendarios escolares que se deshacían en paros. Para tener clases de manera continua, tuvo que cambiarse a un colegio semi privado con orientación en humanidades, un mundo de abogacía y recursos humanos que no terminaba de ser el suyo. Le gustaban los idiomas -estudió inglés y francés con una dedicación que ella misma define como pasión, aunque al principio lo vivió como obligación- y le apasionaba la danza, pero sabía que ninguna de esas cosas iba a ser su profesión. Lo que todavía no sabía era cuál sí.

La pista que dio el tío

Fue su tío, ingeniero, el único hermano de su mamá, el que sí había podido ir a la facultad; quien sin saberlo le abrió la puerta. Él había empezado trabajando en minería en Santa Cruz y cuando esa actividad se frenó, migró hacia Vaca. Muerta: Catriel primero, Neuquén después. En esas charlas a la distancia le fue contando cuáles eran los desafíos que el rubro le planteaba, y uno de los temas que más aparecía era todo lo que tenía que ver con Higiene y Seguridad. Lorena no sabía que esa disciplina existía, no sabía que había una ley que la regulaba ni qué hacían quienes la ejercían, pero algo en esas conversaciones le fue encendiendo una curiosidad que todavía no tenía nombre.

En el último año de la secundaria tuvo lo que pocas veces se da en los colegios: un año completo de orientación vocacional. No una sesión, no un test de una tarde, sino un proceso sostenido de ejercicios que ayudaban a identificar qué área permitía desarrollarse en lo que uno efectivamente quería y no en lo que sentía que debía querer. De ese proceso le salió algo claro: la parte humanitaria y del cuidado. Medicina no la convencía porque, como ella misma explica, "sentía que no era algo que podía generar un impacto”. Higiene y Seguridad Laboral, en cambio, encajó. "Tenía la Tecnicatura como título intermedio y después la Licenciatura y dije bueno, la apruebo, la apruebo y voy viendo", contó a VacaMuerta.ar. Así se fue a Córdoba.

Ciudad Universitaria y la conciencia como eje

Eligió Córdoba sobre Buenos Aires por una razón que ella describe con precisión: el barrio Nueva Córdoba tenía todo centralizado, y para una hija única de madre soltera que se iba sola por primera vez, eso importaba más que cualquier otra variable. "Yo soy hija única de madre soltera, ella necesitaba que yo esté en un lugar en donde me sienta contenida", dijo, y en esa frase cabe mucho más que una decisión geográfica.

Lo que encontró en la carrera fue exactamente el desafío que le habían prometido: una ley vieja que se aplicaba en tiempos nuevos, un rubro exigente y una pregunta que con el tiempo se volvió su norte. ¿Cómo generar conciencia? ¿Cómo lograr que el otro actúe de manera segura si no lo convencés primero? Lorena lo entendió rápido y lo formuló con una claridad que no deja margen: "Mi trabajo depende del trabajo del otro. Si yo no genero la conciencia, el otro no va a actuar de manera segura. Y si el otro no actúa de manera segura, ocurren incidentes, accidentes, un montón de cuestiones que terminan afectando directamente. No indirectamente, sino directamente”.

La Tecnicatura le dio la base, pero enseguida supo que no alcanzaba. "La tecnicatura no me va a alcanzar para lograr esto", se dijo, y siguió hasta la Licenciatura. Se recibió en 2018 y su tío fue el primero en preguntarle si quería venirse a trabajar a Vaca Muerta. Dijo que no, todavía no. Sentía que le faltaba autoridad, que necesitaba más herramientas antes de cruzar a ese mundo. Se quedó en Córdoba, trabajó en supermercados haciendo auditorías, en una cadena de call centers —"¿cómo puedo aplicar higiene y seguridad en una cadena de call centers?", se preguntó entonces, y la respuesta la sorprendió— y en las plantas de Renault. Aprendió. Se certificó como auditora de calidad. Y cuando sintió que el mercado cordobés le quedaba chico, con demasiados licenciados y poca posibilidad de diferenciarse, tomó la decisión.

El asado, el llamado y el colectivo

La señal llegó en el momento menos pensado. Estaba en un asado cuando la llamaron para preguntarle si podía empezar el lunes. "Dije sí, ya fue, saqué un pasaje de colectivo y me vine", recordoó y en esa decisión tomada entre un chori y una cerveza hay algo que define su carácter mejor que cualquier currículum. Se instaló en Catriel, en la casa de su tío, y empezó a buscar su lugar en el rubro.

El primero que encontró no fue el indicado. Era la más joven en la mesa, frecuentemente la única mujer, y los prejuicios no tardaron en aparecer. "¿Qué va a saber esta del rubro?", era el comentario de pasillo, uno que ella escuchó más de una vez aunque nadie se lo dijera de frente. "La verdad que hoy somos un montón de mujeres y se agradece un montón, pero ni bien yo me recibí eran muy pocas", contó y agregó algo que habla de cómo procesó esa presión: "Yo nunca lo sentí como limitante, de hecho, creo que es el impulsor a seguir mejorando”. Aun así, cuando sintió que no estaba generando el valor que buscaba como profesional, se fue.

En mayo de 2023 entró en INAUCO, una empresa de ingeniería en Automatización y Control, como Líder de Calidad, Seguridad, Salud y Medio Ambiente. Tenía 27 años y era -sigue siendo- la más joven en un puesto de liderazgo dentro de la organización. Cuando llegó, el equipo era de dos personas. Hoy son siete.

Construir cultura desde adentro

Lorena define su misión en una frase que repite con la convicción de quien la fue elaborando con el tiempo: construir cultura. No controlar, no sancionar, no cumplir la ley y hasta acá. Construir. "Mi misión principal es construir cultura desde la estrategia y generar conciencia. Necesito que la organización sea más segura, que sea más sostenible, más responsable", dijo, y reconoció que en algún punto dejó de ejercer la profesión tal como la había estudiado para dedicarse a lo que realmente la mueve: la gestión del equipo, el impacto, el momento en que alguien la espera en la mesa en lugar de acercarle una silla. "Che, te estábamos esperando", es la frase que usa para describir ese cambio, y es difícil no entender lo que significa para alguien que arrancó siendo la rareza del pasillo.

La empresa creció rápido y la profesional creció con ella: ya tiene operaciones en España y está empezando en Chile. Hoy su rutina no es el campo sino la estrategia, la visión del área, la expansión internacional, la transición tecnológica hacia nuevas plataformas y el trabajo con inteligencia artificial que, según ella, va a ser el próximo diferenciador en el rubro. 

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Mira para atrás y es categórica: "No fue suerte. Para mí no fue suerte, fue trabajo y acompañamiento”. Su mamá, su tío, los amigos que la sostuvieron en cada mudanza y en cada momento en que el rubro le puso una pared enfrente. Y también fue haber llegado a un mundo que la desafió desde el primer día y que, con el tiempo y con presencia en el campo, terminó dejando de mirarla como una rareza para empezar a escucharla como lo que siempre fue: alguien que sabe exactamente lo que hace y por qué lo hace.

Ella lleva años entrenándose para lo que viene. Y eso, en Vaca Muerta, no es poca cosa.

Etiquetas: catrielNeuquénseguridad e higienevaca muerta

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