Hay historias que parecen tener su destino escrito desde antes de que el protagonista pudiera leerlo. La de Dante Scantamburlo es una de esas. Un abuelo italiano que llegó a la Argentina en 1898 como pintor de obras, dos tíos que siguieron el mismo oficio, un padre que cruzó desde Mendoza a Neuquén buscando el auge del petróleo y un hijo que terminó vendiendo pintura, fundando una empresa familiar de 34 años, sobreviviendo a todas las crisis que la Argentina pudo inventar y presidiendo hoy la Asociación de Comercio, Industria, Producción y Afines del Neuquén (ACIPAN), que este año cumple 80 años. Pero la historia no termina ahí. Está a punto de inaugurar una nueva Casa Central en Gatica 461 y, con ella, la Escuela del Pintor, su manera de cerrar el círculo con aquellas raíces que cruzaron el océano más de un siglo atrás.
Dante nació en San Rafael, Mendoza, pero se considera neuquino por adopción. Llegó con 12 años cuando su padre, tornero mecánico, decidió mudarse al sur atraído por el boom petrolero de la década del '70. El movimiento fue un salto al vacío con final feliz. En San Rafael la familia estaba en una situación precaria. En Neuquén, en cinco años ya habían construido una casa.
La madre era española, andaluza, que había emigrado a la Argentina con apenas 20 años huyendo de las penurias del franquismo. "Llegaba a la tierra prometida", describe Dante. El padre era hijo de italianos. Esa combinación de sangre inmigrante, italiana por un lado y española por el otro, imprimió en la familia una ética de trabajo que absorbió desde chico y que todavía reconoce como el motor de todo lo que construyó.
Estudió en el colegio Don Bosco y después en la EPET N°1, la única escuela técnica que había en la provincia en aquel tiempo. Se recibió de maestro mayor de obras. Su hermano, de técnico electromecánico. Los dos eligieron profesiones con las manos.
El primer local, el primer entusiasmo
El primer negocio llegó casi por accidente. El padre quería abrir una bulonería y ferretería en un local que había construido delante de su taller de tornería, sobre la conocida Avenida Mosconi, que actualmente se encuentra en obra. Un fabricante de pinturas del parque industrial apareció un día y propuso sumar pinturería al proyecto. "Yo fui el más entusiasta", recuerda. Así nació, en 1978, la pinturería y bulonería que fue el primer escalón de una carrera que no pararía más.
Pero la Argentina de fines de los 70 no perdonaba. Con la política económica de Martinez de Hoz el padre se asustó y entregó el local a un competidor. Dante quedó como empleado de esa competencia durante un año. Tiempo suficiente para entender que trabajar para otros no era lo suyo. En 1983 salió a buscar su propio camino.
Humedan, el primer vuelo solo
Con los contactos que había acumulado en el gremio de la pintura, Dante fundó Humedan, una empresa de pintura e impermeabilización que fue su escuela de emprendedor. Arrancó con poco dinero, con la confianza de algunas fábricas que apostaron por él en los primeros años y con la claridad de alguien que sabe lo que quiere pero todavía no sabe del todo cómo lograrlo.
Al poco tiempo se especializó en impermeabilización, un rubro con menos competencia y más futuro. Estuvo casi diez años dedicado a eso, construyendo reputación, aprendiendo a moverse en el mercado neuquino. Hasta que en 1992 el local donde su padre había empezado todo volvió a estar disponible. El que lo ocupaba había caído en convocatoria de acreedores. El padre llamó a Dante. Dante dijo que sí.
Dante Pinturerías y Pintino
Ese año fundó Dante Pinturerías y se enfrentó al primer dilema real de su vida empresaria: no podía tener las dos cosas al mismo tiempo. Decidió que la impermeabilización se la dejaba a su hermano Sergio y él se quedaba con la pinturería. Una decisión que en retrospectiva parece obvia pero que en el momento requirió la lucidez de alguien que conoce sus límites. "Soy muy cuidadoso de todo lo que hago. Me gusta hacer lo que hago de la mejor manera posible", explica.
En 1995 la marca Alba lo eligió como representante en la zona. Fue, en sus palabras, el primer gol. Pero el segundo gol llegó en 1999, cuando encontró una agencia de publicidad que escuchó lo que él buscaba: una mascota, una identidad, algo que conectara a la gente con la pinturería. El creativo le preguntó cuál era el producto que más vendía. Dante respondió: el pincel. Quince días después, el publicista le mostró un storyboard de lo que hoy se conoce como Pintino, la mascota que transformó el negocio. "Desde el año 2000 en adelante no paramos de crecer", dice.

En 2001 abrió la primera sucursal en Cipolletti. Después vinieron Centenario, General Roca y más locales hasta llegar a diez. Pero en 2014 una crisis de crecimiento obligó a cerrar cuatro y quedarse con seis. Fue ahí cuando Laura, la contadora con quien se casó en 2008, tomó las riendas de la administración y ordenó la estructura financiera. Hoy el empresario tiene seis puntos de venta físicos y un séptimo que define como "una sucursal más": el e-commerce.
La familia en el centro
Dante es padre de cinco hijos. Del primer matrimonio tiene tres: dos hijas y un varón. Éste último, Emiliano, se fue a trabajar hace 14 años a “El Club del Color”, la pinturería que fundó una de sus hermanas, Reyina, en El Bolsón provincia de Río Negro, buscando otra calidad de vida. Tomás y Valentina, los mellizos que adoptó, hijos de Laura, su actual mujer. Tomás se recibió de contador el año pasado y fue él quien, sin que nadie se lo pidiera, le dijo a su padre que quería seguir con la empresa. "Para mí fue una alegría grande, saber que sin obligarlo quería seguir", dice. Valentina estudia nutrición deportiva pero también da una mano en las ventas. La empresa familiar se prepara para su segundo tiempo.
ACIPAN, la pelea por el bien común
La presidencia de ACIPAN no fue un salto al vacío sino la consecuencia lógica de años de participación. El hombre estuvo ligado a la cooperativa del barrio, después se acercó a la cámara comercial y durante cinco años fue vicepresidente segundo antes de asumir la presidencia hace un año. La institución que hoy conduce cumple 80 años y enfrenta uno de sus momentos más difíciles: caída del consumo, aumento de costos, competencia de plataformas globales y una informalidad que presiona a los comercios establecidos.
Desde ACIPAN, Dante impulsó la creación de Compre Local, una plataforma de comercio online pensada para los negocios de la provincia que busca competir con Mercado Libre desde la proximidad y el servicio personalizado. La plataforma está en sus últimas etapas antes del lanzamiento oficial, con el respaldo del municipio de Neuquén, la provincia, el BPN, Calf, Crediguia y las principales tarjetas de crédito. "No es fácil, pero estamos esperando que esto suceda para que el comercio vuelva a crecer", dice.
La Escuela del Pintor, el círculo que se cierra
La novedad más personal de este momento es la que el referente comercial guarda para el final. En la nueva Casa Central que está a punto de inaugurar sobre Gatica, a pocos metros de donde su familia construyó sus primeras bases en Neuquén, habrá un showroom de primer nivel, estacionamiento propio y, sobre todo, la Escuela del Pintor. El proyecto nació de una conversación con Laura y de una convicción que lleva décadas madurando: el oficio del pintor está subvalorado y merece ser profesionalizado.

La escuela funcionará con un técnico retirado de Alba como docente principal y con el apoyo de la Fundación Potenciar y el Ministerio de Educación provincial para que los egresados obtengan un certificado con validez formal. "Voy a volver a mis raíces. Es un compromiso con mi familia, con los pintores, tanto mi abuelo como mis tíos", dice.
Un abuelo que cruzó el océano en 1898 con un pincel en la mano. Un nieto que 126 años después está construyendo la escuela que ese abuelo nunca tuvo. La pintura, al final, siempre le corrió por la sangre.







