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VacaMuerta.ar Historias Debidas

Emigración, petróleo y fusión cultural

Eva Murati por Eva Murati
24 de octubre de 2025
en Historias Debidas, Neuquén
7 minutos de lectura

Desde su nacimiento, José Mierez respiró el aire pesado y a la vez prometedor del petróleo. Nacido y criado en Cabimas, Estado de Zulia, en el occidente de Venezuela, una ciudad donde el oro negro definía el pulso de la vida. Su destino profesional se escribió mucho antes de que él lo eligiera: "Vengo de una familia totalmente de petroleros, por ende me desvié para esta área", relató. Su padre y sus abuelos se jubilaron en la industria. Sus hermanos también dedicaron su vida al sector. José, el último de esa estirpe, obtuvo su título de ingeniero petrolero e ingresó a la columna vertebral de la economía venezolana y ahora trabaja en Vaca Muerta.

La mística de la industria, sin embargo, se quebró de manera abrupta. Su carrera profesional en PDVSA terminó con la llegada del expresidente Hugo Chávez. "Trabajé en la industria petrolera de Venezuela, hasta la llegada de Chávez, que significó la expulsión de 22 mil trabajadores en 2002 en PDVSA", recordó en diálogo con VacaMuerta.ar.

El ambiente de trabajo se tornó irreconocible. José no describe una simple crisis laboral, sino el colapso de una cultura empresarial que no valoraba el mérito.

La compañía se dividió en dos bandos. Uno alineado con el gobierno, y el otro que no. El ambiente se hizo negativo y pesado, dominado netamente por la política. El ingeniero explicó que para ingresar a la empresa en su época, él debió pasar por una cantidad exhaustiva de exámenes. Hoy, aseguró, que para acceder a la petrolera solo hace falta “tener un carnet del partido socialista”.

"Antes avanzabas por tus méritos. Hoy es totalmente diferente. Es un tema larguísimo de contar, pero el resumen es ese: estar en una empresa donde no se valoran las cosas que se valoraban y todo cambió por política, no vale la pena estar", afirmó Mierez.

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Esa mística de responsabilidad, amor y apego al trabajo que caracterizaba a su generación se disolvió. El caos profesional cobró su precio: desaparecieron procesos, se perdieron seguimientos, mermó el mantenimiento. Muchos profesionales decidieron apegarse al paro como protesta.

José emigró en 2003, primero a Miami. Luego, su camino lo trajo al Cono Sur.

El pionero de Neuquén: "Llegué con trabajo"

José aterrizó en Argentina entre 2006 y 2007, un período donde la mayoría de sus colegas que se relocalizaron lo hicieron bajo las mismas condiciones. "Vine con trabajo por suerte con una empresa de servicios canadiense. Desde que vine, estuve trabajando acá", relató.

Su llegada lo ubicó entre los primeros venezolanos en la capital neuquina. "Fui de los primeros venezolanos que llegaron acá. Éramos solamente 33 familias acá. Hoy hay demasiados venezolanos", comparó. Él vino solo. Ocho meses después, la empresa trasladó a su familia, y permanecen en la Patagonia desde entonces.

Su esposa también es ingeniera y trabaja en el área. Sus dos hijos, una niña de dos y un niño de cinco años, llegaron y están "totalmente argentinizados". Su hijo se graduó en la Universidad Nacional del Comahue (UNCo) y su hija termina su carrera en la UFLO de Cipolletti en diciembre. De su familia nuclear, el único que queda en Venezuela es su padre; el resto de sus hermanos y su madre también viven en la región.

Hoy, con 30 años de carrera petrolera, trabaja para una operadora, en un diagrama 7 por 7 (siete días de trabajo por siete de descanso), en el área de apoyo a la fractura hidráulica.

La geopolítica del petróleo

Mierez traza una distinción fundamental entre su país de origen y su hogar adoptivo. "Venezuela es un país petrolero, Argentina es un país con petróleo", sentenció.

Cuando José llegó, la actividad argentina era totalmente convencional. El descubrimiento del no convencional, el shale de Vaca Muerta, lo cambió todo. Desde esa época hasta ahora, la industria evolucionó muchísimo: ahora se utiliza más tecnología y existen muchas más empresas. Sin embargo, ve con dolor cómo la situación política nacional impide la explosión total que el yacimiento merece.

El contraste con Venezuela resulta terrible. El ingeniero recordó que su país posee la primera reserva de petróleo más grande del mundo y la tercera de gas. "Y que hoy esté sumergida en la miseria porque este sistema político que hay hoy no funciona en ninguna parte y destruyó la industria más grande", lamentó y agregó: “PDVSA, que fue la segunda empresa más grande del mundo, hoy no vale un centavo y quedó totalmente destruida”.

"En mi provincia todavía hay apagones de cuatro horas diarias. O sea, es una situación donde no hay agua, es invivible. Para pensarlo, cómo es posible que la diáspora venezolana supere a Gaza y a cualquier otro evento mundial en cuanto a números. Somos 8 millones de venezolanos que salieron. Nunca visto en la historia mundial", dijo en diálogo con VacaMuerta.ar.

Inversión y riesgo país: el dolor de la inestabilidad

Al analizar el presente de Vaca Muerta, José mantiene una postura cautelosa. El escenario actual obliga a muchas operadoras a mantener las operaciones paradas debido a la inestabilidad.

"Si quieres invertir, si vas a invertir, ¿por qué inviertes? Porque tienes un proyecto. Y ese proyecto, cuando inviertes, si da resultados, se va a multiplicar. Y la idea es, cuando inviertes, es mínimamente recuperar tu inversión", analizó.

El profesional sostuvo que si la Argentina tuviera facilidad para recuperar la inversión sin riesgo político, el país sería otro. "Es lamentable, que aquí la política, como en la mayoría de Latinoamérica, desvíe muchas cosas", señaló. Vaca Muerta se recuperaba, pero la actividad privada no debe mezclarse con la política.

"Si aquí la actividad privada y la industria privada tuvieran respeto, sería otro escenario. Yo veo hoy el escenario con mucha pinza, y lo veo adentro y lo veo afuera. Hay mucha incertidumbre", expresó. En este sentido aseguró que aunque se habla de una explosión en 2026, esto sucederá solo si se mantiene una política económica estable que otorgue facilidades al privado y a las inversiones. 

"Fusión" y el ritual del asado

Pero la vida en Neuquén no se trata solo de pozos y política. José se define como un "loco del golf" y un amante de la cocina. Además, lidera un movimiento cultural que mantiene vivas las tradiciones venezolanas.

En 2008 fundó el equipo de softbol Caribes Softball Club, que codirige con Brixio Freites. El objetivo fue rescatar el deporte propio de su cultura. Lo que comenzó con softbol, hoy incluye las bolas criollas (bochas) y se transformó en un sitio de encuentro para los venezolanos en la Ciudad Deportiva. Allí, a pulmón y sin ayuda de entes gubernamentales, construyeron canchas.

"Lo importante es que hemos concretado, o por lo menos está en un sitio donde podemos compartir y vivir cosas que se hacen en Venezuela", explicó. Los domingos se reúnen para jugar dominó, escuchar música, hacer un sancocho y vivir el ritual de la cultura llanera.

La faceta artística de José se completa con su banda Fusión. El objetivo inicial del grupo fue tocar música folclórica venezolana, pero hoy abarca varios ritmos que presentan en sitios como Mood y en las fiestas de las colectividades.

Sobre la cocina, el hombre confiesa que su mayor aprendizaje en Argentina fue el asado. "Nosotros en Venezuela hacemos parrilla, bien yanqui, que se hace con fuego, con candela. Yo jamás, jamás pensé en mi cabeza comer un asado con brasa", confesó.

El ingeniero aprendió a hacer asado con la gente del campo en el pozo, durante sus diagramas 14 por 14, compartiendo con compañeros de varias partes del país. "Yo siempre digo: el argentino sabe comer carne, eso siempre lo voy a decir", afirmó. 

Tomó ese ritual sagrado del asado argentino y lo fusionó con cosas propias, aplicándole el agridulce y asando frutas, creando su propio toque personal. La vida de José es el fiel reflejo de su banda "Fusión": una mezcla exitosa de petróleo, exilio y la profunda adaptación cultural.

Etiquetas: emigraciónhistoriasNeuquénPetróleovaca muerta

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