Lucas Castelli, ministro de Trabajo y Desarrollo Laboral de Neuquén, fue directo: "En Neuquén no sobran puestos de trabajo". La definición llegó después de semanas en las que el funcionario recibió mensajes de personas de todo el país que le avisaban que venían para la provincia y preguntaban dónde dejar el currículum. La escena, repetida hasta el cansancio en los últimos meses, expone con claridad la distancia que existe entre el relato del boom de Vaca Muerta y la experiencia concreta de quienes llegan empujados por esa promesa.
Neuquén lidera desde hace más de dos años el ranking de empleo registrado a nivel nacional, un dato que Castelli destacó con orgullo. Pero esa posición de privilegio tiene un límite. "Venimos diseñando distintas políticas públicas para darle la prioridad a aquellos neuquinos y aquellas neuquinas que están esperando una oportunidad en distintas fuentes laborales", advirtió dejando en claro que el crecimiento de la provincia no garantiza absorción ilimitada de mano de obra externa.
El ministro reconoció que la provincia creció históricamente a partir de la migración interna. Sus propios padres llegaron en los años 80 a echar raíces. Pero insistió en que el desafío actual pasa por ordenar ese proceso: "Lo tenemos que hacer ordenado. Y, por sobre todas las cosas, garantizándole a aquellos neuquinos que hace tiempo están esperando una oportunidad, realmente la tengan".
La puerta angosta
Los números ayudan a entender por qué la advertencia del ministro tiene peso. Aproximadamente el 30% de las personas que viven en la ciudad de Neuquén nacieron en otro lugar, una proporción que refleja la velocidad del crecimiento demográfico impulsado por la expansión de Vaca Muerta. Pero de ese flujo migratorio constante, solo alrededor del 40% llega con un contrato o vínculo laboral ya establecido antes de pisar la provincia. El resto debe abrirse camino en una ciudad cara, competitiva y presionada por una demanda habitacional que no para de crecer.
Esa brecha entre quienes llegan con el empleo resuelto y quienes llegan con la esperanza como único capital es la que explica muchas de las historias que circulan en los márgenes del relato petrolero. Trabajadores de distintos puntos del país y del exterior se mudan convencidos de que la formación más productiva fuera de Estados Unidos los va a incorporar de forma casi automática. Vaca Muerta genera más del 60% de la producción de gas y petróleo de Argentina, y Neuquén llegó a tener un PIB per cápita comparable al de Alemania. Esa combinación de datos construye una narrativa de prosperidad que viaja más rápido que la realidad del mercado laboral local.
El choque con la realidad
Lo que encuentran muchos al llegar no es el acceso directo a la industria petrolera sino un circuito de trabajos de servicios, esperas prolongadas y una ciudad que no siempre tiene red de contención para quien llega sin empleo previo. Hay quienes tardan meses en insertarse. Hay quienes terminan en actividades completamente ajenas al sector que los convocó. Y hay quienes, incluso con trayectorias técnicas específicas en la industria del petróleo, descubren que eso no alcanza para entrar.
El fenómeno no es exclusivo de trabajadores no calificados. Profesionales con experiencia en upstream, ingenieros con años de carrera en otras cuencas, también enfrentan barreras de ingreso que la imagen de expansión de Vaca Muerta no anticipa. El mercado laboral del sector tiene sus propias lógicas: redes de contacto, certificaciones específicas, acuerdos sindicales y una cadena de valor que no necesariamente abre sus puertas a todo postulante por el solo hecho de presentarse.
Un crecimiento que no derrama parejo
La expansión de Vaca Muerta es real y sus números son contundentes. Pero el empleo que genera tiene un carácter selectivo que el propio ministro Castelli puso sobre la mesa con una claridad poco habitual en el discurso oficial. La provincia lidera el empleo registrado, sí. Pero eso no implica que la puerta esté abierta para todos los que se suman a la corriente migratoria que el yacimiento genera.
El desafío que plantea Castelli es doble: garantizar que los neuquinos que esperan una oportunidad la tengan, y ordenar un flujo de llegadas que crece más rápido de lo que el mercado puede absorber. Vaca Muerta seguirá atrayendo gente. La pregunta que queda abierta es qué hace la provincia con quienes llegan y no encuentran del otro lado lo que el relato del boom les prometió.







