Verónica Soldera, licenciada en psicología (MP Nqn 854 - RN 938), explicó hace un tiempo a VacaMuerta.ar, la importancia de conocer el contexto y el tipo de trabajo al que aspiran las personas en la industria petrolera. No solo, la importante de tener una propuesta concreta, sino también ahondar en las condiciones y las dinámicas laborales a las que los aspirantes se van a enfrentar una vez dentro.
La ilusión, y también la necesidad, de cobrar un sueldo que alcance y que permita proyectar un estilo de vida digno, muchas veces, desvirtúa otros aspectos importantes a tener en cuenta para resguardar la salud física y psicológica.
La ciudad de Neuquén enfrenta, desde la pandemia, un crecimiento sostenido en la cantidad de personas en situación de calle, impulsado principalmente por la llegada de individuos y familias atraídas por las oportunidades laborales que ofrece la industria hidrocarburífera en Vaca Muerta. Sin embargo, la realidad con la que se encuentran al llegar dista mucho de las expectativas iniciales.
El desarrollo energético en la región genera una percepción extendida de abundancia de empleos y estabilidad económica, lo que motiva a personas de distintas provincias a migrar hacia Neuquén. Al llegar, muchos enfrentan barreras significativas para acceder a un trabajo formal, principalmente por falta de formación específica, certificaciones requeridas en el sector petrolero o la ausencia de redes de contención social y familiar.
La escasez de oferta habitacional asequible agrava aún más la situación. Los altos costos de alquiler, junto con requisitos formales difíciles de cumplir para quienes llegan sin estabilidad económica, empujan a muchas personas a residir en la vía pública o en asentamientos informales. Esta problemática no solo afecta a individuos solteros, sino también a familias completas.
En declaraciones radiales, el ministro de Gobierno de la provincia, Jorge Tobares, reconoció que la difusión de oportunidades en el sector petrolero motiva la migración de familias que, al llegar, enfrentan una realidad compleja sin acceso a empleo ni alojamiento. Para abordar esta problemática, se puso en marcha un dispositivo de guardia inmediata en el área de familia, trabajando en conjunto con organizaciones de la sociedad civil para asistir y persuadir a las personas a ingresar a lugares de resguardo. Sin embargo, algunos se resisten debido a problemas de salud, consumo o violencia.
Tobares enfatizó en la necesidad de políticas públicas que permitan a estas familias planificar su vida con autonomía, reconociendo que los indicadores sociales de pobreza e indigencia son una prioridad a revertir. Se trata de una situación urgente de abordar, que se agrava por la falta de planificación y expectativas no cumplidas de quienes migran en busca de mejores oportunidades.
La negativa de algunos individuos a ingresar a los refugios disponibles también es un desafío recurrente. Factores como la falta de confianza en las instituciones, las reglas estrictas de los espacios de acogida o la necesidad de permanecer cerca de sus pertenencias personales contribuyen a esta resistencia.
Por otro lado, la falta de planificación en políticas públicas orientadas a la inclusión laboral y habitacional de los nuevos residentes sigue siendo un obstáculo central. La llegada masiva de personas en busca de empleo en el sector energético no pudo ser acompañada por una estrategia integral que contemple formación, acceso a vivienda digna y servicios sociales adecuados.







