En el primer semestre de 2026, los aceites crudos de petróleo encabezaron por primera vez en décadas el ranking de ventas externas del país, con exportaciones que alcanzaron los 4.693 millones de dólares entre enero y junio, un crecimiento interanual del 47,7% que les permitió representar el 9,5% del total de las exportaciones nacionales.
Detrás quedaron el maíz, con 4.171 millones de dólares, y la harina y los pellets de soja, con 4.161 millones, dos productos que durante generaciones lideraron el comercio exterior argentino sin que nadie cuestionara seriamente ese dominio. El dato no es solo estadístico: es la confirmación de una transformación profunda del perfil exportador del país que empezó en una roca de la Patagonia y encontró en Puerto Rosales su puerta de salida al mundo.
Vaca Muerta como motor
La explicación del salto tiene una sola dirección. La mejora sostenida en la productividad de los pozos, la incorporación de nuevas tecnologías, la expansión de la infraestructura y el crecimiento de la inversión elevaron la producción de shale oil hasta niveles que hace cinco años parecían imposibles. En junio, la Argentina estuvo cerca de los 900.000 barriles diarios de producción total, con Vaca Muerta explicando más del 68% de ese volumen. El millón de barriles diarios, que Horacio Marín proyecta alcanzar hacia fin de año, ya no genera escepticismo en el sector.
Ese crecimiento productivo se tradujo directamente en divisas. La energía pasó de ser uno de los principales factores de salida de dólares, cuando la Argentina importaba combustibles por más de 12.000 millones anuales para cubrir su déficit, a convertirse en la primera fuente de ingresos del comercio exterior.
Puerto Rosales, la puerta que hace posible el número
El liderazgo del petróleo en el ranking exportador tiene un protagonista logístico concreto: Puerto Rosales, en la provincia de Buenos Aires, que se consolidó como la principal terminal de embarque del crudo producido en la cuenca. Desde allí parte buena parte del petróleo argentino hacia los mercados internacionales, con operaciones que crecieron al mismo ritmo que la producción de la cuenca.
La infraestructura del puerto continúa ampliándose para acompañar esa demanda. La incorporación de una tercera posición operativa en Otamerica, con obras en su etapa final, incrementará la capacidad de carga y le dará al sistema mayor flexibilidad para absorber los volúmenes crecientes que Vaca Muerta viene entregando.
El próximo salto
El número del primer semestre de 2026 no representa el techo sino el piso de lo que viene. El VMOS conectará la Cuenca Neuquina con la terminal marítima de Punta Colorada, en Río Negro, habilitando una capacidad inicial de exportación de 190.000 barriles diarios que podría escalar hasta 700.000 en su fase de expansión. La primera exportación desde esa terminal está prevista para fines de 2026 o comienzos de 2027.
A eso se suma Argentina LNG, el proyecto liderado por YPF junto a Eni y XRG para exportar gas natural licuado, que podría convertir al país en un actor de peso en el mercado global del GNL durante la próxima década. YPF acaba de iniciar los trámites ambientales para desarrollar 12 nuevos pozos en Vaca Muerta destinados a garantizar el suministro de gas para esa primera etapa de exportación.
El agro no perdió relevancia. Los complejos cerealero y oleaginoso siguen siendo pilares del comercio exterior argentino y seguirán generando divisas durante décadas. Lo que muestran los números del primer semestre es que la Argentina sumó un segundo motor exportador de escala comparable, algo que el país no tenía desde que el petróleo convencional empezó a declinar hace más de veinte años.







