Hay empresas que nacen para un rubro y terminan haciendo otra cosa completamente distinta. Rodial es una de ellas. Lo que hoy es una pyme especializada en desparafinación, un servicio clave para sostener la producción de miles de pozos en la cuenca Neuquina, empezó, hace más de tres décadas, construyendo dúplex.
La compañía cumplió 40 años el año pasado. La fundó el padre de Ricardo Rodríguez Álvarez, quera ingeniero en petróleo e ingeniero mecánico, y hoy la conducen él, que es ingeniero civil; su hermano, ingeniero industrial, y su hermana, a cargo del área administrativa. Una empresa familiar en el sentido más literal de la palabra, que atravesó todas las mutaciones del sector petrolero regional sin perder ese carácter.
Rodial arrancó en 1993 haciendo obra civil para la industria del petróleo. De ahí pasó al montaje mecánico y, hacia 1999, a la construcción de plantas compresoras. Fue en el medio de ese camino que cambiaron de rumbo. "En el año '96 se nos ofrece una empresa que estaba bastante mal financieramente para adquirir tres equipos de desparafinación y es que ahí empezamos con este servicio, fuimos desarrollándolo y dejando un poco de lado la parte de obra, nos especializamos hasta la actualidad y hoy es el 100% de nuestro negocio", contó Ricardo a VacaMuerta.ar
Qué es la desparafinación
El trabajo de Rodial consiste en resolver un problema físico muy concreto: a medida que el petróleo circula por el pozo, la parafina se va cristalizando y acumulando en las paredes, hasta el punto de reducir la producción de forma significativa o directamente obstruir el pozo. Es lo que en Estados Unidos se conoce como hot oil o hot water: inyectar agua o petróleo caliente, a unos 90 grados, para disolver esa parafina y devolverle al pozo su capacidad máxima de producción. Es un servicio invisible para el público, pero indispensable para sostener el día a día de la actividad extractiva.

Ricardo es claro sobre una de las mayores trabas históricas del sector: el financiamiento. Durante años, los bancos supieron evaluar el riesgo del agro, la construcción o el sector inmobiliario, pero no tenían incorporada la lógica del negocio de servicios petroleros. Eso limitaba el crecimiento de empresas como Rodial, que necesitan inversiones altas pese a su condición de pyme. Con el tiempo esa situación empezó a revertirse de a poco, y hoy el acceso a líneas de crédito es algo más amigable que antes.
"Hay un quiebre claro entre el convencional y el no convencional. El primero, toleraba ciertas ineficiencias que el mercado no convencional directamente no admite: la escala de inversión es mucho mayor, el volumen de trabajo también, y eso obliga a una eficiencia que antes no era condición de supervivencia", contó Rodríguez Álvarez.
Esa exigencia empujó a las productoras a buscar trazabilidad no solo en la perforación, sino en toda la cadena, incluida la etapa de producción en la que trabaja Rodial. Y esa misma lógica empuja a las pymes de servicios a incorporar tecnología financiada, en gran parte, con el crecimiento del propio volumen de trabajo. Las que no se adaptan a esa dinámica, resume, quedan afuera.
Contratistas directos, y por qué no sienten tanto los vaivenes
Rodial es contratista directo de las productoras, no subcontratista de subcontratistas. Y eso, sumado a la naturaleza de su servicio, la vuelve relativamente resistente a los ciclos del precio del petróleo. "Cuando el crudo cae, lo primero que se resiente es la perforación; la producción, en cambio, ya está en marcha y hay que sostenerla, porque es la forma que tienen las empresas de generar caja y cumplir compromisos", dijo Ricarod y agregó que es una manera de evitar impactos por los vaivenes en el mercado.

Para el ejecutivo, expandirse significa, ante todo, construir más equipos. Hasta 1999 los importaban de Estados Unidos; desde entonces los fabrican ellos mismos. Ya superaron los 50 equipos construidos, no solo para uso propio sino para clientes de otras cuencas del país.
El no convencional, cierra Ricardo, es mucho más parafínico que el convencional: el problema que Rodial resuelve hace casi treinta años es, hoy, más grave que nunca. Y esa es, en el fondo, la explicación de por qué una empresa familiar que empezó construyendo dúplex terminó siendo una pieza clave del boom de Vaca Muerta.







