El vertiginoso crecimiento de los hidrocarburos no convencionales en Vaca Muerta, con la ambición de alcanzar una competitividad de nivel global, presenta constantes desafíos técnicos. La industria, que avanza en modo de producción "factoría", se enfrenta a una curva de aprendizaje donde la experiencia de otras cuencas, como la del Permian en Estados Unidos, resulta clave. Uno de los mayores obstáculos técnicos que la industria debe sortear es el efecto Parent-child (Padre-Hijo) que genera pérdidas significativas de productividad en los pozos.
Este fenómeno se produce cuando la perforación y la fractura de un nuevo pozo, el 'hijo', interfiere de manera negativa en la producción de un pozo adyacente que ya se encuentra en producción, el 'padre'. Es decir, la presión de la nueva fractura, en lugar de generar un nuevo flujo de hidrocarburos, se conecta con la zona ya agotada del pozo vecino. Esto provoca un drenaje de la presión y los fluidos restantes en el área ya intervenida, mermando el rendimiento del nuevo pozo.
Una de las estrategias para superar este efecto se basa en la planificación y la customización de los trabajos. El primer paso tiene que ver con la temporalidad del desarrollo. Pablo Bizzotto, CEO de Phoenix Global Resources, explicó que las compañías deben perforar un pad y volver al vecino en un plazo menor a un año. Esta medida busca que, al momento de fracturar el nuevo pad, el yacimiento adyacente no se encuentre tan depletado, reduciendo las posibilidades de una interferencia negativa.
La segunda estrategia que se utiliza para mitigar este fenómeno se centra en la "customización" del plan de fractura. El especialista señala que, dentro de un mismo pad, el pozo que se encuentra junto a un pad viejo no puede ser fracturado de la misma manera que el pozo que está del otro lado y se ubica frente a roca virgen. Adecuar las técnicas a las condiciones específicas del yacimiento es fundamental para lograr un desarrollo eficiente y reducir las interferencias.
El efecto de esta interferencia es tangible. En el yacimiento del Permian, un caso de referencia para la industria de los no convencionales, se registran pérdidas de entre 30% y 40% en la Recuperación Final Estimada (EUR). Este impacto se produce cuando se perfora al lado de un pozo existente mucho tiempo después de que el primero fue puesto en producción y la zona ya se debilitó. Aunque es un fenómeno conocido hace años, se volvió relevante en los últimos tiempos a medida que la producción se intensificó y se concentró en áreas específicas.
La industria reconoce que las interacciones entre los pozos no son necesariamente negativas. Hay un tipo de interacción que se da entre pozos nuevos, conocida como la relación child-child (hijo-hermano), que tiene un propósito diferente. La información obtenida de esta interacción se utiliza para optimizar la terminación de los pozos, así como para definir el espaciamiento entre cada uno y el diseño de las fracturas. El análisis de estas interacciones es vital para no dejar recursos sin drenar.
En Vaca Muerta, la evidencia demuestra que el efecto Parent-child se intensifica de forma muy negativa cuando el yacimiento se delinea con conceptos convencionales, es decir, sin una estrategia de perforación integral o "barrido". La planificación inadecuada, sin tener en cuenta las interacciones futuras entre los pozos, genera impactos notables en la producción.
La clave para el desarrollo del yacimiento, según los especialistas, es aprender a gestionar estos desafíos. Se trata de trabajar para dejar el impacto en su mínima expresión. El experto traza una analogía con la deformación de la tubería de revestimiento (casing), que hace unos años era vista como un riesgo crítico para la formación. Con el tiempo, la industria aprendió a convivir y a solucionar ese problema. Lo mismo sucede con el efecto Parent-child.







