El precio internacional del barril de petróleo abrió esta semana en calma y con un caída en su cotización tres tres jornadas consecutiva sin nuevos bombardeos entre Estados Unidos e Irán en Medio Oriente, lo que hace que la situación en el estrecho de Ormuz no sume nuevos episodio.
El Brent, la referencia internacional cayó más de un 10% y se vende en los futuros de septiembre apenas por encima de los 88 dólares, luego de rozar los 100 dólares la semana pasada y cerrar el viernes en 98 USD. El WTI, la variedad estadounidense, retrocedía en una magnitud similar hasta rondar los 83 dólares.
La baja responde al alivio del mercado ante la reducción de la tensión geopolítica, que llevó a los operadores a descontar parte de la prima de riesgo que se había acumulado en las últimas semanas.

Estados Unidos no reportó nuevos ataques durante las últimas dos noches, tras casi 14 días consecutivos de bombardeos, y todo apunta a que la pausa fue una decisión de la Casa Blanca más que un alto el fuego pactado. De hecho, no hay acuerdo cerrado ni memorando firmado; se trata, por ahora, de un cese de hostilidades tácito y frágil.
El techo que dejó el conflicto
Conviene dimensionar la caída contra el pico reciente. El Brent había llegado a tocar brevemente los 102 dólares la semana pasada, su nivel más alto desde mayo, tras la escalada del conflicto. Pese al retroceso de esta jornada, el Brent todavía acumula una suba superior al 25% en julio, así que el mercado está lejos de volver al punto de partida: el propio protocolo diplomático firmado a mediados de junio entre Washington y Teherán había llevado al Brent a cotizar apenas por encima de los 70 dólares, un piso que hoy queda a más de 20 dólares de distancia.
Para la provincia, la volatilidad de estas semanas es doble filo. Un Brent sostenido por encima de los 90 dólares —aun retrocediendo desde el pico de 102— sigue siendo un nivel excepcionalmente alto para las regalías hidrocarburíferas que hoy explican buena parte del superávit fiscal neuquino. Pero la fragilidad de la tregua —sin acuerdo firmado, con Ormuz semiparalizado y un segundo foco abierto en el Mar Rojo— es la señal de que ese ingreso extraordinario puede revertirse con la misma velocidad con la que apareció, algo que cualquier proyección presupuestaria provincial debería tomar como escenario base y no como excepción.







