La ofensiva política y económica de Estados Unidos sobre Venezuela reconfiguró en pocos días el tablero energético de América Latina y encendió una señal de alerta en la Argentina. El posible regreso del crudo venezolano al mercado internacional podría modificar la coyuntura mundial afectando la oferta, el precio y la inversión.
“Argentina tenía en Vaca Muerta la promesa energética más atractiva de Sudamérica, en gran medida porque Venezuela estaba fuera del juego por las sanciones y el colapso de su industria. Ese escenario empezó a cambiar”, advirtió Ariel Mamani, fundador de INVERARG y analista del mercado financiero, según publicó Noticias Argentinas.
Para Mamani, el impacto no será inmediato, pero sí relevante desde el punto de vista de las expectativas. “Si Estados Unidos logra encauzar la producción venezolana —un proceso que va a llevar tiempo, pero que el mercado suele anticipar—, las grandes petroleras globales van a tener un nuevo destino competitivo para colocar capital. La pregunta es si esos dólares van a venir a Neuquén o a reposicionarse en el Caribe”, planteó.
En ese escenario, Venezuela juega con una ventaja logística difícil de ignorar. “Su cercanía con las refinerías del Golfo de México, especialmente Texas, es un diferencial enorme frente a cualquier desarrollo no convencional”, explicó Mamani. No obstante, subrayó que la Argentina conserva un atributo clave: la calidad del recurso.
Más allá de tratarse del mismo mercado, la competencia entre Vaca Muerta y Venezuela no es directa. “El shale argentino es un petróleo liviano, de rápida extracción y con costos que siguen bajando. El crudo venezolano es pesado, exige mayores inversiones y tecnología más compleja. No es una competencia de suma cero, pero sí obliga a la Argentina a acelerar mejoras fiscales, regulatorias y jurídicas. Ya no estamos solos en la vidriera energética de la región”, sostuvo Mamani

Desde una mirada complementaria, el analista energético Juan José Carbajales puso el foco en la ecuación de precios y competitividad. “Para que Vaca Muerta funcione de manera sostenible, el barril tiene que valer al menos 45 dólares. Con precios en torno a los 60, los campos convencionales ya quedan fuera y el no convencional exige cada vez más tecnología”, explicó.
Carbajal advirtió además que la clave no pasa solo por el petróleo. “En gas también necesitamos un precio competitivo. El problema no debería ser una baja por exceso de oferta, sino por movimientos especulativos. Cuando hay riesgo geopolítico, el capital global se refugia: suben las acciones estadounidenses y caen las nuestras”, detalló.
En paralelo, Mamani planteó que el nuevo orden regional también puede abrir oportunidades financieras para la Argentina. “Lo que puede interpretarse como una amenaza para el sector petrolero podría convertirse en una bendición para los bonos soberanos argentinos, como el AL30 o el GD30. Una América Latina más alineada con Occidente es percibida como una región de menor riesgo”, explicó.
“La salida de Venezuela del eje de inestabilidad crónica puede generar un viento de cola para los activos argentinos, comprimiendo el Riesgo País y mejorando la mirada de los grandes fondos internacionales”, concluyó.
La disputa energética regional vuelve a instalar una verdad conocida en Vaca Muerta: el recurso está, la tecnología también. La diferencia, una vez más, la marcarán las reglas de juego. Si el mundo suma opciones, Neuquén deberá redoblar su competitividad para seguir siendo protagonista.







